Viernes, 14 de
febrero de 2014
Por Pancho Fonseca / Canarias Semanal
La
Iglesia española y las corrientes del nacional-catolicismo han tenido
históricamente una perversa fijación con los carnavales. Durante décadas,
disfrazarse en España no sólo estuvo prohibido sino que además fue objeto de
especiales condenas por parte de la jerarquía eclesiástica. Si usted se atrevía
a ponerse una careta durante la celebración de estas pecaminosas fiestas
paganas y carnales corría el peligro de que lo persiguieran en plena calle, lo
detuvieran de mala manera y, finalmente, le impusieran una onerosa multa. Sin
embargo, el pueblo fue imponiendo la celebración de los carnavales pese a las
persecuciones y anatemas condenatorios de la Iglesia Católica y sus
sicarios franquistas. De forma que una vez muerto el dictador los carnavales
adquirieron carta de naturaleza y empezaron a celebrarse sin ningún tipo de
cortapisas.
Pero hete aquí que estos días, a cuarenta años de que
desapareciera la figura del autócrata, nuestro opusdeísta
ministro del interior , Fernández Díaz, ha empezado a mostrar la patita
de sus aviesas y retorcidas intenciones. En efecto, el Ministerio del
Interior ha emitido una orden según la cual se prohíbe expresamente el uso del
uniforme de la guardia civil como disfraz. La orden no sólo se refiere al uniforme
en su integridad, sino también al tricornio y al resto de sus componentes por
separado. La verdad es que la prohibición no se explica, porque durante los
últimos 30 años no se celebró una sola fiesta de carnaval sin que estuviera
presente el uniforme del "benemerito" Cuerpo que creara
el Duque de Ahumada, en el siglo XIX, para la represión
efectiva del descontento en la España rural. Que sepamos,
durante toda esa época no se ha conocido ningún caso de utilización de
ese uniforme con distintos fines que los meramente festivos y carnavaleros.
Mucho nos tememos, sin embargo, que el próximo año el meapilas del
ministro Fernández prohíba la utilización de las sotanas y de los
hábitos de monjas, tan frecuentes también en la celebraciones del
Carnaval. Y que al siguiente prohíba - si todavía permanece en el cargo - que
ningun ciudadano se disfrace de Mariano Rajoy no sea que alguien pueda
confundir la figura del presidente y utilicen su autoridad, por ejemplo,
para anular la reforma laboral o prohibir los desahucios.
El personal , y con razón, ha empezado a mosquearse, porque a nadie le
extrañaría a estas alturas que estos mojigatos del PP terminen incluyendo una
orden en el BOE por la que se ponga fuera de la ley estas
festividades de carne y pecado que tantos años costó reconquistar. Las
redes sociales están que echan fuego y no es para menos. La gente menuda está
cabreada no porque no le dejen utilizar el uniforme de la guardia civil, que
maldita la gracia que les hace, sino por lo que intuyen puede venir
después.
El inefable Fernández
Diaz ha tratado de justificar su insólita ordenanza con el argumento de que
el disfraz de guardia civil puede dar lugar a confusiones que podrían poner en
riesgo "la seguridad de los ciudadanos", ya que su uso ,
dice, "presupone la condición de agente de la autoridad de
quien lo porte". Personalmente, les confieso que conociendo lo
mentirosos compulsivos que son los ultraconservadores españoles no me
acabo de creer el pretexto esgrimido por este centurión clerical . Yo
creo que lo que realmente quieren éstos australopithecus es acabar con el
carnaval porque, como en el caso del aborto, es un terrible pecado mortal
que puede arrastrar nuestras almas hasta el eterno fuego de los infierno. Y ya
se sabe el interés que la derecha ultracatólica siempre ha tenido a lo largo de
la historia de España por salvar nuestras almas, aunque para ello fuera preciso
enterrar bajo tierra nuestros cuerpos.

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