La
democracia -claro no se le puede pedir a Rajoy Brey o a Ruiz Gallardón que
sepan de eso, ellos mamaron de otras leches- no consiste en votar cada cuatro
años y achantar con lo que venga.
nuevatribuna.es
| Por Pedro
Luis Angosto | 18 Febrero 2014 - 20:42 h.
Rajoy y
Gallardón en el Congreso. (Foto: La Moncloa).
Observo la
portentosa obra legislativa del Partido Popular en el Gobierno y no encuentro
ni una sola medida que haya ido dirigida a aliviar la situación de aquellos que
más padecen la crisis sin haberla provocado. Un impuesto del valor añadido que
graba productos de primera necesidad como la luz, el teléfono, el gas, el agua
o la cultura al veintiuno por ciento; un impuesto sobre la renta de las
personas físicas que pagan sólo aquellas personas que tienen nómina y que viola
la actual Constitución al carecer de proporcionalidad y progresividad; un trato
de favor hacia las grandes fortunas que tienen departamento especial en la
Inspección de Hacienda controlado por Montoro; una policía armada que sólo
actúa, por orden gubernativa, para acallar las protestas legítimas de los
ciudadanos indignados y meter el miedo a la población, no vaya a ser que se
contagie; una crueldad infinita con aquellos que quieren venir a nuestro país
huyendo de la miseria tremenda que Occidente ha creado en África; un desprecio
de igual calibre hacia aquellos de entre nosotros que tienen que largarse del
país porque aquí no hay nada, nada de nada más que corruptos, logreros,
inútiles, trepas y lameculos instalados en todas las esferas del poder, público
y privado; una rapidez inusitada –veinticuatro horas- para juzgar a quien roba
una moto, y una lentitud exasperante hasta la prescripción a la hora de
encausar a aquellas personas que pertenecen a la casta o han pegado la hebra
con ella, dando como resultado lo que podríamos denominar sin mucho margen de
error como Estado de Impunidad, que es el que actualmente rige en España; un
desprecio hacia la investigación y la Educación en general que nos está
haciendo perder en muy pocos meses lo que habíamos avanzado en décadas:
Nuestros cerebros más notables huyen de España como si de nuevo aquí se hubiese
instalado en Santo Oficio con sus hogueras, chivatos y correveidiles; una
relación entre el Gobierno y los gobernados –hasta hace poco algo parecido a
ciudadanos- que se basa únicamente en la represión y en la obligación de
tributar y obedecer so riesgo de palo, multa, detención o todo a la vez.
¿Qué
herencia, pues, vamos a recibir? ¿Qué herencia estamos recibiendo? Nunca
estuvimos cerca de la perfección, casi nadie lo está y además sería aburrido,
pero esto de ahora supera todo lo previsible. En poco más de dos años de
gobierno, Mariano Rajoy Brey –hijo y nieto de Camborios como Antonio Vargas
Heredia, flor de la raza calé- ha recortado mucho más de lo que la Democracia
permite dejando los servicios públicos a merced de cualquier desaprensivo de su
misma condición, no obstante ha logrado, empleando para ello toda la impericia
y cortedad del mundo, que la deuda pública haya subido del sesenta por ciento a
casi el cien por cien de nuestro PIB, hipotecando para mucho tiempo las
posibilidades de recuperación del país; ha cercenado el Derecho a la Educación
al aprobar una ley clasista, excluyente y clerical que nos retrotrae a 1970 y
nos acerca aromas de Villar Palasí, al disminuir las becas de todo tipo, al
eliminar partidas enteras de ayuda a la investigación, al dejar a la escuela
pública en general al borde la ruina, mantenida sólo por el esfuerzo y el
sacrificio de miles de maestros y profesores que no están dispuestos a dejarse
vencer por los envites del pasado rancio y cochambroso; ha destrozado el
Sistema Nacional de Salud al expulsar del mismo a miles de médicos y sanitarios
excelsamente preparados que hoy se rifan otros sistemas europeos, al provocar,
por ello, interminables listas de espera que desesperan a los enfermos y llevan
a los más graves a recurrir a las clínicas privadas como último recurso dentro
de una política sanitaria privatizadora perfectamente planificada y
premeditada; ha convertido la factura de la luz en una pesadilla para la
mayoría de las familias españolas que tiemblan cada final de mes cuando ven
próximo el día en que el cartero les comunique el nuevo sablazo, aunque no
tengas calefacción, aunque uses bombillas de bajo consumo, aunque te pases el
día apagando chismes, aunque uses velas; ha agredido a las mujeres en los más
íntimo de su inteligencia, de sus derechos y de su dolor, al otorgar rango de
ley a la moral católica en asuntos como el aborto que sólo a las mujeres
concierne; ha convertido a la policía, en todas sus vertientes y modalidades, en
una guardia pretoriana al servicio de los poderosos, pero pagada por todos; ha
sembrado el miedo y la inseguridad entre la mayoría de los habitantes de este
país que a diario se acuestan pensando que será de ellos, qué de sus hijos con
el nuevo amanecer; prepara una ley de seguridad ciudadana que dejará vacios de
contenido los derechos ciudadanos fundamentales, dando a las fuerzas represivas
facultades y prerrogativas similares a la que tienen en cualquier monarquía
bananera o país autoritario de tres al cuarto. En fin, ha declarado la guerra
al pueblo, a quienes trabajan, a quienes están en el paro, a quienes están
disminuidos o discapacitados, a quienes están sanos, a quienes protestan, a
quienes callan, a todo lo que se mueve y tiene un nivel de renta inferior a los
cincuenta mil euros anuales.
Un país sin
derechos, un país con más policía por habitante que cualquier otro de la Unión
Europea, un país sumido en la deslocalización industrial más espantosa, un país
dónde se abren comercios a la desesperada y se cierran a la semana porque no
hay un real para el consumo interno, un país amordazado, amedrentado,
precarizado, deprimido y humillado que ha perdido el norte, que está noqueado,
sin capacidad de reacción ante una agresión de tal contundencia que difícilmente
nadie podía imaginar. Se ha sometido la voluntad popular a la voluntad de los
bancos que provocaron la crisis, a la de los burócratas neoliberales de la
Unión Europea, a la de las grandes corporaciones que compran fábricas para
cerrarlas y deslocalizar después, optando por la sumisión completa a las leyes
de los poderosos y la fuerza para con los díscolos. No, y siento decirlo, no
hay futuro con un gobierno que todo esto ha hecho y que es tan incapaz que ni
siquiera puede o sabe obligar a las grandes compañías monopolísticas a que
traten a sus clientes obligados con respeto, a que no los tengan horas pegados
a un teléfono dónde suena una y otra vez un robot y una musiquilla, una
musiquilla y un robot, para decirte después, caso de alcanzar el privilegio de
oír una voz humana explotada desde cualquier confín del planeta, que esa
llamada va a ser grabada para nuestra seguridad –vamos, por si te cagas en sus
muertos o algo más- ya que no nos van a solventar absolutamente nada.
La
democracia –claro no se le puede pedir a Rajoy Brey o a Ruiz Gallardón que
sepan de eso, ellos mamaron de otras leches- no consiste en votar cada cuatro
años y achantar con lo que venga; tampoco el voto da al gobernante patente de
corso para regresar un país al feudalismo. La democracia se basa en la mutua
confianza entre gobernante y gobernado, y eso aquí se ha roto definitivamente.
Los ciudadanos estamos fuera de juego, se gobierna y legisla contra nosotros
dentro de un sistema pervertido que ha suprimido la división de poderes y en el
que el nepotismo, la prevaricación y la impunidad han adquirido –de facto-
rango constitucional. Esa es la herencia que estamos recibiendo, miseria,
latrocinio, inmoralidad, supresión de derechos fundamentales, agonía de la
economía productiva, parasitismo, aumento brutal de las desigualdades sociales
y el esquilmo de la riqueza del país en beneficio de unos pocos. La Segunda
Restauración, ha muerto. La amenaza autoritaria cada día cobra más fuerza y es
más evidente, empero aquí hay vitalidad, inteligencia y voluntad para poner fin
de una vez por todas a este perverso e insoportable orden de cosas, por mucho
que la España que muere –la del poder- quiera asfixiar a la que grita por la
justicia y la libertad con el pulso de un titán.
Fuente: www.nuevatribuna.es

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