La pobreza energética no es sólo una estadística, es una realidad
compuesta por verdades con nombre propio: Amparo, Luis, José y Leni cuentan sus
casos
14/02/2014 - 20:15h
Luis (en
el centro), uno de los afectados por la pobreza energética, junto a compañeros
de la PAH de Fuenlabrada. / Pablo Barroso
Mantener la vivienda a más de
18º no es una cuestión de comodidad. Insuficiencias respiratorias,
complicaciones cardíacas y mayor riesgo de sufrir problemas mentales son algunas de las
consecuencias de no poder superar este umbral marcado por la OMS
como seguro.
Más de 50 millones de personas
en Europa sufren la pobreza energética, según el Comité Económico y Social
Europeo, que en un reciente
informe alertaba de que la pobreza energética mata física y
socialmente.
En España, el 17,9% de los
hogares no pueden mantener la vivienda a una temperatura adecuada, según datos del INE. La
pobreza energética no es sólo una estadística, es una realidad compuesta por
verdades con nombre propio.
Amparo: "¿Cómo cocinamos
si no podemos usar la vitrocerámica?"
375 euros. 4 hijos en casa,
todos en paro. 311 euros. Amparo tiene la factura de Iberdrola en la encimera y
la enseña sin recelo, para demostrar que es de verdad, para convencer y
convencerse de que debe esos 311 euros. "No puedo pagarla y no sé qué
vamos a hacer. Todos los ingresos que tengo son los 375 euros de la
pensión".
Hace 27 años que Amparo se
quedó viuda y, actualmente, cuatro de sus ocho hijos viven en su casa, todos
sin empleo. Además, el piso quedó totalmente carbonizado en un incendio hace un
año y todavía se dibujan algunas marcas en las paredes. "Menos mal que
tengo a mi Alberto, que es muy habilidoso y ha arreglado toda la casa", dice
Amparo.
Alberto era oficial de obra
hasta que estalló la burbuja. Gran parte de los electrodomésticos y muebles que
hay en el piso son trueques que ha hecho con amigos a cambio de pequeños
arreglos en sus casas. Ni Alberto ni Amparo se plantean engancharse ilegalmente
a la red. "Eso sería como robar y nosotros no robamos", afirma
Amparo. Para Alberto una posibilidad sería usar velas pero "¿cómo
cocinamos si no podemos usar la vitrocerámica?". Ya ni se plantean poner
la calefacción, todos van con abrigo dentro de casa. "Tengo miedo de poner
la calefacción por la factura que pueda llegar", cuenta Amparo.
Ahora les preocupa la nueva
factura de la luz. "He visto que suben la parte fija y que dará igual que
consumas más o menos", dice Alberto y se pregunta: "Si nos suben el
fijo, ¿cómo vamos a ahorrar si ahora sólo usamos la luz para cocinar y poco
más?"
Luis, un nuevo candado para el
gas
A Luis le cortaron el gas hace
dos meses. Se retrasó con dos recibos y un día se encontró con que le habían
cortado el gas y le habían puesto un candado en la toma.
"Llamé a la policía y les
expliqué el caso. Les dije que con dos hijos pequeños no me iba a quedar sin
gas en invierno y que iría probando hasta descubrir la contraseña. El policía
me contestó que hay formas más fáciles de abrir un candado", relata. Así
que alquiló una cizalla, rompió el candado, volvió a conectar el gas y puso un
candado nuevo igual al otro. "Así, si se asoman los del gas, no notarán
nada raro".
Luis es otro parado más de la
construcción. Tras trabajar durante años manejando una grúa, pasó por varios
empleos hasta quedarse definitivamente sin trabajo y ya se ha quedado sin la
ayuda de 426 euros. "Ahora estamos con el plan Prepara, pero ahí te pagan
cuando quieren", explica. Y añade: "Para pagar la luz nos apañamos
siempre en el último momento, pero con el gas no pudimos".
A Luis no le preocupa mucho
pasar frío, pero sí que lo pasen sus dos hijos: "No puedo dejar a mis
hijos sin calefacción". Luis participa de manera muy activa en la PAH de
Fuenlabrada y este jueves se ha sumado en la paralización de un desahucio.
"Lo que tendría que hacer la Administración lo está haciendo el
pueblo", afirma mientras revisa la documentación de una familia que va a
ser desahuciada próximamente.
José, enganchado a una farola
A José los proyectos le hierven
en la cabeza. Sobrevive vendiendo el jabón que hace con aceite usado que le dan
otros vecinos de Fuenlabrada. "Ahora he empezado a trabajar el hierro y
estoy empezando a restaurar muebles y a arreglar bicis". Tiene en mente un
mecanismo para hacer huertos en las terrazas de las casas: "Creo que eso
se puede vender".
José trabajaba en una empresa
de telecomunicaciones hasta que le echaron: "Empezaron a contratar a gente
más joven a la que pagaban la mitad". Cuatro meses después de perder su
trabajo, tuvo que abandonar también su piso de alquiler. Pero aprovechó esos
cuatro meses de paro para buscar gente en su misma situación y unirse para
echarse una mano mutuamente. Así conoció a los que ahora forman la Plataforma
Hoy por Ti, que recientemente se ha regularizado como asociación.
"Después de irme del piso,
me metí en una nave donde la asociación guardaba la comida, y así la protegía
de las ratas y de los ladrones". El dueño decidió alquilarla y ahora vive
en otra nave que se usa como punto de encuentro y para hacer talleres. "En
esta estoy mejor, me han dejado un pequeño radiador que no da para mucho, pero
tengo agua".
José ha aprovechado el enganche
que la nave contigua había hecho a una farola de la calle y ha hecho uno
paralelo. "El agua la cojo con una tubería a la nave de al lado, que
también la tiene empalmada". "El problema de verdad son las
goteras", reconoce, y es que el techo de lata de la nave ya tiene varios
agujeros.
"Es más importante la
gente que el dinero. Yo puedo apañarme con 30 o 40 euros al mes porque tengo
gente cerca", explica. José apura el descafeinado de sobre con leche
caliente, se sumerge en su abrigo y se cala el gorro. Mientras camina, cuenta
cómo piensa hacer un huerto de patatas vertical usando neumáticos viejos.
Leni: "Si me dan el
alquiler social, pagaré las facturas"
A Leni tienen previsto
desahuciarla el viernes. Su hijo Rafa, de año y medio, tira las piezas de un
lego por mitad del salón y se pone a dar golpes a un radiador. "Ya no sabe
cómo llamar la atención, se pone así siempre que hay gente en casa",
comenta Leni mientras le sienta en su regazo.
Leni emigró de Brasil con sus
dos hijos y se instaló en Vallecas, donde vivía su madre. Durante un tiempo
trabajó de teleoperadora para Seat hasta que redujeron la plantilla en portugués.
También ha trabajado limpiando casas y "de lo que salga".
En Madrid, Leni ha tenido otros
dos hijos, el más pequeño es Rafa, que ahora se sube por el sofá agitando una
máscara de Spider-Man. "Ahora estoy en paro y cobro 426 euros de la RAI
[Renta Activa de Inserción], y con eso no tengo ni para un alquiler".
Leni y sus cuatro hijos se
instalaron en este piso hace dos meses, cuando el anterior dueño lo abandonó
por no poder pagar la hipoteca. Poco después, el marido de una amiga les
enganchó el gas y la luz. "¿Qué quieres que haga con 426 euros? Si tuviera
dinero, pagaría las facturas; pero no puedo, tenemos que comer".
Ahora lo que menos le importa
es si puede pagar la luz. Leni quiere quedarse en esa casa "porque mis
hijos aquí están contentos y tienen el cole cerca", y está en
negociaciones con la inmobiliaria para que le concedan un alquiler social.
"Si me dan el alquiler social, pagaré las facturas", dice mientras
vuelve a coger en brazos a Rafa, empeñado en crear una alfombra de panchitos en
el salón.
Las constantes subidas de la
luz y el desempleo prolongado han hecho de la pobreza energética una realidad
en España. Familias que no habían tenido problemas hasta ahora para hacer
frente a las facturas se ven en la tesitura de elegir entre cumplir con la
hipoteca, hacer la compra o pagar la luz.
Como señala Gabriela Jorquera,
de la Red de Lucha contra la Pobreza, "la pobreza energética afecta
directamente al derecho a una vivienda digna". Mientras miles de familias
sufren por poner la calefacción, el Gobierno rechaza una tregua invernal y las
eléctricas mantienen que cortar la luz responde a decisiones comerciales de las
empresas.
- Adelanto del especial 'Energía Oscura', realizado
por La Serrería y eldiario.es, que abordará en detalle diferentes aspectos
del sector eléctrico
Fuente: www.eldiario.es
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