Bruselas pone en
duda los acuerdos con Berna y amenaza con revisar su pertenencia a Schengen
tras el referéndum que impone cuotas a la inmigración europea
Ciudadanos protestan por el
resultado de las votaciones en Zurich. / Steffen Schmidt (AP)
La Unión Europea
ha tomado como una afrenta la decisión del
pueblo suizo de poner coto a la inmigración comunitaria.
Diplomáticos y funcionarios europeos revisan a toda
prisa las consecuencias de una decisión que quiebra el estrecho
vínculo mantenido hasta ahora entre ambos territorios. Acabar con la libre
circulación de personas implica también la pérdida de otros derechos, entre
ellos la privilegiada relación comercial que existe con Suiza. "No podemos
aceptar esas restricciones en los movimientos sin que tengan impacto en el
resto de acuerdos que tenemos firmados", aseguró ayer la portavoz de la
Comisión Europea. Uno de cada tres francos de riqueza suiza proviene de sus
intercambios con la UE.
Fuente: Oficina Federal de
Estadística de Suiza. / EL PAÍS
La confederación helvética es el
Estado con el que la UE guarda una relación más estrecha, con 120 acuerdos
bilaterales. Participa en las becas Erasmus,
en los programas de investigación, en el espacio Schengen de libre circulación
y en la información estadística de Eurostat. Todo eso puede
ahora verse afectado por la crisis política que ha abierto el referéndum
celebrado el domingo contra la llamada inmigración de masas. Un
ajustadísimo 50,3% de la población aprobó introducir cuotas a la entrada de
europeos y renegociar los acuerdos bilaterales entre ambos bloques.
Con ese escenario en mente, los
Estados miembros evidenciaron ayer su malestar contra la iniciativa popular
suiza. Uno de los más rotundos fue el ministro alemán
de Exteriores, Frank-Walter Steinmeier: "Si Suiza se aprovecha
de los beneficios, también tiene que aceptar los aspectos negativos [de su
relación con la UE]". La comunidad de trabajadores extranjeros más
numerosa en Suiza está compuesta por alemanes, que se sienten concernidos por
la decisión.
También el ministro francés
de Exteriores, Laurent Fabius, lo consideró "un voto preocupante
y paradójico porque implica el repliegue de un país que realiza el 60% de su
comercio exterior con la Unión Europea". Los ministros de Exteriores,
reunidos en Bruselas,
realizaron ayer un primer análisis de este giro suizo a su política migratoria.
Pese a las palabras de rechazo vertidas, en última instancia el referéndum del
país vecino enfrenta a Europa con sus propias contradicciones. Porque la
iniciativa sometida a referéndum es similar a las propuestas informales que ha
lanzado Reino Unido
para imponer cuotas a los propios ciudadanos comunitarios y se nutre de la
creciente ola xenófoba y euroescéptica que recorre el continente. Prueba de
ello fue la reacción de Marine Le Pen,
líder del ultraderechista
francés Frente Nacional, que saludó "la lucidez del pueblo
suizo para luchar contra la inmigración masiva", y aventuró que si los
franceses fueran consultados sobre la cuestión, "votarían masivamente a
favor". Nigel Farage,
del populista británico UKIP, lo consideró "una maravillosa
noticia" y el holandés de
extrema derecha Geert Wilders concluyó: "Eso que pueden hacer los
suizos lo podemos hacer también nosotros".
La realidad, sin embargo, es mucho
más compleja. Todos los estudios demuestran que la libre circulación ha
beneficiado enormemente a Suiza, un Estado de ocho millones de habitantes —el
23% de ellos, extranjeros— cuya economía estaba ralentizada en los noventa y
comenzó a crecer con fuerza con la desaparición de fronteras para los europeos
en 2002. Las empresas del país necesitan mano de obra del exterior —en gran
medida cualificada— para atender sus necesidades de innovación. Más de la mitad
de los extranjeros en Suiza tienen un título universitario. Con este trasfondo,
a Bruselas le cuesta creer que los ciudadanos de ese país hayan optado por
renunciar a toda la relación bilateral. "No creo que en el debate que ha
habido en Suiza se hayan expuesto bien todas las consecuencias que implica esa
decisión", subraya un alto cargo europeo.
De momento, Bruselas va a esperar a
ver cómo el Gobierno suizo interpreta el voto del pueblo, que tendrá que
trasladar a una ley. Pero la Comisión es consciente de que lo aprobado
(introducir cuotas, posibilidad de limitar las prestaciones sociales y
renegociar en tres años los acuerdos bilaterales contrarios a esta idea) ofrece
poco margen de maniobra. El Ejecutivo federal suizo tiene la intención de
empezar a aplicar ya el mandato del referéndum, aunque probablemente todo el
proceso legal consuma varios años.
No se demorará tanto el impacto
político de este nuevo escenario. Para empezar, la Comisión congelará los
contactos para que Suiza participe en el gran programa de investigación europeo
Horizonte 2020 y en las becas Erasmus de los próximos años si Suiza paraliza un
proceso que hasta ahora parecía puro trámite. Se trata del acceso de Croacia,
miembro comunitario desde el pasado julio, a la libre circulación de personas.
Es muy probable que las autoridades suizas decidan frenarlo a la vista de que
contraviene claramente lo aprobado este domingo.
Los representantes de los Estados
miembros debían dar este mismo miércoles el visto bueno para negociar un nuevo
marco institucional que estrecha lazos entre Berna y Bruselas. Todo está ahora
en entredicho, ante el más que probable repliegue suizo.
Las autoridades
europeas mostraban ayer más estupefacción que enfado ante el movimiento de sus
vecinos. Los diplomáticos —y la mayor parte de las fuerzas políticas
y económicas en Suiza— confiaron hasta última hora en que la ciudadanía
rechazaría algo que le perjudica económicamente. Alrededor de un millón de
europeos trabajan en territorio helvético y otros 230.000 cruzan la frontera
diariamente para trabajar en un país donde la tasa de paro no excede del 3%.
Además, otros 430.000 suizos viven en alguno de los 28 países de la UE. Todos
estos ciudadanos quedan ahora "en un limbo", según el citado alto
cargo comunitario, aunque otras fuentes aseguran que las novedades no se
aplicarán de manera retroactiva.
Una de las mayores inquietudes para
la UE consiste en aclarar cómo gestionar el espacio Schengen de libre
circulación con la nueva situación que impone Suiza. Aunque esa apertura de
fronteras no está directamente ligada a los cupos a extranjeros, fuentes
comunitarias avanzan que la UE denunciará los acuerdos en el momento en que
Suiza empiece a realizar controles fronterizos, algo contrario a las reglas del
espacio Schengen.
Fuente: www.elpais.com


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