Darío Díaz Álvarez | Economista. Gabinete Técnico CCOO
de Asturias
nuevatribuna.es
| 12 Febrero 2014 - 19:20 h.
Siguiendo el
punto de vista de un gran experto en sindicalismo como es Faustino Miguelez (La
democracia en los Sindicatos. Gaceta Sindical nº 25), muchos trabajadores
cuestionan la representatividad de los Sindicatos porque éstos solo piensan en
sus intereses laborales o en el núcleo de trabajadores seguros o, en general,
de las grandes empresas.
Por ello,
entiende que el sindicalismo no debe encerrarse sólo en las empresas, a través
del Comité de Empresa o de las Secciones Sindicales, sino que deben desarrollar
mucho más a fondo el sindicalismo territorial.
Este es un
viejo debate que se viene produciendo desde hace años en el seno de los
Sindicatos (fundamentalmente en CC.OO.), acerca de la organización sindical, a
través de los sectores o de los territorios. Mi punto de vista se va a centrar
en su representación institucional y/o territorial que me parece
constituye una de las piezas claves en los tiempos que corren, puesto que a
través de ella se muestra su capacidad de participación no sólo en las empresa
(imprescindible) sino en el conjunto de la Sociedad y en la defensa del Estado
de Bienestar.
En cualquier
caso, este debate también lo encontramos en el conjunto de la Unión Europea,
fundamentalmente en aquellas sociedades más consolidadas social y
económicamente y en los que el papel del Sindicato es algo más que una
fuerza que defiende los intereses de la clase obrera (Ver, a este
respecto, el artículo de Pere J. Beneyto sobre “Fortalezas y debilidades del
sistema español de representación sindical, publicado en Gaceta Sindical.
Reflexión y debate, nº 16)
Su papel
enlaza con la fuerza de le da la representatividad en el marco de la
participación institucional e incluso en la gestión sindical de recursos
públicos y políticas activas de empleo (modelo sindical escandinavo) y en donde
el trabajador se puede ver representado como ciudadano que vive, se relaciona
socialmente y participa en la economía, la política social, la cultura y el
ocio y también, porqué no decirlo, forma parte de esa clase media que, sin
ningún tipo de ínfulas pequeño-burguesa, desarrolla sus reivindicaciones
sociales y políticas en defensa de una sociedad más justa y equitativa.
Bajo este
punto de vista, los Sindicatos en España, aún muy lejos de los modelos
nórdicos, fueron ganando terreno en los ámbitos socioeconómicos e
institucionales que les permitió desarrollar una labor que no acababa en la
negociación colectiva, EREs, despidos, conflictos colectivos,… sino que
alcanzaban pactos sociales, foros de encuentro, organismos públicos
pluralistas, en los que siempre la base institucional no estaba ni está reñida
con la labor de crítica o de búsqueda de avance sociales.
Como puro ejemplo
práctico cabe señalar que, solamente en Asturias, los Sindicatos mayoritarios
(UGT y CC.OO) participan en unos 76 organismos de carácter público formado por
distintos Consejos, Fundaciones, Institutos, Comisiones Ejecutivas, Foros y
Sociedades, al margen de las distintas Mesas de Trabajo integradas en estos
organismos y sin contar con la participación institucional de los mismos
sindicatos en otros ámbitos territoriales (comarcas, concejos, etc…)
Esta labor,
desde mi punto de vista, debe seguir desarrollándose, pero de forma
institucionalizada, no solamente sujeta a los vaivenes políticos ni mucho menos
amparados en la docilidad que supondría la sujeción a la obtención de recursos
fáciles, pues la voz del trabajador ha de ir mucho más allá del propio centro
de trabajo. Hay que tener en cuenta que este trabajo tiene que tener una
compensación pues la participación en estos organismos territorializados
implica algo más que la toma de posición ante determinados temas o propuestas,
necesita el trabajo de muchos profesionales y técnicos que deben supervisar
numerosos documentos y elaboraciones técnicas (labores que en muchos casos la
propia UE demanda a los agentes sociales) y que, en cualquier caso, debe de ser
compensados económicamente.
Es evidente
que se han cometido algunas tropelías bajo este enfoque o partiendo de estas
ideas (EREs, formación,…etc) pero no tiene porqué desviarnos del objetivo
anteriormente señalado.
A la derecha
social, económica y mediática (aunque a veces es todo lo mismo) le interesa
encerrar a los sindicatos de clase en los centros de trabajo, en una labor
sindical que entendemos es encomiable pero que puede dejar fuera de este campo
de acción a una parte muy importante del sistema productivo que son las
empresas pequeñas
Y termino, como
empecé, tomando una nueva cita de Faustino Miguélez: Hace 40 o 50 años los
trabajadores se enfrentaban con sus empresarios y su Estado para dirimir la
distribución de la riqueza creada.(…). En el nuevo escenario entran ahora
empresas multinacionales, instituciones europeas y mundiales que han
internacionalizado el escenario, pero no estén entrando los trabajadores y los
ciudadanos de los países. Ese es el paso que falta.

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