Carlos Martínez García |
Expresidente de ATTAC España
nuevatribuna.es | 09 Febrero 2014 - 14:52
h.
El
Reino de España es profundamente desigual, corrupto, dominado por unas
oligarquías crueles y clasistas. Reina una familia torpe, poco preparada y
menos inteligente, excepto para sus negocios. Distante, altanera y que el
pueblo que habita el estado español, de grado o por fuerza, no se merece.
Pero
lo que creo es más sangrante en estos momentos es la tremenda falta de igualdad
que sufrimos. Me explico, en este Reino el concepto ciudadanía y los derechos
ciudadanos no existen. Franco masacró a la ciudadanía republicana y todavía no
hemos sido capaces de superarlo (En caso contrario, ni sufriríamos ya esta
monarquía bananera, ni Rajoy estaría imponiendo un golpe de estado neoliberal).
Pero esta desigualdad no se muestra tan solo en el triste espectáculo vivido el
sábado 8-02-014 en los juzgados de Palma de Mallorca,no. Se percibe en temas
tan simples como el recibo de la luz.
Para
los dos partidos del turno dinástico, las compañías privadas de electricidad
son sagradas. Pueden discutir si aprueban sus subidas o no, incluso echarse en
cara el si tal o cual subida (la última por ejemplo) es injusta o no. Pero
ninguno discute ni propone el cambio por irresponsable y delincuencial del
oligopolio de la energía eléctrica y el control público de este sector
estratégico que no puede ser abandonado en manos de unos gansters que
extorsionan no solo a las familias y a personas pobres, sino a pymes y economía
productiva. Por lo que este sector por sentido común debiera ser público.
De
esta forma Botín, Florentino Perez y seis millones de personas paradas pagamos
lo mismo por la luz y las estufas en nuestros hogares. Pero no, sale un tipo
como Soria, que encima es ministro de España y dice que es por beneficiar a los
más pobres con más hijos y las calles no se llenan de ciudadanos y ciudadanas
airadas.
Lo
mismo ocurre con el repago de los medicamentos o con lo que sea que afecta a
los servicios públicos. El pago de los combustibles con una gasolina de precios
hinchados y sometida igualmente a otro oligopolio fraudulento puede ser otro de
los muchos ejemplos. La desigualdad nos asfixia y tal vez ese debiera ser el
eje de nuestro discurso.
Este
país ya no es para pobres. Este reino está hundido en la miseria moral que
provoca no solo la corrupción y el autoritarismo de sus élites sobre todo
económicas, sino también una profunda desigualdad que mina la vida cotidiana de
sus habitantes, sobre todo las clases populares. Una parte muy importante del
pueblo está adormecida por valores religiosos conservadores, atavismos
políticos heredados de la dictadura franquista, televisiones basura e
información pública controlada por las empresas grandes y vinculadas o más bien
controladoras del poder, los grandes partidos y que ahora incluso se quieren
infiltrar en sectores del pensamiento critico y ciertas izquierdas, pues
también han encontrado en esos sectores un nicho de negocio.
Hay
también motivos para el optimismo. Desde las marchas mineras a Gamonal, pasando
por las luchas de las Mareas o las Huelgas Generales y las cada vez más
numerosas manifestaciones contra le ley Gallardón anti-aborto, la represión o
la LOMCE entre otras muchas por conflictos locales como el histórico y lo
volvemos a citar de Gamonal.
Tenemos
por delante dos oportunidades para enfrentarnos con decisión al poder que
impone las desigualdades: la primera es, las Marchas de la Dignidad que están
agrupando a personas paradas y precarias frente a las injusticias y la
desigualdad que provoca pobreza, desahucios y mal nutrición. Mientras en cambio
se paga la llamada deuda a bancos, banqueros y poderes financieros extranjeros.
En segundo lugar las elecciones europeas, que son una oportunidad histórica
para vencer al turno dinástico y a todos los partidos neoliberales comenzando
por supuesto por la extrema derecha y ultra-conservadora gobernante. Pero
claro, esto solo se dará si somos inteligentes, generosos y realmente queremos
la confluencia y la convergencia política del pueblo de izquierdas.
Por
tanto una luz carísima, la alimentación de las clases trabajadoras, cada vez de
peor calidad, la gasolina impagable y con unos trasportes públicos muy
deficientes en casi todo el estado- lo que obliga fuera de las ciudades muy
grandes a utilizar el vehículo privado- y el repago sanitario, exigen tomar
Madrid el 22 de Marzo y hacerle una demostración de fuerza a nuestras corruptas
oligarquías. Pero también el aparcar cálculos electorales y divismos al objeto
de converger y sacar de la abstención a varios millones de votos del pueblo de
izquierdas. Es imprescindible. Hemos de cercar a los miserables morales que nos
dominan, les hemos de vencer.
Es
la lucha de clases. Si, si bien y hasta ahora los que más la ejercen son los
ricos, los poderosos y sus siervos neoliberales, con una dureza que provoca
muertes. Si, muertes de desahuciados, de parados y paradas y personas
excluidas, de niños mal nutridos, de viejos que deben elegir entre sus
medicamentos y comer.

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