Andalucesdiario.es
recorre la historia de la autonomía andaluza a través de sus antecedentes,
heridas, victorias y desafíos
Pablo Fraile
/ Sevilla / 13 feb 2014
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| Javier Verdejo. |
Las versiones sobre su muerte son contradictorias. “Tras terminar
la palabra pan y cuando se disponía a escribir con un spray negro la R
de trabajo, una linterna negra cegó durante segundos la vista de Francisco
Javier Verdejo”, contaba entonces Cambio 16 , “corrió
en dirección a la playa seguido por un número de la Guardia Civil del servicio
de vigilancia fiscal de costas: tras la voz de ‘alt0′, una bala penetró por la
garganta provocándole la muerte instantánea”. El Gobierno Civil explicó
entonces que todo fue un accidente: el guardia civil que lo seguía tropezó al
bajar unas escaleras y la pistola se disparó sola. Pero la versión oficial no
convenció a sus compañeros. La Guardia Roja replicó que el tiro se había
efectuado de frente, a una distancia de unos seis o siete metros. Una
investigación inconclusa, provocada por la decisión de la familia de Verdejo de
no denunciar -su padre fue alcalde franquista-, se ocupó de que la verdad no se
supiese nunca. La historia se repetiría una año después con la muerte de Manuel
José García Caparrós, rodeada de interrogantes.
El entierro de Verdejo escenificó la incredulidad que despertaba
la versión de la Guardia Civil. A él acudieron alrededor de 2.000
personas que le despidieron como un héroe, entre proclamas antifascistas.
“Impidieron que el féretro fuera introducido en el coche funerario y lo
llevaron a hombros gran parte del trayecto hasta el cementerio distante cuatro
kilómetros. Por el trayecto se gritaban consignas como: «Javier, hermano,
nosotros no olvidamos», «vosotros, fascistas, sois los terroristas» y «paz,
trabajo y libertad», entre otras”, contaba entonces el El País.
Verdejo tuvo la mala fortuna de reivindicar cambios en un momento
en el que aún había que pagar un precio demasiado alto. Cuando murió, no había
pasado ni un año desde la muerte de Franco. ”Las fuerzas del orden salían
del franquismo y estaban muy vinculadas a los aparatos del Estado”,
explica Fernando Martínez López, catedrático de historia contemporánea y
exalcalde de Almería, “cuando tomamos la calle fuimos duramente reprimidos”.
Como Verdejo, habitualmente implicado en movilizaciones sociales, muchos otros
empezaban a estrenar un régimen de límites difusos, a medio camino entre la
dictadura y los derechos que traería consigo la democracia. Se había dejado
atrás, pese a los palos, el miedo a reivindicar los cambios que Andalucía
necesitaba urgentemente. Protestas que pedían desarrollo económico y mejoras
laborales y empezaban a gritar alto por una libertad que tantos años se había
negado. “Fue una por una Andalucía libre y democrática, por un país donde
hubiera libertad y empleo”, recuerda Martínez.
La figura de Verdejo se ha difuminado con el paso de los años. A
diferencia de García Caparrós, nombrado hijo predilecto de Andalucía en 2013,
el almeriense no cuenta con ningún reconocimiento autonómico ni sitio destacado
en el relato de la historia. A diferencia de aquel, su lucha no giraba en torno
a la autonomía, pero en una tierra asfixiada durante la dictadura, libertad y
autogobierno era dos caras de la misma moneda. “Se debería reclamar un
reconocimiento a escala andaluza”, protesta Fernando Martínez, bajo cuyo
mandato se dedicó una calle al joven en Almería, “con el tema de la
transición modélica, se ha querido echar un velo sobre esos momentos”. El
mismo que también cayó sobre los tres albañiles que murieron en una manifestación
en 1970 en Granada. De momento, Verdejo se tendrá que conformar con los
versos que le dedicó Alberti: “Pintad con mano segura, la Libertad en la
luz, no en una prisión oscura”.
Fuente: http://www.andalucesdiario.es/

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