El 24 de febrero de
1974 el obispo de Bilbao publicó una pastoral que llamaba al reconocimiento de
la singularidad y la identidad cultural del pueblo vasco. El Gobierno de Arias
Navarro le impuso arresto domiciliario y le 'invitó' a salir del país. Tarancón
llegó a escribir una carta de excomunión a Franco y a todos sus ministros
ALEJANDRO
TORRÚS Madrid 16/02/2014 08:38 Actualizado: 16/02/2014 08:38
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| El cardenal Vicente Enrique y Tarancón. |
Durante
los últimos días del mes de febrero de 1974 la historia de la dictadura
franquista y del Estado español pudo dar un giro radical, al menos, por unos
días. Durante algunas horas el cardenal de Madrid, Tarancón, tuvo en su
poder una carta de excomunión firmada contra todos los ministros de la
dictadura; el presidente del Gobierno, Arias Navarro; y, por supuesto, el jefe
del Estado, Francisco Franco. La carta debía ser entregada en la misma mano de
Franco para que surtiera efecto. Sólo unas reuniones de última hora evitaron
que se produjera "la catástrofe".
Según
ha revelado una fuente bien informada del Palacio de El Pardo, esta reunión de
última hora se produjo entre Tarancón y el dictador en la propia residencia del
dictador. Franco, ya muy mayor, afirmó no saber nada de lo ocurrido días atrás
ni de la intención de su Gobierno de expulsar al obispo de Bilbao por una
homilía que, según el Gobierno, atentaba contra "la unidad de
España". Y cuando tuvo conocimiento de lo que había sucedido, y de lo que
pudo llegar a suceder, su excomunión, no daba crédito. Finalmente, todo quedó
en un susto.
Esta
historia de intrigas, reuniones secretas, llamadas a horas intempestivas y
amenazas varias, comenzó con la homilía escrita por el obispo de Bilbao, Monseñor
Añoveros, que debía leerse en todas las iglesias de su diócesis el domingo
24 de febrero de 1974. La homilía venía a decir que el Estado español debía
respetar el "pluralismo social y cultural existente en el país".
"La liberación de los pueblos y su desarrollo solidario dentro de la
familia humana es también una exigencia de la universalidad o catolicidad del
cristianismo", señalaba la homilía, que profundizaba aún más en el caso
vasco:
"El
pueblo vasco, lo mismo que los demás pueblos del Estado español, tiene el
derecho de conservar su propia identidad, cultivando y desarrollando su
patrimonio espiritual (...) Sin embargo, en las actuales circunstancias, el
pueblo vasco tropieza con serios obstáculos para poder disfrutar de este
derecho. El uso de la lengua vasca, tanto en la enseñanza en sus distintos
niveles, como en los medios de comunicación está sometido a notorias
restricciones. Las diversas manifestaciones culturales se hallan también
sometidas a un discriminado control", denunciaba la homilía escrita por el
obispo Añoveros, quien había actuado como voluntario en la Guerra Civil como
capellán de un Tercio de Requetés.
El
texto fue interpretado por el presidente del Gobierno, Arias Navarro, y
su núcleo duro de ministros como un "ataque a la unidad de España" y
contra "las leyes fundamentales del reino" por lo que el obispo
Bilbao quedó desde el miércoles 27 de febrero bajo arresto domiciliario. Así se
lo comunicó el propio obispo de Bilbao al presidente de la Conferencia
Episcopal, el cardenal Tarancón, en una llamada telefónica recogida en las
memorias del cardenal: "El jefe de la policía, en nombre del ministro de
la Gobernación, ha venido a verme para darme la orden de que quedo detenido en
casa. También han dado la misma orden al vicario de Pastoral, Ubieta".
La amenaza del destierro
El
conflicto ya había estallado. El Gobierno estaba que echaba chispas por la
homilía pronunciada en Euskadi y la primera consecuencia había sido el
arrestado domiciliario del obispo. No sería la única. El ministro de Justicia
acudiría esa misma tarde a visitar a Tarancón en su domicilio con la intención
de que el cardenal forzara la salida del país de Añoveros con destino a Roma. "Puede
hacerlo con la excusa de que vaya a informar sobre lo sucedido", le dice
el ministro de Justicia, Francisco Ruiz, a Tarancón. Esa misma tarde, el
ministro de Asuntos Exteriores se reuniría con el nuncio monseñor Dadaglio
para exponerle exactamente lo mismo: Añoveros debía salir de España en
dirección a Roma y permanecer fuera de España un plazo de entre "diez y
doce meses" y "jamás regresar a Bilbao".
Tarancón
reprochó al ministro de Justicia la reclusión del obispo en su domicilio.
"Los ánimos están muy exaltados en Bilbao, particularmente en los grupos
de extrema derecha y en los ambientes militares. Sería una lástima que pasase
cualquier cosa que todos pudiéramos lamentar", trató de justificar el
ministro. "Luego se trata de un destierro. Usted que es magistrado y que
ha sido Presidente del Tribunal Supremo sabe perfectamente lo que esto
significa. Y no olvide que, por lo que veo, se trata de un destierro a un
obispo sin la sentencia de un juez", contestó el cardenal a Ruiz
El
Gobierno parecía estar "dispuesto a llegar hasta el final", incluido,
afirma Tarancón, "la ruptura de relaciones con la Iglesia". Entre
tanto, Tarancón, como recoge en sus memorias, publicadas por la editorial PPC,
se preguntaba si Franco conocería este asunto: "No puedo creer que
Franco esté al tanto. El Caudillo es mucho más listo y más sagaz para dejarse
enredar por este incidente casi al final de su vida, a no ser, como aseguran
algunos, que el Caudillo tenga ratos de casi inconsciencia y le hayan
sorprendido en alguno de ellos", escribe el cardenal Tarancón.
La pena del destierro es
la excomunión
El
domingo 3 de marzo se desata la locura. El sacerdote Martín Descalzo, y
ex director de Vida Nueva, telefonea a Tarancón y le informa que el Gobierno
acaba de dar la orden de salida de España a monseñor Añoveros. Un avión le
estaba en el aeropuerto. La siguiente llamada que recibe el cardenal procede
del propio Añoveros, que le confirma que el jefe de la policía le ha dado orden
por teléfono de que se prepare, porque le ha de acompañar dentro de media hora
a un viaje al extranjero.
Añoveros,
ni cortó ni perezoso, contesta al jefe de Policía que, según el Derecho
Canónico, hay excomunión para quienes impiden "la libertad de acción de un
obispo" y que él no puede abandonar su diócesis sin "permiso del
papa". Las cartas ya están sobre la mesa. El Gobierno ha declarado
abiertamente su intención de expulsar al obispo y monseñor Añoveros no ha
dudado en recordar que la consecuencia de esta acción es la excomunión.
Una
vez llegados a este punto se recrudecen las llamadas desde la Santa Sede a la
nunciatura de Madrid, del Gobierno a los obispos y de nunciatura a los
ministros. El conflicto se estaba yendo de las manos y había que frenarlo
porque las consecuencias podían ser muy graves tanto para el Estado franquista,
que podría perder su principal pilar de apoyo, y para la Iglesia, que gracias
al Concordato de 1953 gozaba de tantos privilegios en España.
Cumbre en El Pardo
Es
ente punto donde el cardenal Tarancón se pregunta si Franco está al tanto de
las consecuencias del conflicto. Él no tenía dudas de que Franco era más audaz
que lo demostrado hasta ahora por su gobierno. De este modo, Tarancón acude a
El Pardo para reunirse con el dictador por vía oficial. Sin embargo, no se le
permite la entrada. El cardenal recurre entonces al capellán de El Pardo, monseñor
Bular, para que le consiga un acceso extraoficial. Tarancón nunca aclaró
públicamente en vida si consiguió acceder a Franco.
Una
fuente presencial de esta visita de Tarancón al Pardo, cerca de ambas partes,
da testimonio, sin embargo, del éxito de Tarancón en su propósito.
"Tarancón se reunió con Franco. Le expuso que si continuaban en su propósito
de expulsar al obispo tendrían que excomulgarlo a él y a todo su gobierno. Fue
entonces cuando Franco afirmó que no sabía nada", señala esta fuente que
prefiere mantenerse en el anonimato.
Acto
seguido, Franco mantendría una reunión con Arias Navarro y el avión, que
esperaba al obispo de Bilbao para su expulsión del país, desapareció del
aeropuerto sin dejar rastro. El peligro de expulsión había desaparecido y, por
extensión, la excomunión de Franco también. El conflicto continuaría varias
semanas más en otro tono, con el problema del nacionalismo vasco entremedias y
con acusaciones a la Iglesia vasca de pertenecer al entorno de ETA. Sin
embargo, más reuniones y más conversaciones entre altos cargos de la Iglesia y
del Estado apagarían el fuego por propia conveniencia.
"Eso a vosotros no
os importa ya"
La
versión facilitada a Público no es la única existente sobre cómo se resolvió
este conflicto y cómo terminó la amenaza de excomunión a Franco. Santiago
Calvo, quien fuera secretario particular del cardenal Marcelo González
-Primado de España y arzobispo de Toledo de 1971 a 1993-, señaló en el año
2013, en declaraciones a Europa Press, que la reunión que consiguió desbloquear
la situación fue la mantenida por el cardenal Marcelo y el propio
Franco, de 28 minutos de duración, la mañana del 4 de marzo de 1973.
Sea
como fuere, Franco consiguió evitar la excomunión y la ruptura de los acuerdos
con la Santa Sede. Tarancón moriría en 1994 y dejaría siempre la incógnita de
si llegó a reunirse con Franco para evitar su excomunión y de si llegó a
mostrar a Franco la carta que tenía preparada para su excomunión. "Cada
vez que le hemos preguntado al cardenal Tarancón si en aquella reunión tenía en
el bolsillo la orden de excomunión al propio Franco, el cardenal nos miraba con
una sonrisa y con su habitual aire socarrón contestaba: 'Eso a vosotros no os
importa ya. Es algo que ya sucedió y que quedó atrás'", sentencian las
fuentes contactadas por Público.
Fuente: www.publico.es

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