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|José Antonio Gómez Hernández | Autor del libro 'Al Fondo a la
Izquierda' | 05 Marzo 2014 - 11:57 h.
La
Confederación Española de Derechas Autónomas fue una gran coalición de partidos
de ideología conservadora, ultraconservadora, católica y ultracatólica que se
creó con el fin de ganar las elecciones de 1933. Según algunos de sus
principales líderes tomaron como modelo al Partido Conservador inglés, pero en
su forma de actuar, en su discurso y en las exhibiciones de fuerza popular se
asemejaban más a los partidos fascistas alemanes e italianos que a los
derechistas británicos. Consiguieron su objetivo y ganaron las elecciones en
coalición con el Partido Radical de Lerroux. En la joven República española
comenzó lo que los historiadores denominan el Bienio Negro.
La derecha
consiguió unificar el destino de los votos conservadores con esta unión además
de aprovecharse de la aprobación del sufragio femenino, ya que en esos años la
gran mayoría de las mujeres tenían ideas conservadoras. Este periodo es
denominado Bienio Negro por los historiadores serios porque la CEDA no
hizo nada, simplemente se dedicó a gobernar para las élites económicas y
religiosas, destrozando todos los avances democráticos que había introducido el
anterior gobierno republicano. Frenaron la Reforma del Ejército, por la que se
reducía el número de oficiales; frenaron la Reforma Religiosa, que había dado
como resultado una laicización de España; frenaron la Reforma Agraria, por la
que los agricultores podían explotar tierras improductivas propiedad de los
grandes terratenientes (el conde de Romanones tenía tierras equivalentes a toda
la provincia de Guadalajara que no eran explotadas). Además, indultaron a los
militares implicados en el intento de golpe de Estado de 1932 encabezado por
Sanjurjo.
El
descontento del pueblo ante los atentados que le infligía el gobierno
conservador derivó en la Revolución Octubre de 1934, principalmente en dos frentes:
Asturias, con la sublevación de los mineros y Catalunya, con la declaración de
independencia. La revolución fracasó y tuvo unas consecuencias que se podrían
calificar de desastrosas para el pueblo: miles de obreros y políticos de
izquierda fueron encarcelados o ejecutados; se cerraron periódicos de ideología
progresista o nacionalista; se ilegalizaron partidos nacionalistas de izquierda
en Catalunya (Lliga Catalana seguía en activo). La represión hacia la clase
trabajadora se incrementó, ayudados por las escuadras de Falange Española que
ponían en práctica su dialéctica de los puños y las pistolas.
En 1935 se
disolvieron las Cortes y se convocaron elecciones para febrero de 1936. Las
causas principales fueron el creciente descontento social que se reflejaba en
constantes huelgas sectoriales o generales y, sobre todo, los casos de
corrupción de la derecha gobernante. El más sonado fue el del Estraperlo, un juego fraudulento que consistía
en una ruleta trucada que fue introducida en los casinos españoles y que fue
autorizada por el gobierno gracias a importantes sobornos. Pero había muchos
más casos, tanto de corrupción política como de corrupción económica. El
resultado electoral dio el poder al Frente Popular, que retomó las reformas
democráticas dejando atrás el oscurantismo del Bienio Negro y del
gobierno de la CEDA.
La CEDA ganó
las elecciones de 1933 el 19 de noviembre de ese año. 78 años después un
partido conservador, nacido de la coalición de varios partidos de derecha que
englobaban desde el franquismo moderado hasta la democracia cristiana,
llegó al poder en España. Y, casualmente, está siendo igual de nocivo para los
ciudadanos, para la clase trabajadora, incluso para las clases medias, que el
gobierno de la CEDA, ya que, al igual que los cedistas, los populares están
destrozando todos los avances democráticos y de derechos que se han ido implantando
en España tras la caída del franquismo.
El gobierno
de Mariano Rajoy está derogando de forma subrepticia los derechos a la
educación y a la sanidad pública que otorga la Constitución de 1978 a todos los
españoles. Tal vez tendrá que ver que varios dirigentes actuales del PP
pidieron el voto negativo para el referéndum en el que los ciudadanos votaron
mayoritariamente a favor de la Carta Magna. Los copagos introducidos por el
Ministerio de Sanidad nos retrotraen a épocas en las que sólo disponían de
medicinas o de atención médica aquellos que podían pagarlo. Desgraciadamente se
está haciendo habitual que muchos enfermos tengan que elegir entre comprar sus
medicinas o comprar comida para subsistir.
Respecto a
la educación todos conocemos cómo el ministro Wert nos está llevando hacia un
sistema clasista donde los pudientes podrán estudiar y los humildes, los hijos
de los trabajadores o de los parados, están condenados a la incultura y el
analfabetismo, lo mismo que ocurría en los años en que gobernaba la CEDA. Se ha
destrozado al sistema de becas, el sistema que proporcionaba igualdad de
condiciones entre los pudientes y los humildes; se ha aumentado el precio de
las tasas de la universidad pública con la intención de igualar el coste con
los que puede tener una universidad privada. Al igual que en el Bienio Negro
se están eliminando profesores de las aulas con el fin de conseguir la
masificación de los colegios públicos y su derivación hacia los colegios
privados dependientes de organizaciones como el Opus Dei o los Legionarios de
Cristo. Miles de estudiantes han tenido que dejar sus estudios por falta de
recursos y por la imposibilidad de conseguir una beca.
El gobierno
de Mariano Rajoy, al igual que el gobierno de Lerroux, apuesta por la represión
de las manifestaciones de descontento. Meter el miedo en el ciudadano para que
no píe, para que no se haga público el descontento. Desde las filas genovesas
se han lanzado mensajes para la regulación de los derechos de manifestación,
reunión, opinión y huelga. Es decir, que la intención secreta es la derogación
de estos derechos o la implantación de sistemas que dejen a los ciudadanos sin
armas con las que luchar contra la opresión del Partido Popular.
Al igual que
la CEDA, el Partido Popular está gobernando para las élites, tanto económicas
como religiosas. Todo lo que le están robando al pueblo es utilizado para
sufragar el rescate a estas élites, sobre todo a la banca. Hablo de robo porque
cada recorte del PP es un trasvase del dinero de todos hacia las élites o hacia
los mercados de la especulación. Comparando las necesidades de estas élites y
los recortes aplicados por Mariano Rajoy, vemos cómo las cifras coinciden. La
banca no va a devolver 36.000 millones de Euros del rescate bancario y el
gobierno les quita, al menos, 33.000 millones a los pensionistas con su reforma
de las pensiones. Se recortan en casi 4.000 millones los presupuestos en
educación y se van a rescatar las fracasadas autopistas de peaje de Aznar por
un valor que alcanza los 3.500 millones. Se va a reformar la Ley del Aborto con
todas las reivindicaciones cretácicas de la Iglesia Católica, dejando a las
mujeres sin su derecho a decidir sobre su maternidad. Se ha incluido la
religión católica como asignatura dentro del plan de estudios asimilándola en
categoría a otras asignaturas como las matemáticas o la lengua española.
Lo mismo
ocurre con las élites empresariales. El gobierno de Mariano Rajoy impuso una
Reforma Laboral basada en todas y cada una de las reivindicaciones de los
empresarios. Esta reforma ha generado un incremento salvaje del desempleo, lo
mismo que ocurrió en el Bienio Negro. Se ha producido una devaluación salarial
con la excusa de la competitividad cuando el único fin es la devaluación de
derechos de los trabajadores y la sumisión de éstos hacia las condiciones
abusivas de los patronos. A más precariedad, más pobreza. A más pobreza, más
necesidad. A más necesidad, se coge lo que sea, aunque esté rayano a la
explotación. En el Debate sobre el estado de la Nación, Mariano Rajoy lanzó una
medida según la cual los empresarios pagarían una tarifa plana de 100 euros por
Contingencias Comunes para aquellos que creen empleo neto con contratos
indefinidos. Una vez publicado el Real Decreto, hemos visto cómo el presidente
volvió a mentir y su medida para generar empleo va a ser un nuevo sumidero por
el que se van a ir los empleos con mayor retribución en favor de los nuevos
contratos con salario más bajo y peores condiciones. Además, para acogerse a
esa nueva tarifa plana no va a ser necesario crear empleo neto, simplemente, es
necesario cubrir un puesto. En resumen, más presión para los trabajadores que
estarán dispuestos a renunciar a parte de su salario con tal de no ser
despedidos. La misma presión que ejercían los patronos de los años 30 gracias a
las medidas de la CEDA.
Todo son
analogías, y estas analogías dan miedo, ya que la CEDA, una vez perdido el
poder en 1936 se dedicó a conspirar y a apoyar el Golpe de Estado del 18 de
julio de 1936. No sé si Mariano Rajoy va a llegar más lejos, pero un Golpe de
Estado se puede dar sin necesidad de recurrir a la fuerza militar, un Golpe de
Estado se puede empezar a gestar ganando unas elecciones con un programa
electoral falso. Un Golpe de Estado se puede fraguar maniatando la actividad
parlamentaria apoyándose en mayorías ilegítimamente ganadas. Un Golpe de Estado
se puede forjar colocando a militantes de un partido político en los puestos
claves…
Son
analogías peligrosas, pero con la ideología conservadora que cree tener la
obligación de detentar el poder, son analogías posibles.


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