El mundo que
queremos es uno donde quepan muchos mundos. La patria que construimos es una
donde quepan todos los pueblos y sus lenguas, que todos los pasos la caminen,
que todos la rían, que la amanezcan todos. Esta reflexión del Subcomandante
Marcos, guerrillero indigenista y a la sazón líder del EZLN, probablemente sea
una de las citas que mejor definan la esencia del Socialismo del siglo XXI.
Para
explicar las bases de esta revolución social y humanista, es imprescindible
entender que nuevos desafíos exigen nuevas soluciones. El socialismo clásico
surge para combatir al régimen fabril, un sistema en el que únicamente
predominaban dos clases. Los burgueses, que eran dueños de las fábricas, y el
proletariado, que trabajaba en esas fábricas por sueldos de subsistencia. Sería
un error luchar contra el capitalismo globalizado con un socialismo pensado
para combatir al capitalismo fabril. El Socialismo del siglo XXI pretende
ofrecer una alternativa real al capitalismo globalizado con herramientas
propias, aprendiendo de los aciertos del socialismo clásico y prestando
especial atención a nuevas formas de participación ciudadana y propiedad
colectiva.
Como en toda
revolución, hay que prestar especial atención al papel del Estado y la
propiedad. El Socialismo del siglo XXI entiende que hay que alejarse del modelo
de Estado igualitario, que construye muros para que la población no huya. Se
plantea un Estado que tiene como prioridad la defensa del débil, que en una
sociedad consumista, es la mayoría de la población que no tiene dinero para
consumir servicios esenciales. Pero para esta defensa del débil, el Estado debe
contar con herramientas fuertes; amplios poderes estatales y servicios públicos
gratuitos que garanticen unas condiciones de vida dignas para una mayoría que
de otro modo, estaría desamparada.
En lo
referente a la propiedad, debemos partir sobre la premisa de que es imposible
construir socialismo sin satisfacción social. Por lo tanto es importante que
los individuos puedan consumir, comprar y vender. Lo cual no quita que el
Estado deba nacionalizar los sectores estratégicos. No podemos garantizar la
lucha contra el hambre si la industria alimentaria es privada. No podemos
garantizar la lucha contra la pobreza si la banca es privada. Y así sucede con
sanidad, educación, vivienda, energía o investigación. Lo que este nuevo
socialismo intenta con la coexistencia entre propiedad pública, individual y
colectiva, es por un lado garantizar la satisfacción social de poder tener una
casa o un coche en propiedad, pero a la vez garantizar que el Estado, con la
posesión de sectores estratégicos busque la rentabilidad social antes que la
económica. Orientar toda la estructura del Estado a defender al débil, en vez
de ignorarlo o hacer negocio con el.
El
Socialismo del siglo XXI, como revolución humanista que es, presta especial
atención a la solidaridad, no solo en el plano nacional, sino también en el
internacional. La defensa del débil que se expuso anteriormente no se limita a
los ciudadanos de un país. Hay débiles en todas las naciones del mundo, y es
misión de esta revolución ayudar en la medida de lo posible a todos aquellos desamparados
del mundo que están viendo vulnerados sus derechos más elementales por motivos
económicos. El multiculturalismo y por tanto, la tolerancia son pilares
fundamentales de esta revolución.
En resumen,
concluimos que el el Socialismo del siglo XXI es una revolución que pretende
proveer de humanidad a todos aquellos a los que se les niega diariamente,
tratándolos como mercancía, como cifras; sumidos en el más absoluto desamparo y
dependiendo de la caridad de quién los utiliza para enriquecerse. Pero para
comprender realmente lo que es el Socialismo del siglo XXI, hay que comprender
los motivos que tienen sus enemigos para rechazarlo. Y es que si hubiera un
Estado que garantizase los derechos más fundamentales a sus ciudadanos
(vivienda, alimentación, sanidad, educación...) ¿Quién iba a trabajar por
salarios de miseria? ¿Quién iba a pagar por servicios ya garantizados? ¿A costa
de que desesperación iban a enriquecerse las grandes corporaciones?
El
Socialismo del siglo XXI se presenta como una herramienta eficaz para quebrar
los pilares más fundamentales del capitalismo globalizado en el que vivimos.
Una revolución social y humanista que tiene como misión luchar contra la
injusticia y defender al débil. Un movimiento que esta llamado a derribar los
muros de la intolerancia, asaltar las fronteras de todo el mundo y conquistar
las conciencias de sus habitantes. Un movimiento llamado a alcanzar el Estado
supremo de bienestar.

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