ANTONIO GALA
Actualizado: 16/02/2014 19:58 horas
LA IGLESIA es tanto lo que dice como lo que se calla. Rouco y ella, y el
comportamiento de ambos, durante mucho tiempo -nuestras vidas no duran- han
hecho mucho daño. Un mal ejemplo puesto a la luz tiene pésimas consecuencias;
pero ocultado y luego descubierto nos daña más aún. La buena voluntad auténtica
nutre siempre las mejores consecuencias. En realidad, todo lo que sea impuesto
nos transforma en contra de nosotros mismos. Siempre se ha aproximado aquí la
gente malvada a la sombra de la Iglesia por esconder o compartir terrenos. Y la
Iglesia ha callado también por conveniencia: los papas feroces y algunos con
halos de santidad. Es la actitud que a mí me rebeló de la Iglesia; su afán por
el dinero, su amistad sordomuda con el poder; su indiferencia por la bondad
auténtica, cuya modestia para nada le sirve; la trascendencia que dio ella,
antes sobre todo, a la política, como si fuese más cotidiana, familiar y
redentora que la religión (si hay dios, ya pagarán los sagrados colegios
episcopales o cardenalicios su indiferencia; si hay dios, no cabe sino la
pasión de las hogueras, símbolos de vida y muerte). La religión ya no llena las
vidas: la política no la ha sustituido; la humanidad ni la ha llegado a
considerar una virtud, sino una triste manera de actuar, que no sirve ni para
salvar la vida de los emigrantes.
Fuente: www.elmundo.es

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