España es tan grande y su desempleo tan grave,
que “casi un cuarto de todos los parados de la Unión Europea de 28 miembros
viven en España.” En España, la burbuja inmobiliaria la financió un sector
bancario fuera de control, y los malos empréstitos están causando un daño
creciente a los bancos. “Los activos bancarios siguen deteriorándose, con un
incremento moroso de los préstamos no devueltos”.
A finales de 2013, el gobierno español y la UE buscaron
desesperadamente presentar a España como una historia de éxito atribuible a la
austeridad y a la “reforma” laboral. Es triste invocar como una historia de
gran éxito a una nación con un 26% de desempleo unas pocas semanas antes de que
España tuviera que admitir que la tasa de paro había crecido. Le pregunté a un
antiguo estudiante que ahora es periodista financiero qué consideraría la UE un
fracaso a la vista de que España es un gran éxito. Respuesta: “Chipre”.
Los dos artículos que recomiendo han de leerse juntos.
Empecemos con el artículo de Stephen Burgen, “Spain’s unemployment
rise tempers green shoots of recovery” [El aumento del desempleo en España pone
en entredicho los brotes verdes de la recuperación”], publicado el pasado 23 de
enero.
“La tasa de paro en España ha rebasado el 26%, de acuerdo
con los datos oficiales. Los datos hechos públicos por las autoridades
estadísticas españolas mostraban que en 2013 se perdieron 198.900 puestos de
trabajo más. El número total de desempleados es ahora de 5,9 millones.”
Esas cifras genéricas se vuelven más feas cuando se entra
en detalles. Dos desarrollos preocupantes han mantenido el desempleo en “sólo”
un 26%. La emigración a gran escala ha hecho que la tasa de desempleo sea mucho
más baja de lo que habría sido el caso de no haberse producido (y con gran
coste para el futuro de la nación). El gobierno español ha animado a las
empresas a crear puestos de trabajo a tiempo parcial, un tipo de empleo falto
de las protecciones laborables normales. Los economistas han urgido a España a
emprender acciones como ésta a fin de reducir los salarios.
“El trabajo a tiempo parcial subió en 140.000, mientras
bajaba en 339.000 el trabajo a tiempo completo. El principal efecto de las tan
cacareadas reformas laborales del gobierno ha sido el de incrementar el trabajo
a tiempo parcial, que ahora representa el 16,34% del total.”
El gobierno español ha respondido a
la crisis con una austeridad que simultáneamente maximiza el drenaje fiscal que
empeora la Gran Depresión que azota España y se encarniza con sus trabajadores.
“El presidente del gobierno dijo que el gabinete había
decidido congelar el salario mínimo para el próximo año en 645,30 euros al mes,
aumentando las pensiones, ahora desligadas ya de la inflación, en sólo un
0,25%.”
El desempleo ha aumentado y
está concentrado en hogares y regiones.
“Más de la mitad del paro en España se considera de larga
duración: los que llevan más de un año desempleados. El número de hogares
españoles en los que ninguno de los miembros de la familia capaces de trabajar
consigue empleo creció en el último trimestre hasta alcanzar la cifra de 1,8
millones.”
Mucha gente ha estado ya tanto tiempo en el paro que
ha perdido la cobertura de desempleo.
“El desempleo de larga duración ha llevado al incremento del
número de personas que ya no tienen cobertura de desempleo. Son 686.600 los
hogares en los que ninguno de los miembros dispone de ingreso alguno.”
Pero ese daño infligido a los trabajadores españoles no es,
por lo visto, suficientemente intenso como para complacer a loseconomistas europeos, que se lamentan de que España “impida
que los salarios caigan lo suficientemente rápido”. La exigencia es
grotescamente inapropiada. Los economistas quieren recortar los salarios de los
trabajadores, lo que reducirá significativamente la demanda. Su idea de remedio
económico es equivalente a la del médico dispuesto a sangrar al paciente.
Del “no hay alternativa” al “no había alternativas
fáciles”
El trío compuesto por el FMI, la Comisión Europea y el BCE
se conoce como laTroika. Su meme durante toda la crisis ha sido:
“no hay alternativa” [TINA, por sus siglas en inglés] a la austeridad, a
machacar los salarios de los trabajadores y a las privatizaciones masivas. Los
esfuerzos que hace ahora la troika por presentar a España como una historia de
éxito sufrieron un grave revés el pasado jueves, 23 de enero, cuando España
anunció que su tasa de desempleo había aumentado.
“Las cifras ofrecidas el jueves fueron recibidas con
silencio en Madrid. Pero en una entrevista concedida al diario El País,
el comisario europeo para asuntos económicos y monetarios, Ollie Rehn, dijo que
en España la UE buscaba combinar el objetivo de unas finanzas públicas solventes
con reformas económicas: ‘No había alternativas fáciles, ni para España ni para
nadie. Quienes piensan que había un modo fácil de recuperar el acceso a los
mercados sin tomar medidas dolorosas, se equivocan’, declaró al diario
madrileño. ¡Llevará 10 años arreglar la crisis
española’.”
El “silencio oficial” fue una buena estrategia. El
comentario de Rehn muestra los peligros de las loas fuera de lugar. Rehn admite
que la historia de éxito que cuenta la Troika a cuenta de España es pura
fantasía. Espera “arreglar la crisis española en 10 años”, es decir, para 2024.
La burbuja de la propiedad inmobiliaria española alcanzó su punto culminante en
2006. Eso significa que los economistas teoclásicos fracasaron a la hora de
frenar una burbuja que se venía hinchando desde al menos hacía 6 años
(2000-2006) y que la austeridad ha llegado a causar en España una Gran
Depresión tan grave, que el más extremista de los propagandistas europeos de la
austeridad espera que llevará 17 años (2007-2024) salir de la fase de “crisis”.
Rehn no hace conjeturas sobre los años que se tardará, luego de 2024, en lograr
la plena recuperación y el pleno empleo en España. Rehn ha subestimado
sistemática y espectacularmente el daño causado por la austeridad a la economía
y a la gente. Es el apologeta máximo de la austeridad, de modo que tiene un
particular interés en que haya sido “un éxito”. Cuando predice que llevará 17
años arreglar en España la fase de “crisis” de su Gran Depresión, uno sabe ya
que este tipo se percata perfectamente de la magnitud del desastre infligido a
España por sus políticas económicas teoclásicas.
La mayoría de las naciones se recuperaron harto más
rápidamente de la Gran Depresión de los años 30, y eso que en esa época las
políticas macroeconómicas eran primitivas, y a menudo, autodestructivas. No hay
la menor razón para que España y otras naciones de la Periferia europea
experimenten hoy Grandes Depresiones, y mucho menos Grandes Depresiones de esa
duración.
Obsérvese que Rehn asume tácitamente que no habrá
entretanto shocks negativos durante la próxima década, en la que, según él,
persistirá la crisis en España. Pocos economistas creen que ese heroico
supuesto sea ni remotamente probable.
Presionado para explicar por qué ese gran “éxito” de hace
tres semanas es una pesadilla, Rehn abandonó el discurso TINA del “no hay
alternativa” y adoptó el discurso de “no había alternativa fácil” [TWNEA, por
sus siglas en inglés]. Vale la pena volver a sus palabras literales:
“Ollie Rehn dijo que en España la UE buscó combinar el
objetivo de unas finanzas públicas solventes con reformas económicas”. ‘No
había alternativas fáciles, ni para España ni para nadie. Quienes piensan que
había un modo fácil de recuperar el acceso a los mercados sin tomar medidas
dolorosas, se equivocan’, declaró al diario madrileño. ‘¡Llevará 10 años arreglar la crisis
española’.”
Rehn admite, así pues, que había alternativas a la
austeridad y a machacar los salarios de los trabajadores. Lo que sostiene ahora
es que “no había alternativas fáciles” (TWNEA). Las alternativas
(indeterminadas) a recuperar “acceso a los mercados” no habrían sido “simples”
y habrían tenido que emplear “medidas dolorosas”. Lo primero que salta a la
vista es que esta concesión resulta fatal para las pretensiones y para las
políticas de Rehn. Es obvio que una alternativa no necesita ser “simple” para
ser superior a la austeridad y a la destrucción salarial de Rehn, que generaron
una virulenta Gran Depresión, de cuya fase crítica, espera Rehn, tardará en
salirse (si nada malo ocurre en la economía mundial en la década venidera) 17
años. Lógicamente, cualquier alternativa que inflija menos dolor que los
optimistas 17 años de la alternativa de Rehn será mejor que la estrategia de
Gran Depresión de la troika.
Los terribles pero ocultos “objetivos” de la UE
1 La austeridad como un “objetivo” perpetuo, no como un
medio para un fin.— Lo que Rehn admite tácitamente resulta más fatal de lo
que a primera vista parece para sus políticas, si se examina la forma en que
presenta el debate a fin de defender la estrategia de una Gran Depresión
dirigida a machacar los salarios de los trabajadores. Ya sé que “solvente”
suena como una palabra y un concepto a los que ninguna persona sensata se
opondría. El antónimo de “solvente” es “insolvente”, quebrado, en bancarrota,
palabras todas rebosantes de connotaciones negativas.
Rehn ha puesto un astuto marco a sus tesis, pero el marco
está concebido para confundir al público y a los medios de comunicación con el
objetivo de provocar el apoyo a sus políticas, a unas políticas que causan un
daño terrible al público en general y a la clase obrera en particular.
“Solvente” es el código cifrado para austeridad. El marco de Rehn está pensado
para que la gente llegue a suponer que si el gobierno tiene déficit, es
“insolvente” e irresponsable y está aproado a la catástrofe.
Como pasa siempre, el objetivo de los austericidas es
difundir el meme de que el gobierno de un Estado soberano es “exactamente como”
una familia. A Rehn, sin embargo, se le ha ido la mano, revelando que el meme
es falso. Obsérvese que Rehn nunca define lo que es la “solvencia”. No lo hace,
porque, si lo intentara, la falsedad del meme resultaría más obvia. La
“solvencia” es un concepto contable. No es un concepto que se use en la
auditoría de gobiernos con monedas soberanas, porque aquí sería inaplicable.
Rehn da a entender que solvente significa que el gobierno
no puede incurrir en déficits, so pena de consecuencias terribles. Habría
cuatro problemas insuperables si Rehn definiera la solvencia de esta manera.
Primero, fue la crisis la que causó los déficits presupuestarios, y no los
déficits los que causaron la crisis. Cuando hay una Gran Depresión, los
trabajadores pierden sus puestos de trabajo y sus salarios (lo que reduce los
ingresos fiscales). Segundo, las naciones de la UE incurren típicamente en
déficits presupuestarios. Tercero, no por ello se cae el firmamento.
Pero la cuarta pifia es más fundamental. No hay nada
moralmente superior en una nación que disponga de superávit presupuestario. Si
dispone de él cuando la demanda es ya insuficiente, la demanda será todavía más
insuficiente y crecerá el desempleo, a menos que la nación sea una exportadora
neta. (No todos podemos ser exportadores netos.) Una Gran Depresión como la que
vemos en España genera un gran déficit presupuestario a causa de los efectos
presupuestarios, a que me acabo de referir, del desempleo masivo. Lo que
debería hacer el gobierno nacional, según coinciden el grueso de los
economistas, es cubrir la demanda insuficiente incrementando el gasto público
en proyectos útiles. Hacerlo es el mejor medio –y a menudo, el único— para
reducir rápidamente el desempleo y sacar a la nación de una Gran Depresión. La
austeridad ralentizará el ritmo y el alcance de la recuperación. Una política
monetaria vigorosa es normalmente ineficaz en punto a estimular la recuperación
de una crisis grave.
La austeridad perpetua en forma de “presupuesto
equilibrado” no puede ser un “objetivo” racional de un Estado nacional. El
objetivo de un Estado nacional no puede ser otro que el bienestar de su pueblo,
y un presupuesto equilibrado normalmente resulta dañino para la población. Rehn
no puede ignorar eso. Ni siquiera la UE está lo suficientemente loca como para
ordenar presupuestos equilibrados y lanzar otra vez a toda la UE a su tercera
recesión en seis años. Es esencial reconocer que España, Italia y Grecia se
hallan en situación de Gran Depresión. Sus niveles de desempleo rebasan los
niveles de desempleo promedio de las naciones europeas durante la Gran
Depresión de los años 30 (para las pocas naciones de las que se dispone de
datos de época considerados adecuados por los economistas).
2 El objetivo de las “reformas económicas es reducir los
salarios de los trabajadores.— Rehn no hace sino seguir en su
confusionario marco conceptual cuando dice que el segundo objetivo de la UE son
las “reformas económicas”. Como con la “solvencia”, se aprovecha aquí de la
vaguedad del término. Aclarada la noción, queda también claro al lector que el
término es orwelliano y el objetivo, despreciable, autodestructivo e indigno de
cualquier gobierno. “Reformas económicas” es léxico basura en código cifrado de
la Troika. Se puede descifrar así: “fuerza los recortes de salarios de los
trabajadores”. Ese no puede ser un objetivo legítimo de un Estado nacional. Es
una guerra de clases por la que los trabajadores pierden y los altos ejecutivos
de las grandes empresas se hacen todavía más ricos. Rehn ni siquiera trata de
explicar por qué éste es un objetivo legítimo. No puede sostener que los
beneficios de las grandes empresas son “demasiado bajos” y los salarios
“demasiado altos”, porque los beneficios de las empresas son a menudo
extremadamente altos. El marco conceptual elegido por Rehn pone a competir
entre sí a los trabajadores de todos y cada uno de los Estados de la UE, a ver
quien gana la carrera hacia el abismo de salarios y derechos sociales. A los
españoles se les dice que tienen que recortar los salarios de los trabajadores
para ser competitivos con los trabajadores italianos, a los que, a su vez, se
les dice que tienen que recortar sus salarios para poder competir con los
trabajadores griegos… Yo llamo a esto la dinámica de “la vía a Bangladesh”.
La formulación rehniana de los objetivos de la UE revela
que esos “objetivos” no son el objetivo legítimo de ninguno de los Estados
miembros de la UE. Rehn sostiene que los objetivos de la UE son reducir el
gasto público de los gobiernos nacionales y recortar drásticamente los salarios
de los trabajadores. Los objetivos de la UE en la formulación de Rehn son
ideológicos, y lograrlos redundaría en un gran daño para los pueblos de la UE.
Obsérvese qué objetivos se quedan fuera de la lista de
Rehn.
El pleno empleo no es un objetivo. Una rápida y
espectacular reducción del desempleo no es un objetivo. Reducir la pobreza no
es un objetivo. Proporcionar educación superior no es un objetivo. Hacer que la
recuperación de España sea lo suficientemente robusta como para frenar la
sangría migratoria de sus licenciados universitarios no es un objetivo.
Prevenir futuras crisis asegurando que cada Estado nacional regula
enérgicamente su banca no es un objetivo. Reducir el riesgo financiero global
representado por las Entidades Sistémicamente Peligrosas (SDIs, por sus siglas
en inglés) exigiendo su contracción hasta que dejen de representar un riesgo no
es tampoco un objetivo. Actuar enérgicamente contra el cambio climático global
no es un objetivo.
¿No había un “modo simple de recuperar el acceso a
los mercados sin medidas dolorosas”?
Una vez más, Rehn trata de enmarcar conceptualmente el
debate, de modo que nadie que no sea irracional pueda dejar de coincidir con
él. Sólo los adolescentes creen que algo importante en la vida puede ser
“simple” e “indoloro”. La madurez enseña que la vida no es simple ni indolora.
Pero Rehn pierde a pesar de servirse de un marco retórico diseñado para
inclinar la balanza a su favor. La razón de que Rehn pierda entraña una
maravillosa ironía que nos lleva derechos al segundo artículo que yo quería
comentarles aquí y cuya lectura recomiendo vivamente.
Pero antes necesitamos echar una breve ojeada al aspecto de
la crisis financiera que permite valorar las tesis de Rehn sobre la lucha de
las naciones de la Periferia por “recuperar el acceso a los mercados” (es la
jerga habitual para referirse a la restauración de la capacidad española de
empréstito).
La crisis financiera y los fallos críticos inherentes al
diseño del euro (por el que las naciones miembros cedieron su soberanía
monetaria) llevó a una espiral de la muerte en la que los “vigilantes de los
bonos” (bancos, fondos de riesgo) pedían tasas de interés más elevadas para
comprar deuda soberana de las naciones de la periferia europea, lo que
incrementaba el déficit de éstas, lo que daba a las agencias de calificación el
pretexto para degradar su calificación, lo que, a su vez, incrementaba las
tasas de interés exigidas a la deuda emitida por las naciones periféricas de la
UE…. El BCE adoptó una política de aliento a los vigilantes de los bonos porque
éstos obligaban a la Periferia a recortar drásticamente sus presupuestos y a
hacer “reformas” para recortar salarios. Pero el BCE no quería una quiebra
real, porque eso podía llevar al euro a la desintegración. Así pues, el BCE
intervino, desde luego tras dejar pasar meses y con los retrasos varios
oportunos. En general, esperaba hasta que la nación se hallara al borde del
colapso. Eso daba al BCE la palanca para asegurarse de que las naciones de la
periferia cederían a las exigencias de la Troika y harían suyos sus objetivos
gemelos: austeridad para siempre y recortes drásticos en los salarios de los
trabajadores.
La Troika descubrió, no obstante, que había perdido el
control de los vigilantes de los bonos. La Troika había externalizado el papel
de “quebrantapiernas” del tiburón prestamista a entidades privadas, y los vigilantes
de bonos vieron que convertir las crisis financieras en emergencias maximizaba
sus beneficios. Los coordinados asaltos de
los vigilantes no tardaron en convertir a la Periferia de la UE en el
espectáculo de la “crisis de la semana”.
“España fue empujada al borde de un rescate soberano total
en 2012, pero se salvó en buena medida gracias a la promesa del BCE de
intervenir si fuera necesario en el mercado de bonos, lo que rebajó los costos
del empréstito nacional.”
El BCE fue asumiendo decenas de miles de millones de
activos tóxicos, sin que se viera un final al proceso. La situación era
desesperada, y todo adulto sabe que no hay medios “simples” e “indoloros” para
restaurar la capacidad de acceso de España a los mercados de crédito.
El BCE frena las incursiones de los vigilantes del bono
en la Periferia
La ironía es que había un medio simple e indoloro para que
el BCE pudiera frenar los ataques de los vigilantes de bonos a las naciones de
la UE. El artículo de Benn Steil y Dinah Walker
publicado el pasado 24 de enero e intitulado “¡La Eurocrisis ha muerto! ¡Larga
vida a la Eurocrisis!” explica por qué sabemos que Rehn se confundía a
sabiendas respecto del terrible dolor causado por la restauración del acceso
español a los mercados de deuda.
“Todo se debe a Mario Draghi. Nunca en la historia de los bancos
centrales hizo un hombre tanto con tan pocas palabras y con menos acciones
todavía. Tras haber anunciado la creación de un programa de Operaciones
Monetarias sobre Títulos (OMT) en agosto de 2012, Draghi se dio el gustazo de
sentarse a esperar mientras veía bajar continuamente los diferenciales entre
los bonos públicos españoles y alemanes sin necesidad de comprar un sólo
título. Los diferenciales italianos se comportaron del mismo modo.”
Tan pronto como los vigilantes de bonos empezaron sus
ataques, muchos economistas de distintas persuasiones explicaron que había una
manera simple y no dolorosa con la que el BCE podía frenar a los vigilantes y
urgieron al BCE a actuar sin dilación. Jean-Claude Trichet se negó. Draghi, su
sucesor al frente del BCE, siguió el consejo de los economistas. Los resultados
han sido obvios durante 18 meses, de modo Rehn no revela otra cosa que
desprecio de la realidad con su cuento del “acceso a los mercados” que
cualquiera que esté mínimamente familiarizado con el mundo de las finanzas sabe
que es falso. Pero Draghi sigue usando el BCE para forzar a las naciones de la
UE a aceptar los objetivos de la Troika (austeridad y recortes salariales) si
quieren recibir la protección del BCE frente a los vigilantes de los bonos. Draghi
dirige tan terne el equivalente a una banda de protección mafiosa.
¿Qué hay del empleo?
Rehn no dijo que no hay un medio “simple” e “indoloro” de
rehuir el desempleo e incrementar el crecimiento económico. La UE se enfrenta a
complejas y dolorosas restricciones sufridas por las naciones que desean bajar
el desempleo y promover el crecimiento económico. La UE no dispone de una
moneda verdaderamente soberana, y al juntar naciones se desprendió de los tres
medios más efectivos para bajar el desempleo y promover el crecimiento
económico cuando viene una recesión. No pueden suministrar estímulos
significativos, no pueden devaluar la moneda y no pueden adoptar una política
monetaria agresiva.
La UE está actuando como un corredor que empezara su
jornada siguiendo el consejo de algún orate que sugiere en Internet atarse con
grilletes a los tobillos algún peso muerto, no fuera a ser que corriendo
demasiado rápido y terminara por romperse una pierna. Es verdad que el corredor
ya no puede correr, pero eso no quiere decir que no haya ningún medio indoloro
que le permita correr. Necesita las llaves para abrir los grilletes y la
educación para comprender lo que jamás oirá de charlatanes como Rehn.
Las naciones pueden dar excelentes pasos para correr más
rápido (y evitar romperse las piernas) creando un robusto sistema de
estabilizadores automáticos antes de que venga el golpe de la próxima crisis.
Los estabilizadores ayudan a reducir la magnitud de la caída de la economía
durante la recesión, de modo que la nación no tenga que buscarse una salida
desde el fondo del pozo. Y aceleran, además, la recuperación. Los
estabilizadores automáticos infligen cierto dolor cuando la economía está en
auge (suben los impuestos y la fiscalidad progresiva aumenta más rápidamente).
Pero ese dolor afecta sobre todo a las gentes a las que les va crecientemente
bien en los tiempos de auge, de modo que el dolor está lejos de ser
insoportable.
De lo que habla Rehn es de cuando la política fiscal actúa
en la otra dirección: cuando la nación se halla en una recesión grave o en una
depresión. En esas circunstancias, la política fiscal adecuada no inflige
dolor. El gasto público nacional aumenta, proporcionando servicios vitales
cuando más se necesitan. Bajan los impuestos, particularmente los de quienes
más necesitados están, si el sistema fiscal es progresivo. Se pueden construir
útiles infraestructuras y realizar trabajos de mantenimiento preventivo en
beneficio de las generaciones futuras.
Como halcón del déficit que es, Rehn se horrorizaría con
los déficits y las deudas. Rehn repite el error que los economistas de
Roosevelt cometieron en 1937 cuando convencieron al presidente de que debía
poner fin a los incrementos del gasto público: lo que hasta entonces venía
siendo una robusta recuperación trocó en la segunda vuelta de la Gran
Depresión. Rehn habría alertado en 1941 de que los EEUU se metían en una deuda
ruinosa para financiar la II Guerra Mundial, y de que esa deuda condenaría a
los EEUU a décadas de ruina económica. Se habría equivocado tanto como probado
ha quedado que se equivoca ahora. Hasta los economistas del FMI han tenido que
admitir su sorpresa ante la efectividad mostrada por los programas de estímulos
en esta crisis.
No es “simple”, particularmente si los estabilizadores
automáticos están debilitados, servirse de la política fiscal para reducir la
gravedad y la duración de la depresión. Hay dificultades políticas y
dificultades propiamente técnicas de realización. Es buena cosa tener
identificados antes de la crisis útiles proyectos de infraestructura y
mantenimiento y haber planeado previamente qué programas han de llevarse antes
a la práctica. Por insuficiente que resultara la magnitud del paquete de
estímulos estadounidense en la crisis, y por sesgadamente orientados al recorte
fiscal favorable a los ricos que estuvieran esos estímulos, los datos
demuestran su eficacia substancial en punto a impedir un drástico desplome y
generar una moderada recuperación. Las dificultades no están en la economía,
sino en las políticas generadas por los austericidas, que exigen que los
gobiernos sangren al paciente para sanarlo.
Autor: Wiilliam Black, autor de La
mejor manera de robar un banco es ser dueño de uno y profesor asociado
de economía y derecho en la Universidad de Missouri-Kansas City. Pasó años
trabajando en la política de regulación y prevención de fraudes como Director
Ejecutivo del Instituto para la Prevención del Fraude, Director de Litigios de
la Junta Federal de Préstamos del Banco Hipotecario y Director Adjunto de la
Comisión Nacional para la Reforma de las Instituciones Financieras, además de
otros cargos.
Traducción: Amaranta Süss
Fuente: SinPermiso

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