Memoria Histórica | Rafael Espino Navarro | 14-02-2014 |
EL VIEJO REPUBLICANO. La
peseta.
Autor:
Rafael Espino Navarro
“La mayor parte de mis compañeros ya han muerto, otros, hace mucho que renunciaron
… a sus
principios e ideales…
que también eso es morir”. Yo sin
embargo, sigo
vivo.”
Aún recuerdo su lento y pesado andar que detonaba la avanzada edad de
José Manuel, “el viejo republicano”, como a mí me gustaba llamarlo. El prefería que le llamasen Manolo, a
secas. Siempre le llamaron así. Su mascota calada siempre sobre la cabeza, el gastado bastón
siempre blandido con su mano izquierda y
su blanca blusa de verano y pelliza en invierno fueron
siempre compañeros inseparables en los últimos años de
su vida, como antaño en otros tiempos lo
fueran la mula, la azada y el serón.
Tiempos que el recordaba bien, con nostalgia, con cariño,...
lejanos tiempos en los que Manolo amó su profesión de jornalero. El campo, su campo... la
tierra,
su tierra, que para él lo era
todo.
Lo de
llamarle “viejo” siempre fue
un calificativo ingenuo,
casi inútil por mi parte. A él le
gustaba. Se sentía con ello más querido,… y sentía más fuerte los
lazos que nos unen a las
personas través de esa sencilla y
noble palabra...
me decía en muchas ocasiones, en
las
que no quise llamarle
así. Casi era obligado. Pero para mí su serenidad, sabiduría, comprensión
y ganas de vivir chocaban de forma frontal
que esa palabra. Manolo seguía
siendo en el fondo ese niño que
todos de alguna forma llevamos dentro.
Un niño si,…
un niño abnegado, apasionado,
y muy sentimental.
Detrás de su profunda mirada pude muchas veces contemplar la dureza de la vida que le tocó vivir. Sus largos y duros años de infancia, obligado a ser un hombre desde muy
pequeño. Él lo cantaba muy bien… “lo único que he hecho en toda mi vida ha sido trabajar. Desde
los ocho años trabajando… de sol a
sol. Sin derecho a nada. La guerra civil, me arrebató a mis dos
hermanos y la posguerra a mi
joven
esposa. ¿Dónde va el buey, que no are? Trabajo… trabajo e injusticia.”
Esa
injusticia a
la
que Manolo alude, templó su carácter, y… se
forjo un rebelde.
Apenas tenía 20 años cumplidos y ya militaba en el Partido Socialista Obrero
Español. En la
primera Agrupación Local Socialista de Aguilar de la Frontera, junto a sus hermanos y sus primos. Muy orgulloso, con la cabeza alta y los
dientes apretados, contaba...
“... siempre
he sido un hombre razonable y abierto. Siempre he respetado la ideología
de los demás. No soy comunista, soy socialista y republicano. Socialista de los de antes... no
de los de ahora. Siempre lo seré, he
pasado la vida acuartelado en mis ideas, confío en ellas y
por eso no me ha gustado
nunca diferir de las de los otros.”
Republicano y socialista. Eso decía... marcó su forma de ser. Durante su vida, trató con las personas
más
diversas, visitó los lugares más dispares, pero siempre bajo el respeto a la
libertad y
a la defensa de los derechos humanos.
Defendiendo sus ideas...
“… creo
que el socialismo,
está por encima de las personas,
de sus intereses, y sigue siendo la única forma, la única alternativa al sistema capitalista para cambiar las injusticias de este mundo.”
Buscando entre sus bolsillos extrajo una raída cartera de dónde sacó un carnet de militancia
socialista antiquísimo,
del año 31.
“... s siempre... siempre milité, a pesar del peligro que supuso en algunas ocasiones. Solo por encontrarte esto te mataban. Te
jugabas la vida todos los días. Pero a pesar de todo corrí
ese riesgo de forma totalmente voluntaria. Por respeto y honor a mis compañeros caídos.
Por la convicción de mis
ideales. Los míos, que no intento
imponer por la fuerza a nadie...
”
“La
mayor parte de mis compañeros ya
han muerto, otros, hace mucho que renunciaron… que también
es morir”. Yo sin embargo, sigo
vivo.”
Cuando apenas le faltan unos minutos para que
concluya su particular forma de explicarse, me mira y sonríe mientras al guardar la raída cartera vuelve a extraer del bolsillo un pequeño
y brillante objeto que no logro ver muy bien, y que aprisiona entre sus manos. Cogiendo
fuertemente las mías,
visiblemente
emocionado, me dice...
… “nunca he creído en la ley del
más
fuerte”. Por eso
elegí
ser republicano.
Contar con la gente, con
el pueblo es lo más importante, no lo olvides nunca. La República trajo a España una luz distinta, un aire diferente. Fue algo inexplicable. Su olor
especial lo inundaba
todo. Olor a trabajo, a libertad
y justicia. Pero
siempre contando con la
gente… con el pueblo.
Entre mis manos dejó suavemente caer un objeto redondo y brillante. Una pequeña
moneda. Una peseta republicana de 1937.
“... guárdala,
es para
ti... La he llevado toda
mi vida siempre
encima.
Me ha ayudado siempre a recordar. A no olvidar nunca, la lucha y sacrificio de todos nosotros. Los años de cárcel y los cientos de miles de compañeros asesinados
en la lucha por la libertad.
En los momentos de duda, me hizo ver que mi noble y personal utopía está por encima de las equivocaciones
de los hombres y de los partidos.
Lo que cuenta es el pueblo. Tómala, es tuya.”
Manolo, murió, hace ya unos cuantos años. Creo… o al menos quiero creer,
que una vez más, cuando se vio solo
y desnudo ante sí mismo, por última
vez en su vida, frente a la muerte,
volvió a levantar su
voz convertida ya en grito,
que nadie nunca podrá acallar, con la
fuerza que emanaba de aquel hombre tan sencillo y a la vez transcendente, reclamando insumisión y libertad, contando con la
gente,
con el pueblo.
Su ejemplo, me enseñó que “... cada generación tiene la razón de su tiempo.
El tiempo que les tocó vivir.” Su
peseta me acompaña siempre, como a él... desde
aquel día. Yo como él jamás me dejaré morir
nunca...


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