La Federación de
Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) analiza la gestión
clínica, sus potenciales beneficios y perjuicios y las propuestas que se están
realizando en torno a su implantación.
nuevatribuna.es | 10
Febrero 2014 - 20:09 h.
Federación
de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) | En estos
momentos se esta produciendo un amplio debate sobre las denominadas “unidades
de gestión clínica”, debate que ya existía en el sistema sanitario español y
que se ha agudizado con las propuestas sobre “unidades de gestión clínica” que
parten del Ministerio de Sanidad y el autodenominado “Foro de la profesión
médica”, y de las iniciativas que en este sentido se están tomando desde
algunas CCAA.
El
presente documento pretende analizar la gestión clínica, sus potenciales
beneficios y perjuicios y las propuestas que se están realizando en nuestro
país en torno a su implantación, desde la óptica de quienes defendemos la
Sanidad Pública y nos oponemos a su privatización, y a la introducción de los
criterios mercantilistas y economicistas en el sistema sanitario público.
LA
GESTION CLINICA COMO CONCEPTO
La
gestión clínica aparece en el entorno de sistemas sanitarios muy fragmentados,
como el de USA donde se coexisten diferentes aseguradoras sanitarias, una
multiplicidad de proveedores públicos y privados y un gasto sanitario
disparatado (conviene recordar que en 2011 el gasto sanitario total era del
17,7% sobre el PIB y de 8.508 $ ppc per capita, frente al 9,3% y 3.322
respectivamente del promedio de la OCDE) con unos mediocres resultados de salud
(esperanza de vida de 78,7 años frente a 80,1 del promedio OCDE en el mismo
año).
La
gestión clínica se ha definido como “el uso de los recursos humanos,
intelectuales, tecnológicos y organizativos, para el mejor cuidado de los
enfermos y están en relación con el conocimiento clínico, la mejora de los
procesos asistenciales”, se supone que su objetivo es integrar la mejor
práctica clínica con el mejor uso de los recursos disponibles, y se acompaña de
una descentralización de la organización que permita favorecer el que los
profesionales puedan organizarse para activar estrategias para la mejora
de los resultados asistenciales. Pero estas definiciones, evidentemente edulcoradas,
no tienen en cuenta otro de los objetivos claves, la contención del gasto
sanitario y el control de las decisiones profesionales, porque no se puede
olvidar que, como ya se ha señalado al principio, el exceso de gasto sanitario
ha sido uno de los incentivos fundamentales para su formulación y puesta en
práctica, y el trasvase de negocio a las empresas privadas es una de sus
consecuencias mas probables.
El
compromiso de los profesionales con la gestión de los recursos sanitarios ha
tenido múltiples expresiones, especialmente en el desarrollo de las guías de
práctica clínica y las vías clínicas. La gestión clínica puede desarrollarse
como ya han señalado numerosos autores sin cambiar el marco organizativo y
necesita sobre todo de un cambio en la cultura de las organizaciones, en la
formación y en los incentivos de los profesionales, y un cambio en las
actitudes de los directivos de los centros públicos hacia una apuesta y
compromiso con el Sistema Nacional de Salud.
UN
ANALISIS DE LA SITUACION SANITARIA EN ESPAÑA
No
pretendemos hacer un análisis detallado, pero lo primero que hay que señalar es
que el sistema sanitario español no se caracteriza a nivel macro por un
despilfarro de recursos, sino más bien por lo contrario. Nuestro gasto
sanitario es bajo y los resultados en salud buenos (según el Informe Bloomberg
en 2013, relacionando esperanza de vida y esperanza de vida libre de
incapacidad con gasto sanitario, España tenia el 5º sistema de salud mas
eficiente del mundo y el 1º de Europa), por lo tanto a ese nivel macro la
necesidad de mejoras de eficiencia no son la prioridad de nuestro sistema
sanitario, aunque es obvio que siempre existen espacios de mejora que deben de
investigarse.
Por
otro lado desde 2009 el Sistema Nacional de Salud esta sufriendo una política
muy agresiva de recortes presupuestarios que le sitúan al borde del colapso (se
ha pasado de 70.464 millones € en 2009 a menos de 60.000 millones €
presupuestados para 2014), como han advertido numerosos observadores
internacionales (OCDE, UE, FMI, Lancet, BMJ, etc) y en ese contexto las
capacidades de eficiencia de la gestión clínica se han visto espectacularmente
reducidas.
Además
hay que tener en cuenta que el sistema sanitario se ha ido fraccionado en los
últimos años: en múltiples especialidades y super-especialidades, en áreas de
actividad (asistencia sanitaria, salud pública, salud mental, salud ambiental,
salud laboral, centros de crónicos, atención socio-sanitaria….) generando
multitud de compartimientos estancos y dificultades a la atención
integral, integrada y racional, con barreras que hacen muy difícil la
coordinación asistencial, la presencia de incentivos inadecuados, la
puesta en funcionamiento de estructuras organizativas fragmentadas y la falta
de planificación y objetivos compartidos.
Los
resultados de todos los problemas señalados anteriormente son la
presencia de problemas funcionales que reducen efectividad, calidad y
eficiencia, la generación de duplicidades de recursos y actividades con el
consiguiente despilfarro de recursos. La fragmentación de la práctica
profesional y de la atención a los enfermos produce un gasto
sanitario inapropiado resultado del uso intensivo e irracional de las pruebas y
recursos tecnológicos, la utilización irracional y abusiva medicación y el
abordaje problemas asistenciales en niveles inadecuados
La
Ley General de Sanidad proponía para resolver estos problemas la puesta
en funcionamiento de las Áreas de Salud que tenían como objetivo el
establecimiento de demarcaciones territoriales, garantizar la atención integral
y equitativa y la gestión coordinada de centros, prestaciones y programas
sanitarios.
Sin
embargo las Áreas de Salud no se desarrollaron por la presencia de numerosas
resistencias - obstáculos a las mismas por una multitud de motivos que actuaron
de una manera confluente, como son: el temor de las administraciones CCAA
a ceder poder (descentralización) y a dar autonomía de gestión; la
hegemonía de los hospitales (poder, formación el personal y prestigio social) ;
el desconocimiento y escaso desarrollo del trabajo en equipo; la falta de
cultura y de desarrollo medicina basada en la evidencia; el auge del
gerencialismo (concentración de poder de decisión en personas con nombramientos
políticos y poca formación); y por fin el desinterés de instituciones no
sanitarias en asumir responsabilidades en salud.
El
resultado es que se acabo abandonando/paralizando el modelo de áreas
sanitarias con lo que la descentralización se detuvo en las CCAA y no avanzó
hacia las áreas, además en algunos casos se desmantelaron las áreas sanitarias
(Madrid, Galicia, etc), con el objetivo evidente de crear grandes espacios para
la competencia público-privada y abrir el negocio a las multinacionales
de provisión sanitaria.
La
salida fue el intentar crear nuevas estructuras, como las gerencias únicas (que
acabaron con la absorción en la practica de la Atención Primaria (AP) por parte
de los hospitales), y ahora, como desgraciadamente suele ser habitual en
nuestra Sanidad, sin haber realizado ningún tipo de evaluación se plantea la
implantación generalizada de las unidades de gestión clínica.
UNIDADES
DE GESTION CLINICA. BENEFICIOS Y LIMITACIONES
¿Cuáles
son las ventajas de la gestión clínica?, en principio habría que tener en
cuenta las siguientes cuestiones
•
Incorpora la los profesionales a la administración de los recursos, lo que
evidentemente es importante porque estos deben ser conscientes de la necesidad
de utilizar criterios de eficiencia en su sentido estricto (conseguir los
mismos resultados al menor coste posible) en la atención sanitaria.
•
Dar autonomía a los servicios hospitalarios y a los centros de AP, para
eliminar algunos de los efectos negativos del gerencialismo burocrático.
•
Pueden servir para coordinar los niveles de AP y hospitalaria, mejorando la
continuidad asistencial, aunque su resultado puede ser el contrario: aumentar
la fragmentación e incoordinación del sistema sanitario.
•
Favorecer el establecimiento de guías, protocolos y otros instrumentos que
racionalicen los procesos asistenciales y la asignación de los recursos
¿Cuales
son sus problemas?, como se ha señalado la gestión clínica responde a un
marco general, siendo los criterios organizativos de su implantación muy
diversos. En todo caso deben de considerarse las siguientes cuestiones:
Introduce
criterios de competencia y de mercado en el funcionamiento del sistema
sanitario, con muchas similitudes con la gestión empresarial. Propiciar la
fragmentación del sistema en centros y unidades (más aún si tienen personalidad
jurídica propia), favorece la competencia frente a la cooperación que es clave
en la continuidad asistencial.
Rompe
con los criterios básicos de la gestión pública en sanidad que se
fundamenta en la necesidad que tiene el sistema sanitario público de orientarse
en la consecución de niveles de salud y de satisfacción de todos y no solo en
los buenos resultados de algunas partes del sistema que se basan muchas veces
en el empeoramiento de otras partes del mismo (transferencias de flujos
económicos hacia las áreas con mejores resultados). Por otro lado hay que tener
en cuenta que el mercado presenta muy serios fallos en la Sanidad,
porque la atención sanitaria se caracteriza por una información asimétrica, la
presencia de importantes incertidumbres y de externalidades que no pueden ser
controladas a nivel micro. Finalmente la gestión pública en Sanidad tiene como
uno de sus objetivos mejorar la equidad social lo que tampoco puede
plantearse a nivel micro (por poner un ejemplo, el área rural es un buen
exponente de unos recursos sanitarios que no se justifican por la demanda o la
presión asistencial, y si por el objetivo de que todas las personas en todo el
territorio tengan garantizada una atención sanitaria accesible y de calidad).
Los
problemas de la selección de riesgos y los incentivos en Sanidad. Es bien
conocido que uno de los mecanismos de búsqueda de rentabilidad, que no de
eficiencia, en Sanidad es la selección de riesgos puesto que se conoce hace
tiempo que el gasto sanitario se acumula en un grupo reducido de población (un
5% produce un 58% del gasto mientras un 50% solo gasta el 3%), de manera que
existe una tendencia habitual para obtener beneficios de centrarse en este gran
grupo de población de bajo gasto, no atendiendo o derivando hacia otros al
grupo de mayor gasto (también se conoce como la “ley de atención inversa”
expuesta por Tudor Hart), la selección de riesgos por lo potente de los
beneficios que genera es muy difícil de controlar, y mas aún cuanto mas
pequeñas son las unidades de atención. Por otro lado los incentivos en la
atención sanitaria tienen una gran facilidad para convertirse en “perversos”,
existiendo mucha literatura científica de que los que se basan en el ahorro
generan infrautilización de servicios y prestaciones necesarias y los que se
basan en la actividad favorecen sobreutilización (fomentar actividades
innecesarias) y/o sobreregistros (registrar mas de lo que se hace).
Diferentes
estudios han detectado que la sobreutilización de tecnologías provoca el
sobrediagnóstico de enfermedades en pacientes con lesiones de
significado incierto y/o irrelevante, pero que se someterán a tratamientos
intensivos y costosos, dando lugar a una situación paradójica, el aumento de la
esperanza de vida en algunas patologías (cáncer, enfermedad coronaria, etc) no
por la disminución de la mortalidad en números absolutos sino por el aumento
irreal de su incidencia.
Por
eso es fundamental que los incentivos se basen en la calidad de la atención,
lo que resulta complicado de gestionar.
Conviene
recordar que la OMS considera fundamental la integración atención
clínica, con autonomía de los niveles, propiciar la relación
interprofesional horizontal no jerárquica, una mejor adaptación de las
prestaciones a las necesidades asistenciales y la adaptación al ciudadano,
garantizando la calidad y la satisfacción, sin embargo se favorece una
mentalidad de competencia y mercantilización.
En
resumen, aunque la gestión clínica puede tener algunas ventajes como un
mayor compromiso de los profesionales y una mayor autonomía, también entraña
riesgos muy claros de favorecer la ideología mercantilista y favorecer la
incoordinación en la provisión de servicios sanitarios. Por otro lado hay
que diferencia gestión clínica, que en principio es posible en cualquier
entorno organizativo de “unidades de gestión clínica” que conlleva un
planteamiento de cambio de organización, y dentro de estas son posibles
múltiples variaciones.
¿QUIENES
SON LOS PROPIETARIOS DEL SISTEMA SANITARIO PUBLICO?
La
Sanidad Pública conviene recordarlo es propiedad del conjunto de la ciudadanía,
no de los profesionales sanitarios, ni de los médicos, ni de los políticos de
turno. Pertenece del conjunto de la población que es quien la ha hecho posible
y la mantiene con sus impuestos, especialmente los grupos de población con
menor renta que no pueden evadir impuestos mediante técnicas de ingeniería
financiera. Los profesionales de la salud deben de ser consultados para
encontrar soluciones ante los problemas, y también el conjunto de la población
y de las entidades sociales que les representan.
El
desarrollo de unidades de gestión clínica vuelve a obviar esta realidad al
dejar en manos de administradores y profesionales decisiones que tienen
implicaciones sobre el conjunto de la ciudadanía. Por supuesto los profesionales
de la salud deben tener un papel de asesoramiento técnico de los proyectos y
propuestas que se hagan sobre el sistema sanitario, pero tampoco conviene
olvidar que progresivamente se han ido eliminado todos los organismos de
participación social y profesional existentes.
Desde
la FADSP venimos reclamando hace años que deben ser, los profesionales de la
salud, los ciudadanos y los responsables de la Administración Sanitaria, los
encargados de gestionar conjuntamente el sistema sanitario público y que es esta
conjunción de planteamientos la única capaz de garantizar el carácter de
servicio público de calidad que debe tener el Sistema Nacional de Salud.
LAS
UNIDADES DE GESTION CLINICA. LA EXPERIENCIA EN ANDALUCIA
Andalucía
inicio su experiencia con unidades de gestión clínica (UGC) hace 18 años,
por lo que existe una experiencia razonable sobre sus problemas, sus éxitos y
sus limitaciones. En primer lugar hay que señalar que el modelo organizativo
implantado ha sido la sustitución de los Equipos de atención primaria y de los
servicios por unidades de gestión clínica, inicialmente se implantaron solo en
servicios que ya funcionaban con buenos resultados por lo que no presentaron
apenas problemas.
Luego
se avanzo en AP porque los instrumentos que utilizaban las UGC estaban ya
en funcionamiento (historia clínica electrónica, objetivos, contratos…),
y se desarrollo depende mucho de los centros y la actitud de las
gerencias. Aunque en general parece que ha mejorado la situación, no se han
hecho evaluaciones que permitan asegurarlo, y desde luego a nivel macro los
resultados no son muy diferentes de los de otras CCAA
Entre
las potencialidades de las UGC conviene mencionar:
·
Implicación de los trabajadores en la gestión y en la organización del SSPA.
· Trabajar con un contrato-programa en el que se debaten los objetivos de cada año.
· Se pueden negociar objetivos clínicos y se pueden no cumplir todos los objetivos no clínicos, asumiendo que se cumplan un % más bajo de esos objetivos.
· Corresponsabilidad compartida en la consecución de los objetivos.
· Comisión de Dirección ampliada: reuniones mensuales.
· Productividad económica en función de la consecución de objetivos.
· El SSPA impone un % de objetivos que considera fundamentales: si se utilizan criterios correctos estos objetivos comunes no nos parecen negativos.
· Se fijan objetivos individuales y productividades individuales.
· Corresponsabilidad en el gasto y concienciación de los trabajadores en el gasto.
· Pactos interunidades: multidisciplinares.
· UGC multicentros.
· Evaluaciones anuales de las UGC y clasificación hospitalaria. Las notas son públicas.
· Las Direcciones son evaluadas cada 4 años por tribunales internos y externos: gerente, director médico, sociedad científica, jefe del hospital o de otro hospital.
· Registros y actividades registradas y evaluables: ha mejorado la eficiencia global.
· Objetivo: Plan de Participación ciudadana.
· Las directrices de la Consejería son de claro apoyo al SSPA, no han supuesto ninguna privatización
· Trabajar con un contrato-programa en el que se debaten los objetivos de cada año.
· Se pueden negociar objetivos clínicos y se pueden no cumplir todos los objetivos no clínicos, asumiendo que se cumplan un % más bajo de esos objetivos.
· Corresponsabilidad compartida en la consecución de los objetivos.
· Comisión de Dirección ampliada: reuniones mensuales.
· Productividad económica en función de la consecución de objetivos.
· El SSPA impone un % de objetivos que considera fundamentales: si se utilizan criterios correctos estos objetivos comunes no nos parecen negativos.
· Se fijan objetivos individuales y productividades individuales.
· Corresponsabilidad en el gasto y concienciación de los trabajadores en el gasto.
· Pactos interunidades: multidisciplinares.
· UGC multicentros.
· Evaluaciones anuales de las UGC y clasificación hospitalaria. Las notas son públicas.
· Las Direcciones son evaluadas cada 4 años por tribunales internos y externos: gerente, director médico, sociedad científica, jefe del hospital o de otro hospital.
· Registros y actividades registradas y evaluables: ha mejorado la eficiencia global.
· Objetivo: Plan de Participación ciudadana.
· Las directrices de la Consejería son de claro apoyo al SSPA, no han supuesto ninguna privatización
Pero
no deben olvidarse los riesgos:
·
Perversiones: el registro es la obsesión pues se registra todo y mas (aunque
sea de forma fraudulenta).
· Burocratización de la actividad: deshumanización.
· Nula participación de ciudadanos.
· Escasa participación real de trabajadores pero por decisión activa, pero parece que asumen la dinámica.
· Porcentaje de objetivos comunes obligados por el SSPA.
· Ninguna autonomía en recursos: cada vez más objetivos sin más recursos y con la complicidad de las UGC y la tentación de la productividad.
· Demasiada diferencia entre estamentos: para los médicos puede ser relevante pero para el resto no.
· Otra cuestión son los recortes que están dirigiendo sus actividades hacia el ahorro no siempre con criterio
· Más que una revolución, las UGC han permitido a equipos comprometidos en cumplir mejor sus funciones de servicio.
· Es un instrumento que se utiliza para marginar a las personas que tenían claramente una menor actividad, al no darles productividad si no cumplen los objetivos individuales.
· La responsabilidad está más concretizada: objetivos, evaluaciones…. cada año.
· UGC multicentros: “muchos cambios para que nada cambie”. Estrategia de ahorro exclusivo: 200 directores menos pero con riesgos potenciales. Se ha unificado sin criterios: hospital + distrito, 2 hospitales en la misma ciudad, 3 hospitales de distintas ciudades, UGC provinciales, etc.
· Se han llegado a fusionar 2 hospitales del máximo nivel en Sevilla, Málaga o Granada, sin consenso y sin previo aviso: política de hechos consumados.
· No han existido problemas porque las UGC previas han seguido trabajando con los mismos objetivos o muy similares, sin generar conflictos.
· Ventajas potenciales: compartir objetivos y protocolos. Pero no nos parece una estrategia adecuada: grandes riesgos de conflictos graves con ventajas no claras o no consensuadas
· Burocratización de la actividad: deshumanización.
· Nula participación de ciudadanos.
· Escasa participación real de trabajadores pero por decisión activa, pero parece que asumen la dinámica.
· Porcentaje de objetivos comunes obligados por el SSPA.
· Ninguna autonomía en recursos: cada vez más objetivos sin más recursos y con la complicidad de las UGC y la tentación de la productividad.
· Demasiada diferencia entre estamentos: para los médicos puede ser relevante pero para el resto no.
· Otra cuestión son los recortes que están dirigiendo sus actividades hacia el ahorro no siempre con criterio
· Más que una revolución, las UGC han permitido a equipos comprometidos en cumplir mejor sus funciones de servicio.
· Es un instrumento que se utiliza para marginar a las personas que tenían claramente una menor actividad, al no darles productividad si no cumplen los objetivos individuales.
· La responsabilidad está más concretizada: objetivos, evaluaciones…. cada año.
· UGC multicentros: “muchos cambios para que nada cambie”. Estrategia de ahorro exclusivo: 200 directores menos pero con riesgos potenciales. Se ha unificado sin criterios: hospital + distrito, 2 hospitales en la misma ciudad, 3 hospitales de distintas ciudades, UGC provinciales, etc.
· Se han llegado a fusionar 2 hospitales del máximo nivel en Sevilla, Málaga o Granada, sin consenso y sin previo aviso: política de hechos consumados.
· No han existido problemas porque las UGC previas han seguido trabajando con los mismos objetivos o muy similares, sin generar conflictos.
· Ventajas potenciales: compartir objetivos y protocolos. Pero no nos parece una estrategia adecuada: grandes riesgos de conflictos graves con ventajas no claras o no consensuadas
En
resumen, tras 18 años de experiencia a nivel macro no se han logrado avances
sustanciales, tampoco retrocesos. En algunos casos concretos se ha mejorado el
funcionamiento, pero también se están utilizando en estos últimos años para
“gestionar los recortes”, hay una notable ausencia de participación social y
profesional y con frecuencia se toman decisiones desde la administración
sanitaria sin consenso ni consultas.
LAS
PROPUESTAS DEL MINISTERIO DE SANIDAD
Las
últimas propuestas realizadas por el Ministerio de Sanidad paradójicamente, se
están proponiendo en nuestro sistema (integrado) para fragmentarlo, mediante la
trasformación de servicios en microempresas con autonomía plena (con posibilidad
de apropiarse de los beneficios), dotando a los centros y unidades de
personalidad jurídica propia.
Estas
propuestas tienen dos objetivos, por un lado continuar avanzando en la
privatización aplicándola a la microgestión para sortear la paralización
judicial y los problemas económicos de la financiación y gestión privada (PFI,
Concesiones, etc) como consecuencia de las movilización profesional y social) y
por el otro romper la unidad profesional formando acuerdo con el Foro (a cambio
de prebendas)
La
apuesta por establecer Unidades de Gestión Clínica se basa en:
•
La descentralización administrativa y funcional de los servicios sanitarios
• Agrupar recursos y personal de diferentes especialidades, disciplinas y niveles asistenciales
• Darles plena autonomía para organizarse, y gestionar al personal y sus presupuestos, establecer relaciones con otras unidades y centros, generar beneficios y quedarse con parte de los mismos (mercado interno)
• Dotarlas de personalidad jurídica propia: Consorcios, fundaciones, y otras fórmulas de gestión privada.
• Participación del sector privado: Recursos, personal e inversiones
• Agrupar recursos y personal de diferentes especialidades, disciplinas y niveles asistenciales
• Darles plena autonomía para organizarse, y gestionar al personal y sus presupuestos, establecer relaciones con otras unidades y centros, generar beneficios y quedarse con parte de los mismos (mercado interno)
• Dotarlas de personalidad jurídica propia: Consorcios, fundaciones, y otras fórmulas de gestión privada.
• Participación del sector privado: Recursos, personal e inversiones
En
este contexto se ha introducido de manera casi clandestina, en la Ley 10/2013
de regulación de fármaco-vigilancia, la Disposición adicional 5ª que establece
que el personal de las UGC personal estará regulado por el régimen laboral de
las empresas privadas, a la vez en los acuerdos con el Foro de la
Profesión (minoritario y poco representativo) se incorporan la necesidad de:
Promover un marco jurídico especifico y un modelo retributivo voluntario
vinculado a la Gestión Clínica. Y todo esto en un contexto en el que los
Consejeros de Galicia, Madrid y Valencia anunciaron en la reunión del Consejo
Interterritorial en Barcelona la voluntad de acabar con el personal
estatutario y/o funcionario en la Sanidad Pública. Es decir se intenta utilizar
también las UGC para laboralizar al personal, que como es bien sabido es una de
las vías para facilitar la privatización del sistema sanitario.
La
finalidad parece clara, avanzar en la privatización:
•
Fragmentando los hospitales en micro-empresas, que compitan entre si para crear
un mercado sanitario público y privado financiado.
• Posibilitando alianzas con otras unidades, centros sanitarios públicos y privados, laboratorios farmacéuticos, industrias tecnologías sanitarias (socio preferente): Nuevos monopolios con hegemonía privada.
• Aprovecharse de esta fragmentación de los centros, para dividir al personal e instalar en el sistema la lógica empresarial y de mercado.
• Posibilitando alianzas con otras unidades, centros sanitarios públicos y privados, laboratorios farmacéuticos, industrias tecnologías sanitarias (socio preferente): Nuevos monopolios con hegemonía privada.
• Aprovecharse de esta fragmentación de los centros, para dividir al personal e instalar en el sistema la lógica empresarial y de mercado.
Todo
ello permitirá avanzar en la privatización de la provisión con financiación
mixta, una parte a través de los presupuestos y otra por los copagos.
En
este proceso se pervierte y desacredita el concepto de gestión clínica, cuando
se la utiliza para modificar la situación del personal sanitario (renunciar al
Estatuto para poder integrase en las Unidades), se liga la Gestión Clínica a
cambios en el régimen jurídico y se fragmenta el sistema público y se da
entrada al sector privado.
Esta
estrategia opaca y marrullera puede desencadenar una gran movilización y
enfrentamientos profesionales, como ya se ha señalado suponiendo un descrédito
para la gestión clínica, además supondrá una nueva afrenta a los profesionales
(desmotivación), que se suma a todas las anteriores: Reducción salarial,
eliminación pagas extra, perdida de días de descanso, jubilaciones
forzosas a los 65 años, etc, y puede favorecer una fractura en organizaciones
sanitarias: CESM, Colegios Médicos etc.
Las
consecuencias serán muy negativas
1.
Desregulación y privatización del sistema sanitario, que se fragmentará
en múltiples empresas, en las que entraría el capital privado y de grupos
empresariales, que podrán influir de manera directa en las decisiones sobre:
qué hacer, cómo, quién y con qué, en la política sanitaria y en los procesos y
procedimientos asistenciales más interesantes económicamente.
2.
Las decisiones clínicas de los profesionales sanitarios se someterán a las
políticas empresariales. La laboralización del personal otorgará un gran
poder de control a las gerencias para influir en la libertad de decisión que
hasta ahora garantiza el Estatuto del Personal.
3.
Pérdida y deterioro de los derechos de los trabajadores sanitarios, que
para integrase en las Unidades de Gestión Clínica deberán renunciar a las
garantías del Estatuto del Personal (estabilidad, seguridad y libertad de
decisión). Los que no lo hagan quedarán marginados dentro de los centros, sin
acceso a las innovaciones y nuevos recursos.
4.
Desaparición del modelo actual de Atención Primaria, cuya actividad quedará
sometida a los intereses empresariales de la nuevas unidades, con la función de
realizar el cribado de pacientes y patologías atendiendo a criterios de
rentabilidad (selección adversa), con un total desinterés por los programas
comunitarios de prevención y promoción.
5.
Aumento del gasto sanitario innecesario, ya que las unidades deberán
dotarse de un aparato burocrático administrativo para gestionar los recursos
como empresas autónomas (gestión del personal, facturación de servicios, etc.).
Además, el sector privado buscará maximizar beneficios promoviendo el uso
intensivo de las tecnologías.
6.
Pérdida de calidad, seguridad y de acceso a los servicios para la ciudadanía,
especialmente de los pacientes aquejados de patologías no rentables
económicamente para las nuevas Unidades Clínicas (selección de riesgos), las
cuales podrán apropiarse de los beneficios económicos que generen.
Quienes
ganan:
Empresarios,
laboratorios, fondos de inversión, aseguradoras, consultoras, profesionales con
capacidad de influencia, personajes vinculados a la actual administración que
participen en la llamada puerta giratoria, el clan de gestores interesados en
ampliar el modelo empresarial y la burocracia.
Quienes
pierden:
Los
ciudadanos, dado que la atención sanitaria quedará sometida a los intereses
empresariales de las Unidades de Gestión; profesionales y trabajadores
sanitarios, que perderán estabilidad, seguridad y libertad de decisión; el sistema
sanitario público, que además de fraccionado, será ingobernable, más
costoso y provocará más desigualdad; la Atención Primaria, que en un
contexto de debilidad, quedará relegada a portera de las Unidades de Gestión
para seleccionar pacientes y procesos.
En
resumen las propuestas del Ministerio suponen una nueva vía para la
privatización sanitaria, para favorecer esta de una manera solapada y con menor
visibilidad, una vez que la estrategia más frontal esta fracasando por el
amplio rechazo social y profesional. Estamos pues ante la propuesta de una
verdadera “Gestión Clínica SA”, que de desarrollarse tendrá muy graves
consecuencias para la Sanidad Pública.
LOS
ABANDERADOS DE LAS “UNIDADES DE GESTION CLINICA”
También,
para conocer lo que significa un proyecto conviene saber quienes lo abanderan y
en este caso las cosas están mas que claras, la Sra Mato, la ministra de los
recortes, los copagos y las privatizaciones, los colegios de médicos y de
enfermería que merced a la obligatoriedad de la colegiación (y probablemente a
cambio del mantenimiento de esta) pretenden “representar” a unos profesionales
que no les votan y que mayoritariamente estiman innecesaria la pervivencia de
estas, herencia del corporativismo franquista. Luego andan por ahí una serie de
sociedades científicas, mas bien de superestructuras de las mismas, que tampoco
se han molestado en consultar a sus afiliados, y luego como guinda para el
pastel, el Sr Lamela, conocido privatizador y exconsejero de Madrid al que el
Ministerio de Sanidad ha encargado la implantación de las mismas en Ceuta y
Melilla.
Por
supuesto han quedado fuera los sindicatos y las organizaciones que no estaban
dispuestas a dar un espaldarazo al gobierno del PP y a las privatizaciones
sanitarias. Por eso este proyecto nace con una evidente sesgo antidemocrático,
politizado y carente de apoyo real en la mayoría de los profesionales
sanitarios.
LO
QUE DEFENDEMOS DESDE LA FADSP
Desde
la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública defendemos
un sistema sanitario universal, accesible, sin barreras económicas en el
momento del uso, de propiedad y gestión pública, basado en la Atención Primaria
y con una amplia participación profesional y ciudadana.
Por
todo ello estimamos que:
1)
La gestión clínica como concepto es decir como un mecanismo para
asegurar una mejor utilización de los recursos disponibles de acuerdo con la
evidencia científica, para favorecer la autonomía de gestión, mejorar la
eficiencia del sistema sanitario y favorecer una mejora de la calidad de la
atención sanitaria nos parece una idea positiva.
2)
La gestión clínica no precisa de cambios organizativos en el sistema
sanitario porque lo esencial para su desarrollo es un cambio de la cultura
organizativa que busque el compromiso diario de los profesionales sanitarios
con el buen funcionamiento de la Sanidad Pública.
3)
Para el buen funcionamiento de la Sanidad Pública es fundamental la integración
de todos los recursos que intervienen en la atención sanitaria. Las Áreas
de Salud en su diseño en la Ley General de Sanidad fueron un gran paso en este
sentido por lo que deberían de recuperarse como marco geográficamente
delimitado de integración de recursos. La gestión clínica entendida como
competencia entre unidades favorece la desintegración del sistema sanitario,
dificulta la cooperación entre servicios y niveles asistenciales, y es un paso
que dificulta la eficiencia del conjunto del sistema sanitario.
4)
La participación social y profesional es un paso imprescindible para
cualquier diseño organizativo del sistema sanitario público. No es de
recibo que se contemple autonomía de gestión sin garantizar la participación
social y profesional, porque la ciudadanía no puede ni debe ser responsable de
los resultados de decisiones en las que no participa y porque es la propietaria
del sistema sanitario público.
5)
Necesitamos una gestión profesionalizada que acabe con tantas
interferencias de la política partidaria en la gestión sanitaria. Por eso
reivindicamos desde hace mas de 20 años una formación MIR de gestión que
permita tener profesionales de acreditada formación y cualificación para la
gestión sanitaria.
6)
Rechazamos totalmente el que las unidades de gestión clínica tengan
personalidad jurídica propia y mas aún la posibilidad de la presencia de
capital e intereses privados en las mismas, y entendemos que se trata de
medidas solo encaminadas hacia una privatización soterrada de la Sanidad
Pública.
7)
Igualmente entendemos que no existe ninguna justificación para que se
produzcan cambios en el régimen estatutario de los trabajadores sanitarios,
y que la laboralización que se propone es otra puerta abierta a la
privatización del servicio sanitario.
8)
Los incentivos en la Sanidad Pública tienen muchos riesgos de convertirse en
incentivos perversos, que han sido
señalados anteriormente y en publicaciones de la FADSP. En
todo caso estos pueden implantarse independientemente de que haya o no UGC,
y entendemos que deben cumplir los siguientes requisitos: 1) Ser un
conjunto bien elaborado, sostenido en el tiempo y adaptado a las necesidades,
tanto en términos financieros como de recursos humanos. 2) Tener en cuenta en
su diseño las aportaciones de los principales interesados. 3) Basarse en
principios de transparencia, equidad y coherencia. 4) Adaptarse a la finalidad
de la mejora de la salud de la población y de reforzamiento del sistema
sanitario público. 5) Combinar los incentivos económicos con los no económicos.
6) Revisables periódicamente y evaluables, tanto en su impacto como en sus
consecuencias. 7) Motivar al conjunto de los trabajadores sanitarios. y 8)
Evitar la generación de conflictos de interés y/o éticos en relación a lo que
se incentiva.
9)
La evaluación de cualquier transformación en la Sanidad Pública es
absolutamente imprescindible, y eso exige transparencia y publicidad de los
datos asistenciales, porque hay una tendencia de las administraciones
sanitarias hacia una sistemática ocultación y manipulación de los datos que
hace realmente imposible una evaluación pormenorizada de los resultados. Antes
de avanzar habría que realizar una evaluación detallada de la situación del
sistema sanitario (a nivel global y en cada comunidad autónoma) y evaluar de
manera detallada los resultados de los experimentos y transformaciones
realizados, tanto de las privatizaciones (concesiones, PFI, EBAs, etc) como de
las UGC ya en funcionamiento.
10)
No es posible realizar transformaciones en profundidad si primero no se
acaba con los recortes indiscriminados que están dañando seriamente la
Sanidad Pública en su conjunto (13.000 millones € menos presupuestados en 2014
respecto a 2009), porque si no es así cualquier intento de poner en marcha la
gestión clínica se convertirá en un sistema de gestionar la miseria y de
anteponer los recortes sobre las necesidades de la salud de la población.
11)
Hay que recordar por fin que el principal problema para la mejora de la
eficiencia y la calidad de la Sanidad Pública esta en conseguir potenciar la
adherencia y el compromiso de sus trabajadores con el objetivo central del
sistema sanitario, la salud de la población, porque ellos son los que hacen
posible su funcionamiento y los que toman la mayoría de las decisiones
realmente sustanciales para el mantenimiento de la calidad y la eficiencia. Se
precisa una promoción de la ética y moral de los servidores públicos, de la
identificación de estos con la salud de la ciudadanía, cuyo principal
enemigo es la política privatizadora, por eso las amplias movilizaciones en
defensa de la Sanidad Pública han hecho mas por hacer sostenible el Sistema
Nacional de Salud que todos los “planes de sostenibilidad” de las autoridades
sanitarias.
¿QUE
HACER PARA FRENAR ESTE PROYECTO?
1.
Crear un clima de rechazo profesional y social en contra de estas Unidades de
Gestión Clínica, informando y demostrando la pérdida de derechos y de calidad
de la atención para la gran mayoría de ciudadanos y profesionales. Una buena
manera es colaborar firmando esta petición.
2.
Articular una alianza profesional lo más amplia posible, que aísle a los
sectores qué han suscrito un acuerdo de apoyo, para rechazar esta Gestión
Clínica que plantea el Gobierno, que fragmentará y privatizará el sistema
sanitario público, y que no tiene nada que ver con la mejora de la integración
y de la efectividad del sistema.
3.
Ampliar y reforzar la alianza social y profesional en defensa del sistema
sanitario y de rechazo a estas medidas de desmantelamiento y privatización.
4.
Convocar medidas de movilización social y profesional que exijan la retirada de
las Unidades de Gestión Clínica.

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