Por Lucas
León Simón.
La diferencia entre nuestro país y Francia, por
ejemplo, consiste en que allí hubo una revolución que cortó cabezas y aquí la
reacción, las sotanas y la realeza siempre las han tenido en su sitio.
Veo en la foto un tricornio, un crucifijo, un cura y
un ministro con abrigo, no se sabe si después de comulgar. Y a dos damas
en traje de domingo. Y es la España casposa y lamesotanas de siempre. La
foto es intemporal. Podría ser de los años cuarenta del pasado siglo y también,
si en tiempos de Isabel la Católica hubiera habido fotógrafos, de su
imperial hégira.
El reaccionarismo ultra empapa la España de hoy. Se
habla de intercesiones de Santa Teresa, de milagros de la Virgen del Rocío o
del Cristo de Medinaceli mientras se eliminan derechos y libertades y pagan
peregrinaciones a Fátima de devotos servidores del mal llamado “orden público”.
Es “su” orden.
Aquí no se salva nadie, una ministra-monja-alférez
rige nuestras relaciones laborales. Un casto e iluminado señor del Opus manda,
a golpe de pelotazo de goma, en nuestros ejércitos y seguridad y la presidenta
de una comunidad, acusada de corrupción, maneja palas para echar tierra. Debe
ser a todos los escándalos que la rodean.
Aristócratas, clérigos, asaltadores de las arcas
públicas, periodistas babosos y comprados, tesoreros enriquecidos, impunes por
el archivo de sus robos, que viven como sátrapas casados con sus criadas marroquíes.
Ese caldo innombrable que nos gobierna ha entrado a
saco en nuestras vidas, en los medios de comunicación, en los negocios
fraudulentos, en las fiscalías y en las judicaturas, Y lo malo es que no son
aficionados. Son profesionales. Del robo. De la estafa. Del engaño.
El responsable intelectual de la segunda muerte
y manipulación de casi 200 accidentados en un desastre aéreo es embajador
en una isla con lores, los multimillonarios tesoreros de un partido político
que gana elecciones, dopado con donaciones ilegales, vive en la opulencia con
total impunidad. Y ese aura de impunidad, de que, hagan lo que hagan, no les va
a pasar nada se extiende como un hedor en la cloaca o ciénaga de escaños,
ministerios y moncloas con moscas.
La foto, en cuestión, es el vivo pálpito beato de
nuestros días. La espada y el incienso, el confesionario y la comisaria, la
corrupción y la cabra de la legión, nos gobiernan. La España de cerrado y
sacristía, los devotos de “Frescuelo” y de María. Los tricornios y los meapilas.
Las coronas puteras y borrachas.
Y lo que queda por venir. Cada día es un milagro.
¡Marchando una de calamares!
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