Publicado
en 10 febrero, 2014 por victorjsanz
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Los datos médicos de los pacientes británicos podrán
venderse y comprarse a partir de marzo. El pasado mes de mayo, el
diario The Guardian publicaba una información en la que
adelantaba los deseos del Gobierno británico de mercantilizar los
historiales clínicos de los usuarios de la Sanidad pública. Además, la
información ya apuntaba a uno de los posibles compradores, la empresa
aseguradora Bupa.
Esa venta incluirá información sensible acerca de las visitas
al hospital, los tratamientos psiquiátricos de los pacientes, las
estancias en los centros y datos personales como el código
postal, sexo, edad y situación económica de los pacientes,
según avanzaba The Guardian el pasado domingo.
Esta situación ha provocado la señal de alarma entre los
defensores del sistema nacional público de salud por las implicaciones que
podría tener en España. De hecho, la consultora PricewaterhouseCoopers (PwC)
en su informe Diez temas candentes para la sanidad española en 2013, ya
dedica un apartado específicamente al open data en salud.
La venta de historiales clínicos forma parte de los planes del
Gobierno Británico, quien ya tendría compradores interesados.
En el informe de PwC, se asegura que “la liberación de los
datos que se generan en el sector de la salud y su reutilización, generarán
beneficios para proveedores, pagadores, administración, ciudadanos e
investigadores”. En este sentido concluyen que “la información debe estar disponible
como un todo y a un coste razonable” y apela a que “no haya restricciones
para ciertos usos como el comercial”.
La comercialización de los historiales clínicos será
posible desde que se ponga en marcha un nuevo programa para facilitar la
historia clínica electrónica a todos los centros de salud y hospitales
del Estado. Se trata de uno de los ejes principales del Ministerio de Sanidad,
que ha hecho suya una de las demandas recurrentes de las aseguradoras privadas. En junio del año pasado,
la ministra Ana Mato ya anunció que había que asegurar que los médicos
dispongan de todos los datos de cada paciente, “venga del servicio que venga”.
El anuncio preocupa desde entonces a los defensores de la
salud pública y a los colectivos que velan por la protección de datos
personales. Si las empresas privadas acceden a datos hasta ahora considerados
confidenciales, pueden comprobar las enfermedades preexistentes de sus asegurados,
estimar los riesgos que presentan y valorar su rentabilidad, un cálculo que
incide directamente en la cuota de su póliza.
La interrelación entre la asistencia pública y privada ya
es un hecho. Hasta ocho hospitales de la red pública tienen como proveedores de
servicios sanitarios a empresas como Adeslas, DKV, Sanitas y Asisa, tal y como
recuerda el portavoz de CASMadrid, Ángel Navarro: “Ya se están filtrando
datos de la salud de los ciudadanos, y esto puede ser peligroso porque se
pueden usar por parte de las empresas”, asegura. En este sentido, Navarro
explica que “la intención es que las mutuas patronales acaben gestionando las
bajas del sistema público de salud y ahora los datos estarían en sus manos”.
España, como Inglaterra
Los defensores de la Sanidad pública alertan del peligro de
que se exporte el modelo británico también en este sentido. Vicente Losada, de
la plataforma auditoria ciudadana de la deuda No debemos no pagamos,
sostiene que “el proceso que se está dando en el Estado español es una reproducción
literal del proceso de privatización que se dio en el Reino Unido, con
consecuencias terribles”.
Para Losada, “no es baladí que en Inglaterra se estén
planteando vender las historias clínicas de los pacientes a las empresas
privadas ya que uno de los grupos que está haciendo más presión es el Fórum PPP
(Public-Private Partnership), que hace cinco años llegó a España”.
Por ahora, en el caso de las derivaciones en España, las
clínicas privadas no tienen el historial médico. La única información de la que
disponen es el nombre y apellidos del paciente y su DNI. Cuando le hacen una
prueba diagnóstica, le entregan en mano los resultados, aunque ya hay casos en
los que se envían al médico, lo que hace sospechar que se manejan más datos de
los pacientes.
Carmen Esbrí, del Observatorio de
Servicios Públicos de la organización ATTAC, critica el informe de PwC: “Es de
una gravedad enorme ya que quieren clasificar a los individuos como en
una fábrica”. A su juicio, “está clarísimo que el trazado del modelo que
tenemos ahora está muy definido por los sucesivos gobiernos (incluso en los
socialdemócratas) porque esto no hubiera irrumpido de manera violenta si no se
hubiera permitido con leyes anteriores”.
La Marea

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