La declaración de la
infanta ha sido planteada como un punto final, como ese momento de bochorno que
debe pasar la señorita de buena familia pillada en falta para que todo se
olvide.
09/02/2014 - 19:31h
Entre la interesada pirotecnia
del debate manipulado sobre los paseíllos, la seguridad o las
conspiraciones contra la imputada, la realidad se ha abierto paso como suele.
La propaganda es efímera y la realidad pervive. La secuencia de la infanta
entrando a declarar en Palma es el reverso tenebroso de
los vistosos reportajes gráficos de su boda en Barcelona. Dos
imágenes que sintetizan a la perfección la trayectoria de la monarquía española
durante los últimos veinte años. De la prensa rosa rosa a la prensa
amarilla, de La Princesa Prometida a Con Faldas y a lo Loco.
Si la infanta hubiera acudido
voluntariamente hace unos meses al juzgado, seguramente habría evitado tanto
parte del desgaste Real como una costosa mudanza a Suiza. Ahora ya es tarde.
Ahora va a rastras. Ni siquiera ha tenido la inteligencia de desprenderse de
alguno de los privilegios del poder para presentarse ante la Justicia como una
ciudadana mas. Los monárquicos hablan de día histórico y declaración serena y
sin contradicciones que prueban cómo la Justicia es igual para todos. Pero
ya se sabe que la peor amenaza soportada hoy por la monarquía proviene de los
monárquicos. Hay amores que matan.
La declaración de la infanta ha
sido planteada por sus abogados y por la Casa Real como un punto final, como
ese momento de bochorno que debe pasar la señorita de buena familia pillada en
falta para que todo se olvide. Para los papeles que firmaba, alega confianza en
su marido. Para las cosas que pagaba, alega desconocer la procedencia del
dinero. Ni siquiera cuando supo que su padre, el Rey, sugirió a Urdangarìn
alejarse de Noos se le ocurrió preguntar qué pasaba, cómo se había
pagado el palacete de Pedralbes o quién contrataba al jardinero. Si la idea era
que todos pensásemos que bastante castigo tiene encima con semejante disgusto,
les han timado. La confianza y la ignorancia no figuran como eximentes en el
Código Penal y en política, son agravantes.
El sábado la infanta confirmó
que en palacio conocían la estafa y la solución fue mandarlos de viaje con
todos los gastos pagados. Sin juez Castro y con juez Castro, sin sentencia y
con sentencia, el caso Nóos es un siniestro total y alguien debe asumir el
coste en Zarzuela. La monarquía también debe pagar por sus errores y cuanto más
se resista y se empeñe en ahorrárselos, mas caro resultará el precio
final. Se ha acreditado la existencia de una "corte de los milagros"
que saqueaba recursos públicos al amparo de la Casa Real. Fueron descubiertos y
lejos de obligarles a devolver lo sustraído, se les proporcionó una cobertura
de lujo.
Para demorar la acción de la
Justicia, se ha quemado gravemente la imagen de la policía, de los jueces, de
la fiscalía, del Gobierno o de la Agencia Tributaria haciéndoles aparecer como
encubridores. Lejos de apagar el incendio, se ha avivado y extendido por todas
las instituciones del Estado. Si en Zarzuela creen que se puede salir indemne
de semejante estropicio, es que no habita vida inteligente en la casa del Rey.
Las estrategias de manual de comunicación no valen. Tampoco la peculiar eximente
de amor que argumenta la defensa, desmontada hace tiempo
en Love Story: "Amor es no tener que decir nunca lo
siento", señoría. Como bien decía el Pirata Roberts a la
princesa prometida: "La vida es dolor, alteza. Quien quiera que diga lo
contrario intenta engañaros".
Fuente: http://www.eldiario.es/

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