María Dolores Amorós |
Catedrática de Lengua Española
nuevatribuna.es | 10 Febrero 2014 - 15:17
h.
No
podíamos dar crédito a las palabras de uno de los abogados de Cristina Infanta,
Jesús María Silva, cuando hace un mes afirmaba su total convencimiento de
la inocencia de su defendida, que "pasa obviamente por su fe en
el matrimonio y el amor por su marido". La Infanta acababa de ser imputada
por el caso Nóos. El argumento del "amor" fue reiteradamente
expuesto por este letrado hasta tal punto que muchos pensamos que se nos estaba
tomando el pelo -como es habitual-, pero que nunca iban a esgrimirse tales
argumentos en algo tan serio como debería ser un juicio.
Llegó
el momento el 8 de febrero. El juez Castro, la única persona
decente en todo este proceso, ha soportado todas las presiones impensables. Su
integridad se ha mantenido firme pese a los improperios de personajes del mundo
judicial y fiscal y de algunos indecorosos medios cavernarios. En la ciudad de
Palma las medidas de seguridad alcanzaron límites insospechados para mantener
la "protección" de la Infanta. Ello conlleva que más de
20.000 euros salgan de nuestros bolsillos.
El
circo se ha consumado. El bufete de los prestigiosos abogados, con Roca Junyent
al frente -aquel 'padre' de la Constitución y de la 'Operación Roca'-, ha
esgrimido como único argumento (no tendrían otro) el amor, la docilidad
y el desconocimiento de Cristina Infanta. La única mujer de la Casa
Real con carrera universitaria -y con un puesto de trabajo que requiere de no
pocos conocimientos- ha tenido que hacer el papel de bobita y
"mujer mujer" ante el juez Castro. La protagonista
ejemplar de "Cásate y sé sumisa". Asumidos los 20 puntos de la
Sección Femenina publicados en 1958 y resumidos en "Recuerda que él es
el amo de la casa". En esto se ha convertido públicamente la
hija menor del Rey.
El esposo,
"objeto de esta locura de amor", todo un primor. Imputado, junto a su
socio, por la Fiscalía Anticorrupción por malversación, fraude,
prevaricación, falsedad y blaqueo de capitales. Millones de dinero
público, nuestro, en sus bolsillos y evadidos a paraísos fiscales. La
"tapadera" para blanquear el dinero del Instituto Nóos,
una ONG para niños discapacitados. Difícil una mezquindad mayor.
La
burla propiciada a los ciudadanos españoles difícilmente tiene parangón. Las
consecuencias deberían ser proporcionales al escarnio sufrido durante
demasiados años.
En
la "modélica" Transición se produjeron una serie de engaños a los
españoles, ansiosos de alcanzar la Libertad y la Democracia tras una dictadura
de cuarenta años plenos de represión y saqueo de todos nuestros derechos. Se
nos vendió en papel de celofán un Jefe de Estado hijo también de Franco. Nadie
preguntó a los ciudadanos qué modelo de Estado queríamos. Y así se nos impuso
la Monarquía. El tiempo ha transcurrido, demasiados hechos nada ejemplares
hemos tenido que soportar. Un exceso de soberbia, en unos más manifiesta que en
otros. Un desprecio a todos nosotros de cuyos tributos se les obsequia con una
vida con exceso regalada.
Hora
es de que la ciudadanía tenga voz y voto en algo tan
importante como la Jefatura del Estado Español y el modelo que
queremos de Estado.
El
derecho a decidir es indispensable en una auténtica democracia. Sabemos que
nunca una monarquía es elegida por el pueblo. Su modelo
es la imposición y la herencia.
Aunque
solo fuera por este motivo, que es esencial, la República será
siempre el paradigma a seguir. La voluntad de la ciudadanía debe prevalecer
sobre cualquier otro ejemplo de privilegios. Es decir, una sociedad en que
el poder emerja de abajo arriba, nunca al revés, como ahora
estamos padeciendo.
Y
esto debe aplicarse, por supuesto, al funcionamiento de los partidos políticos.
Fuera aparatos, y plena participación ciudadana en el quehacer político.
Todo
lo que no sea el establecimiento y práctica de una democracia real devendrá en
pura caricatura.

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