Artículos de
Opinión | Joan Caral* | 05-03-2014 |
El actual
contexto político de crisis y recortes en Europa está marcado por el auge de
los partidos populistas y fascistas con opciones electorales en casi todos los
países.
Todos son conocidos
por su apariencia demócrata y su teórico alejamiento de los postulados
neonazis, pero si rascamos un poco la superficie vemos que sus líderes y sus
inspiraciones ideológicas no son muy diferentes a las que tenía el Tercer
Reich. Muchos de los integrantes de estos partidos llevan a cabo campañas en la
calle con el objetivo de aterrorizar y perseguir a los militantes de izquierdas
y a las personas de origen inmigrante, con agresiones físicas y asesinatos
incluidos.
El caso
francés
Para
combatir esta extrema derecha, que hoy en día podría obtener buenos resultados
electorales en muchos países europeos, primero hace falta tomar conciencia del
problema. El caso de Francia, donde durante mucho tiempo la izquierda y los
grupos antifascistas se han negado a hablar de su existencia con el argumento
de no darles publicidad, es muy ilustrativo. El resultado es que Marine Le Pen
y su FN están a punto de ganar las elecciones con un programa racista, apelando
a las “diferencias culturales” para justificar la xenofobia. En Grecia, la
izquierda anticapitalista ha tenido hasta hace poco una actitud parecida
respecto a Amanecer Dorado, con un resultado casi idéntico. La diferencia es
que la estética y el mensaje de AD son descaradamente neonazis.
La izquierda
y los movimientos sociales tienen que movilizarse contra los efectos de esta
crisis-estafa que ha hecho saltar por los aires los reducidos derechos sociales
y laborales que tenía la clase trabajadora. Pero si queremos evitar un fracaso
de la izquierda en la ruptura con el capitalismo no podemos ignorar la
existencia de grupos fascistas y de extrema derecha preparados para recoger
demogógicamente el enfado popular y llegar al poder a través del enfrentamiento
entre los trabajadores y trabajadoras por razones de género, opción sexual u
origen.
Arma de
doble filo
La memoria
histórica nos muestra que las consecuencias del fascismo van desde la
destrucción de cualquier proyecto emancipador de los partidos o sindicatos de
izquierda hasta el exilio, la persecución o el genocidio. El contexto social y
económico constituye un arma de doble filo: abre posibilidades de revolución,
pero tambien favorece, fruto de la confusión ideológica en que se encuentran
las trabajadoras y trabajadores, la búsqueda de soluciones populistas y excluyentes.
Por eso, combatir el fascismo tiene que ser una prioridad.
La
construcción de amplios frentes antifascistas que agrupan partidos políticos,
sindicatos, ONGs, asociaciones de estudiantes, vecinos, comunitarias, etcétera,
es una de las tácticas para hacer frente al auge del fascismo que se ha
mostrado más efectiva. Esto no excluye que cada grupo o colectivo tenga una
visión y lectura del fascismo como fenómeno político y realice acciones propias
en consecuencia. Pero los frentes tienen que actuar desde la denuncia y el
desenmascaramiento de los partidos y grupos fascistas a través de la
información y la unidad de acción, haciendo agitación en la calle y, si es
posible, impedir la acción de los grupos fascistas.
Aun así la
mejor receta para oponernos al fascismo y al neopopulismo de la derecha siempre
será construir nuestra propia alternativa social y política que desafíe y rompa
las ideologías dominantes y permita que surjan amplios movimientos de masas que
construyan sociedades libres e igualitarias.
*Joan Caral
es militante de En lluita / En lucha
Artículo publicado en el Periódico En
lucha / Diari En lluita

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