LOS
ÚLTIMOS GUDARIS Y MILICIANOS
El bilbaino Félix
Padín mantiene intactos sus recuerdos y la lucha antifascista de la CNT de 1936
a sus casi 98 años de edad
UN
REPORTAJE DE IBAN GORRITI - Domingo, 9 de Febrero de 2014 -
El
bilbaino Félix Padín en pie a sus casi 98 años en su hogar de Miranda de Ebro.
(Iban Gorriti)
Bertolt Brecht hizo de
todos su pensamiento aquel de "hay hombres que luchan un día y son
buenos...". Reportado a nuestra historia, hay dos tipos de hombres de
1936. Los que batallaron una guerra y fueron buenos. Y están aquellos como
Félix Padín que hoy siguen luchando y, según para quién, "son los
imprescindibles" de Brecht.
Nació. Lo parió su madre
en Bilbao La Vieja. 1916. Le llamaron Félix. Dio sus primeras carreras en la
calle Las Cortes. 20 años y 9 días después estalló una guerra civil. Su padre
era ferroviario de El Ferrol, excombatiente de la Guerra de Cuba, a quien los
estadounidenses le hundieron su barco. Murió antes de saber quién iba a ser
para la historia un vecino suyo, el sanguinario Franco. "¡Mejor no conocerlo!",
exclama con sorna Padín, bilbaino que también se siente libre en Miranda de
Ebro, donde mora. "En Bilbao, pasaban los del PNV en camiones y nos
gritaban maquetos, riéndose. ¡Eso no me ha gustado nunca!",
lamenta.
De crío ya era engranaje
de la revolución. Se afilió, como sus hermanos, a la CNT y a las Juventudes
Libertarias "en cuanto cayó Primo de Rivera". Con 13 primaveras.
"Hasta que nos medio militarizaron, fuimos los primeros en dar la cara,
pero no solo en el País Vasco, sino también en el resto del país. La CNT frenó
el denominadolevantamiento. No éramos escritores a sueldo ni
reaccionarios. No éramos partidistas ni hacíamos la guerra por dinero. Nuestro
lema era la revolución social. Nuestra lucha era contra la opresión, el Estado
y toda clase de farsantes y militares. Éramos antimilitaristas y lo seguimos
siendo", matiza este ácrata que hila más ideales: "En los ratos de
ocio en el frente, procurábamos leer un libro y sacar el mayor provecho posible
de ello. Nos preparábamos para cuando teníamos que entrar en combate.
Procurábamos estar a la altura de las circunstancias. Sabíamos emplear la
fuerza cuando éramos atacados".
"SANGUIJUELAS" Por ello, cuando el 18 de
julio de 1936 los militares españoles antidemócratas dieron el golpe de Estado
"salimos al combate contra todo lo que olía a clero, militares,
terratenientes y demás sanguijuelas que nos chupaban la sangre", apunta a
sus firmes 97 años.
El 16 de julio de aquel
lamentable año ya presuponían lo acontecible. Por ello, su casa ya era
una bomba habitada. "Asaltamos armerías, polvorines,
quitamos fusiles a guardas de minas y los archivábamos. El alerón de casa
servía para esconderlos", repasa quien ya estuvo preso en el revoltoso año
1934.
Formó parte
de un grupo de acción con los históricos Porfirio Ruiz, Alberto Lucarini y
Severiano Montes. Fue vocal del Sindicato de Construcción cenetista y encargado
de prensa de Juventudes Libertarias. En la línea del frente, fue nombrado
sargento y teniente de los batallones anarquistas Isaac Puente y Durruti. Llegó
a conocer a este último ideólogo libertario. Fue hecho prisionero en Ubide tres
días antes de que los fascistas robaran Bilbao. Sobrevivió a seis años preso
con tres entradas al campo de concentración de Miranda de Ebro, pueblo en el
que reside. Contrajo tifus, sarna y piojos.
Esclavo de Franco, lo
mandaron a batallones disciplinarios. "Eran lo peor. En batallones de
trabajadores te daban de comer", diferencia. Fue tiranizado en
Guadalajara, Elizondo o Peñaranda de Bracamonte. Libre en junio de 1939, lo
volvieron a detener y a enviar al almacén de humanos de
Miranda de Ebro y a otro batallón disciplinario. De nuevo lo encarcelaron por
participar en una huelga en Bilbao. En 1954, partió a vivir a Miranda de Ebro.
El celebrado 20 de noviembre 1975, Padín reactivó su militancia en la CNT hasta
hoy, día en el que, imprescindible de Brecht, sigue luchando contra el
franquismo inconcluso.
EL
ANTIFASCISTA
Fuente: http://www.deia.com/
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