Artículos de Opinión | Carlos Martínez* | 03-12-2013 |
La
crisis social y política está claro que nos afecta a todos y todas. Nos abruma
y nos asusta o al menos esa impresión se da. Ninguna iniciativa política y
social nos parece clara, todo tiene problemas y nos hemos vuelto huraños,
desconfiados y desconfiadas. La solidaridad ante los poderosos es lo único que
nos puede salvar. Si no hay apoyo mutuo entre los débiles estamos perdidos. Si
no nos damos cuenta de que somos pobres, a causa de que los ricos quieren serlo
todavía más, poco podemos avanzar.
Estamos
en contra de los liderazgos, pero sin embargo somos manifiestamente incapaces
de construir el liderazgo colectivo. Las asambleas de barrio o de pueblo en
realidad y de no ser por luchas puntuales tan solo agrupan a minorías activas.
Hemos perdido el contacto con la mayor parte de la ciudadanía sufriente, de la
clase obrera cada día más explotada, con los excluidos condenados a la más pura
supervivencia. Las personas empobrecidas, agobiadas por el recibo de la luz o
la hipoteca, el desempleo que se acaba, antes ven el futbol o programas de
tele-basura que leen nuestras soflamas o bien intencionadas propuestas.
La
cultura neoliberal se ha impuesto. La desconfianza en la política está causando
un daño terrible entre las izquierdas reales y transformadoras, más incluso,
mucho más que entre las derechas reaccionarias y ladronas. La corrupción es tan
grave que nos hace a todas y todos iguales ante mucha, demasiada gente y yo me
pregunto ¿Qué hacemos para remediar esto?
El
sectarismo es un mal consejero. Pero la autocomplacencia o la satisfacción
chata también. El conformarse con el mal menor es volver a las andadas. La
claudicación socioliberal ha sido suicida para los propios partidos y
sindicatos que fueron socialdemócratas, pero ya no lo son, pero lo más
preocupante es el daño que les han provocado a las clases trabajadoras con su
renuncia y su miedo a la lucha de clases, su aburguesamiento y su adaptación al
mercado. Si bien tampoco el contentarse con 25 diputadas y diputados Izquierda
Unida, nos sacará de pobres. Menos si tienen que pactar con quienes respetan
las imposiciones de la Troika y gobernar con el objetivo de déficit.
Por
eso hace falta algo nuevo y diferente. Nada relacionado con el régimen sirve.
El ser el mal menor solo conduce a la resignación. Pero el tener miedo a las
palabras, a la palabra solo conduce a aceptar la derrota y el sistema, de
antemano.
Pero
estamos en una dictadura mediática y como los medios “informativos” solo los
pueden montar quienes tienen el dinero, pues estamos simplemente ante la
dictadura neoliberal. Ya lo saben bien los capitalistas, como la política es
palabras, propuestas y programas, razón, corazón y sentimiento, pues nos quitan
la palabra y ya no llegamos a la gente. Desaparecemos. Nos conformamos con la
red, la red de redes, el internet, pero eso no llega a los nuestros y los
nuestros son los pobres, los excluidos, los y las obreras, las cajeras de
supermercado, las limpiadoras, las secretarias o los jóvenes precarios de los
barrios sin luz y sin futuro, en ocasiones violentos o mal educados, pero en
otras ocasiones generosos y siempre amedrentados por una sociedad que no
entienden y de la que solo les llega un mensaje “o tienes dinero o eres un
pringado o una pringada”. Esos son los nuestros, aunque ellos no lo sepan, a
causa de nuestra ineptitud para llegarles a su corazón.
Por
eso nuestras peleas de aparto, de lista, de familia mal avenida, me hastían
tanto ya.
Hemos
de recuperar la palabra y ser capaces de emocionar y si no, no hay nada que
hacer.
Los
primeros socialistas, como Pablo Iglesias (En el que ahora se mean y manchan
muchos de los y las que se amparan en las siglas que el inventó, al objeto de
medrar a su costa) fueron educadores de multitudes. Pedagogos de lo sencillo,
pero claro: Los parías nos hemos de organizar y luchar frente a la opresión y
el robo de los de arriba. Pero para ello la política y la lucha son
imprescindibles. La dignidad de clase un tesoro perdido a recuperar.
Hemos
de saber que el pueblo de izquierdas se construye. No se hace solo desde un
escaño parlamentario pueblo de izquierdas, ni en una conferencia para personas
que ya están convencidas. Se construye en la calle, en los centros de trabajo o
en los bares. Se construye con gente próxima. Se construye con un lenguaje
fuerte y que sea convincente. Se construye transmitiendo emociones y vivencias.
Tras
dos años de cada vez más paro, menos derechos sociales y educativos, copago de
medicamentos, subidas eléctricas ladronas, corrupción y desprecio de esas
derechas chulas, crueles y fascistas, el PP sigue siendo el partido más votado
y los votos que pierde se los lleva la nueva extrema derecha españolista de la
UPyD, así como otras opciones confusas. El PSOE se sigue cociendo en su crisis,
pero ojo, sigue siendo el mal menor e IU según ella misma reconoce en rueda de
prensa no sube más allá de los 34 diputados y diputadas. Con la que está
cayendo, algo falla.
Quien
se conforme con doblar porcentaje votos, nos traiciona. Hace falta un nuevo
impulso y un nuevo liderazgo social y político. Hace falta algo que ilusione y
levante los corazones de las gentes que sufren, pero son incapaces todavía de
rebelarse salvo luchas concretas y sectoriales. Hace falta hecharle valor.
Hemos
de construir una nueva mayoría popular. Un imaginario y unos símbolos que nos
unan y nos emocionen. Personas que digan algo alto, claro y fuerte. Me importa
una higa como decía Don Indalecio Prieto, que alguna o alguno diga que así no,
que solo su grupo o su mini-asamblea de “enteraos y enterás” tras siete meses
de discutir de método saben lo que hay que hacer. En momentos de tanta
desconfianza, está solo se vencerá con la palabra alta y fuerte y con el
ejemplo personal, pero también con el valor, con la valentía.
Basta
ya de falsos dirigentes, en realidad intrigantes de aparato. Necesitamos
personas capaces de organizar, pensar, escribir, gritar y al mismo tiempo
capaces de ocupar una oficina, un banco, una fábrica o manifestarse ante la
sede de los corruptos de la calle Génova.
Necesitamos
personas que se crean que podemos ganar, no pactar con los obedientes de la
Troika, no, sino que les podemos y debemos vencer.
Necesitamos
convencer a los que sufren y no tienen futuro para vencerles a los amos
inmisericordes y chorizos que nos dominan.
Pero
claro, los periódicos, las radios nunca nos ayudarán y si alguna vez se cuela
algo, pues a aprovecharlo. No hacen falta ratones de biblioteca, es la hora del
activismo. Además sabemos de sobra lo que hay que hacer, que es justo lo
contrario, de lo que hacen y dicen los neoliberales, los amos y sus “expertos”.
*Carlos
Martinez es politólogo y activista socialista
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