15 de febrero de 2014
“Sr.
Gallardón, vengo a confesarle algo: voy a abortar. Soy una
joven de veintidós años, recién licenciada, que se ha quedado embarazada.
Créame que esto no estaba entre mis planes, quizá sea un designio divino de
esos que ustedes legitiman fanáticamente. Voy a abortar por su culpa y por la
de toda su “santa estirpe”. Sí, es por vosotros y ahora les explicaré
porqué.
No es tarea
fácil ni plato de buen gusto para ninguna mujer tomar esa difícil decisión, no
somos conejos, pero tampoco asesinas. Somos gente normal a la que criminalizan
siendo ustedes los mayores pecadores que nos ha dado la historia, herederos del
franquismo y de la España más rancia. Esa España que ustedes los “patriotas”
destruyen cada día, esa España que va de la mano de una de las instituciones
más hipócritas y dañinas que conozco, la Iglesia. La misma que usa a su propio
Dios en contra de los más débiles, la misma que dice hablar en nombre del
salvador mientras os llenáis los bolsillos con billetes y votos.
Voy a
abortar, Sr. Ministro, porque ustedes nos obligan a vivir en un continuo “sin destino”,
dónde ya no hay destello de luz en los ojos de la juventud cuando hablamos de
futuro, ni tampoco esperanza. ¿Cómo podría mantener yo a mi “futuro bebé” si
no puedo mantenerme a mí misma, si mis padres, currantes dónde los haya (no
sé si sabe a lo que me refiero) llevan toda la vida trabajando y ahora
sobreviven con una ridícula pensión? ¿Cómo podría cuidar de mi niño como se
merece si ni siquiera puedo cuidar de mi misma y llegar a fin de mes, si tengo
que marchar de mi hogar y emprender el viaje lo más lejos posible de este país
carente de derechos y libertades?, dime, ¿cómo puedo hacerme cargo de él si mi
situación me obliga a seguir siendo una adolescente dependiente?
Voy a abortar
Sr. Gallardón, para que mi “futuro bebé” no conozca que uno de cada tres niños
en España vive en situación de riesgo de extrema pobreza, para que no perciba
la sensación de tener hambre, para que no forme parte de la mentira del sistema
capitalista opresor, ni vea vuestros caretos muertos de risa mientras el pueblo
sufre y muere. Voy a abortar por su culpa, farsante puritano, y en otras
circunstancias, créeme que no lo haría, ya que siento un enorme dolor e
impotencia.
Es una
decisión tomada tras una larga y dura reflexión. Y ahora sé que no es egoísta,
ni corresponde a ningún tipo de delito. Sois ustedes los inmorales que señalan
con el dedo a las víctimas por sus prejuicios religiosos, los verdugos que
empuñan el arma y no dejan huella, solo rastro de dolor y cinismo. Aquellos que
exponen al riesgo y al peligro a miles de mujeres que se verán obligadas a
provocarse los abortos con hierbas naturales y otros métodos peligrosos, a ir a
centros clandestinos en condiciones insalubres envueltas en el anonimato y
sumergidas en una culpa que nadie merece.
Le aseguraré
algo que quizá aún no sepa, Sr. Gallardón, con su ley no evitará los abortos,
aumentará las muertes de mujeres a las que previamente les ha anulado su
capacidad de decisión y confiscado su libertad personal, esa que tanto tiempo
ha costado conseguir a nuestros mayores.
Hace más de
70 años, Federica Montseny, ministra de sanidad durante la II República
Española ya expuso una cruel realidad, que por desgracia, si se aprueba su
misógina ley, volverá a estar de actualidad: “las víctimas son las
mujeres pobres, ya que las ricas pueden ir tranquilamente a Inglaterra, a Suiza
o a otro país extranjero a liberarse de un embarazo inoportuno”. ¿Se piensa
usted que somos tontas Sr. Ministro? ¿Piensa que no sabemos nada de la
Historia, que por cierto, también pretenden ustedes destruir?
Voy a abortar
Sr. Gallardón, ahora que aún tengo la posibilidad. No espero que me lea, ni que
le quede cargo en su nula conciencia. Solo espero trasladar una realidad.
Y a todas las mujeres del mundo, unid
vuestras fuerzas y apoyar a las españolas que a partir de ahora se expondrán a
los peligros y la marginalidad por unos cuantos votos ideológicos. Mujeres,
somos titulares de nuestros derechos e interrumpir o no nuestro embarazo es uno
de ellos. Tenemos el poder de decisión sobre nuestro propio cuerpo y vida, y el
Estado, supuesto representante del pueblo, lejos de auxiliar a sus ciudadanos
toma medidas que los perjudica y encadena. No podemos permitir esto. No estamos
solas.”
Fuente: http://r-evolucion.es/

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