De un lado,
el recientemente dimitido -por cuestiones de pringue, naturalmente- senador
Francisco Granados dijo quitarse un peso de encima porque «total, lo único que
hago en el Senado es apretar un botón a la hora de votar». De aquí se podría
sacar un quintal métrico de conclusiones acerca de una de las caras de la
representación en nuestro país. De otro lado, nueve diputados del Partido
popular votan a favor de un texto independentista en el Parlament de Catalunya.
Es evidente que no era esta su intención. Pero al final se impuso la
«disciplina de dedo», una figura parlamentaria que tradicionalmente ha sido
equiparada a la «disciplina de partido». Pero que, en este caso, no ha habido
correlato entre ésta y aquella.
Llamamos disciplina
de dedo al gesto imperativo con que el portavoz del grupo parlamentario
ordena a sus conmilitones qué debe votar. Por ejemplo, si el portavoz-capataz
levanta un solo dedo nadie debe interpretar que se está haciendo una peineta a
alguien, sencillamente se está ordenando votar afirmativamente. Si son dos
dedos, lo que se indica es votar negativamente, y tres dedos es el símbolo de
la abstención. Por supuesto todos los diputados –salvo muy rarísimas
excepciones-- han seguido a pies juntillas las órdenes digitales. De ahí
podemos colegir la estrecha relación entre la disciplina de partido y la
disciplina del dedo: del dedo que ordena qué votar y del dedo que obedece el
mandado imperativo. Llamarlo a esto dedocracia sería algo vulgar, amén de un
chiste fácil.
Es claro que
el voto positivo de los diputados catalanes del PP a la propuesta de celebrar
la consulta del «dret a decidir» no fue una rebelión contra Mariano Rajoy. Fue
una equivocación del portavoz. Lo chocante es que nadie reparara en el error.
La respuesta puede ser la siguiente: ¿para qué quieres cabeza si te indican con
el dedo lo que tienes que hacer?

Veis la imagen gráfica, pues imaginaros un niño con un pantalón corto y debajo de la rodillas morrilo (piedrecitas sin pulir) eso lo hacia el maestro ´de la escuela publica de mi barrio, con camisa azul obscuro con el yugo y las flechas en el bolsillo y corbata negra, con los niños que eran hijos de ciudadanos de izquierdas comunistas, anarquistas, socialistas, sabes cuantos años tenian los niños, entre cinco 12 años.. fdo Ramón Isasi
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