El 11 de febrero de
1873 nacía la Primera República, una etapa histórica fundamental, al tratarse
de la primera experiencia republicana y democrática en España.
nuevatribuna.es | Por Eduardo
Montagut | 09
Febrero 2014 - 15:33 h.
El
11 de febrero de 1873 nacía la Primera República. Aunque sea de forma breve,
nos acercaremos en su efeméride a esta etapa histórica fundamental, al tratarse
de la primera experiencia republicana y democrática en España.
Ante
la abdicación del rey Amadeo I el 10 de enero de 1873, las Cortes, en sesión
conjunta del Congreso y Senado, proclamaron la República por 285 votos contra
32 al día siguiente, pero este hecho no consiguió estabilizar la agitada vida
política española, ya que a los problemas heredados - levantamiento carlista y
guerra de Cuba-, se añadió en el seno del republicanismo la división entre
unitarios y federalistas. Por otro lado, se agudizaron las diferencias entre
los federalistas más moderados y los intransigentes a la hora de establecer el
federalismo, ya fuera desde arriba, ya desde abajo. En esta etapa, además, hay
que tener en cuenta la presión social que asociaba la República a la necesidad
de reformas importantes en favor de las clases populares, como serían la
eliminación de los consumos -impuestos indirectos-, o el sistema de quintas,
sin olvidar las cuestiones salariales y de limitación de la jornada laboral.
Fuera del ámbito republicano y democrático, los sectores contrarios al
establecimiento de un sistema político plenamente democrático trabajaban para
liquidar la República, ya fuera desde el extremismo carlista, ya desde las
posiciones monárquicas alfonsinas.
La
República tuvo cuatro presidentes: Estanislao Figueras, Francisco Pi i
Margall, Nicolás Salmerón y Emilio Castelar.
En
el período de Figueras se dio un pronunciamiento por parte de los
radicales, aunque fracasó. Este hecho motivó que Martos y Serrano huyeran a
Francia. En mayo se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes en las que
triunfaron los republicanos federalistas con una aplastante mayoría de 344
diputados sobre 391. En la primera votación se proclamó la República
Democrática Federal.
Pi
i Margall accedió a la presidencia de la República el día 11 de junio. El
nuevo presidente fracasó a la hora de establecer desde arriba una estructura
federal de forma ordenada. La insurrección cantonalista se extendió con gran
rapidez en gran parte del este y sur peninsulares. Los cantones serían unidades
políticas inferiores a partir de las cuales se debería formar la federación
española, es decir, era un movimiento que pretendía montar la estructura federal
desde la base. El cantonalismo tuvo un evidente componente social
reivindicativo, por lo que debe ser entendido, a su vez, como una reacción ante
la posible derechización de la República. Alcoy y Cartagena fueron las
principales ciudades que se proclamaron cantones. Fue muy complicado reprimir
el cantonalismo, no sólo por su extensión, sino, también porque coincidió con
la presión carlista. Estos levantamientos provocaron la dimisión de Pi i
Margall, a pesar de que intentó frenar el movimiento a través de una avanzada
legislación social: regulación del trabajo infantil, abolición de la esclavitud
en Cuba y un proyecto de reorganización del ejército.
Pi
i Margall presentó a las Cortes un proyecto de Constitución para la República
federal, aunque la discusión parlamentaria no comenzó hasta agosto, con
Salmerón en el poder, cuando casi todos los cantones habían sido derrotados.
Pero los graves problemas del período alargaron mucho el proceso constituyente.
La Constitución de 1873 recogía una estructura federal del Estado: España se
organizaría en municipios, estados regionales y el Estado federal o Nación.
Además, se establecía la soberanía popular con sufragio universal. Por vez
primera, se proclamaba la separación entre la Iglesia y el Estado. Esta
Constitución nunca entró en vigor, pero tiene una gran trascendencia histórica
porque diseñaba una democracia y un modelo de organización territorial no
centralista.
Salmerón
se convirtió en presidente en el mes de julio. Su objetivo fue restablecer
el orden y envió el ejército para sofocar el movimiento cantonalista. La
represión fue intensa. En agosto casi todos los cantones se rindieron, aunque
Málaga resistió hasta mediados de septiembre y Cartagena hasta enero de 1874.
Con Salmerón, la República inició un viraje hacia posiciones más moderadas.
Pero no duró mucho en su cargo porque dimitió por problemas de conciencia al no
querer firmar sentencias de muerte impuestas por la autoridad militar.
Castelar
alcanzó la presidencia en septiembre, representando el triunfo de la
República conservadora. Aunque fue el presidente que terminó el proyecto
constitucional federal, era defensor de una República centralista, por lo que
postergó la discusión y aprobación del texto. Movilizó a los reservistas para
intentar acabar con las últimas resistencias cantonalistas y las guerras
cubana y carlista. Además, firmó las penas de muerte que Salmerón había
rechazado, y permitió el regreso al país de los dirigentes de los partidos
radical y constitucional, Serrano entre ellos. El final de la República se
precipitó cuando se reanudaron las sesiones de las Cortes el 2 de enero de
1874. Ese día, Castelar debía rendir cuentas de su labor de gobierno
desarrollada desde su toma de posesión. El presidente defendió la importancia
de separar la Iglesia del Estado pero no aludió a la necesidad de que se
aprobase el proyecto constitucional. La cámara negó la confianza a Castelar y,
por consiguiente, dimitió. La posibilidad de que el poder recayese de nuevo
sobre los federalistas ofreció un pretexto para el golpe de estado de Pavía,
capitán general de Madrid, que en la madrugada del día 3 ocupó el Congreso y
disolvió la cámara. De esta manera se puso fin al régimen republicano, aunque
oficialmente España siguió siendo una República hasta finales de año.
El
general Serrano presidió un nuevo gobierno provisional (dictadura) que tuvo
como objetivo restablecer el orden público, controlar a los carlistas y
continuar la guerra en Cuba. En diciembre de 1874, el general Martínez Campos
se sublevó en Sagunto y proclamó rey a Alfonso XII, hijo de Isabel II. Los
intereses de la oligarquía española habían triunfado, aunque no a través del
método que había diseñado Cánovas del Castillo para que regresara la monarquía
a España.

No hay comentarios:
Publicar un comentario