Gustavo Vidal Manzanares |
Jurista y escritor
nuevatribuna.es | 20 Noviembre 2013 -
14:32 h.
El
gobierno ha dado a conocer, bajo el orweliano apelativo de “seguridad
ciudadana”, una recopilación de sanciones contra las protestas ciudadanas no
domesticadas.
Lejos
del sosiego y debate que ha de preceder a cualquier norma que incida en el
ámbito de las libertades, con nocturnidad y a escondidas, la derecha ha
presentado un elenco de medidas punitivas contra los ciudadanos que no estén
dispuestos a dejarse saquear y que, desde luego, no se resignen a rumiar su
indignación en casa (en el supuesto de tener vivienda, obviamente).
Impropia
de un sistema democrático, el ejecutivo se ha limitado a recopilar las últimas
acciones de protestas sin otro objeto que aplicar unas sanciones exentas de
garantías jurídicas y, a todas luces, desproporcionadas. Sin perjuicio de su
anticonstitucionalidad, pues los jueces se han negado a castigar variadas
conductas que este engendro legislativa tipifica.
UNA
LEY QUE BUSCAR ELUDIR GARANTÍAS
Por
ello, el desgobierno del PP pretende utilizar la vía administrativa toda vez
que es mucho menos garantista que la penal. En esta vía, la Administración
puede ejecutar unas multas brutales provocando un perjuicio casi inmediato en
el denunciado a quien los tribunales tardarían años en restituir. Esto a la
Administración, libre de pagar las costas, le saldría gratis.
Al
ciudadano, aunque declarado “inocente” pasados unos años, se le irrogaría un
daño brutal inmediato. Buscan el amedrentamiento ciudadano, el miedo, el
terror. Es el único modo que, hoy, les permite mantener su política de saqueo,
del fluir de la riqueza de todos hacia el bolsillo de unos pocos, los suyos.
Particularmente
no me extraña este arranque dictatorial del Gobierno. La derecha española no es
democrática. Se viste con ropajes democráticos, pero el gen de la democracia no
circula por sus venas. Se han adaptado al actual sistema, llamado democrático,
pero su mimetismo es similar al sacerdote que oficia misa sin creer en Dios, pertrechado
tras un hábito y un ritual. De este modo, la derecha es democrática, solo en el
aspecto externo, ritual. Y en ocasiones como la anterior, cuando se despoja de
la careta, tampoco.
LOS
INCONFESABLES MOTIVOS DE LA LEY DE REPRESIÓN CIUDADANA
Cabe
preguntarse el motivo de esta ley de represión ciudadana. Y la respuesta no es
muy difícil… vivimos en una sociedad donde una minoría (grandes empresas y
entidades financieras) se valen del esfuerzo ajeno y de lo público para
acumular unos beneficios obscenos, millones de euros, cientos de millones de
euros, miles de millones de euros.
Pero
esos ríos de oro no fluyen desde el talento empresarial, el riesgo de una idea,
la innovación. Muy al contrario, las ganancias de esa oligarquía de
privilegiados (no pocas veces simples criminales de corbata) se nutre y
mantiene a costa de los demás. Especulación del suelo, construcción
inmobiliaria desaforada, grandes contratos con la Administración han supuesto
montañas de dinero a esta casta parasitaria.
Pero
eso se les ha acabado. Como quieren seguir manteniendo su lujoso tren de vida
pero les falta talento y capacidad, nos roban a nosotros. Ya sea mediante
privatizaciones ruinosas (salvo para ellos) o recortes en sanidad, educación,
pensiones… Poco habla la banda que gobierna sobre las amnistías y regalos
fiscales a las grandes fortunas. O acerca de los miles de millones entregados a
la banca y que tendremos que pagar quienes no robamos. Y poco se ocupa este
desgobierno de indagar cómo han podido evaporarse miles de millones, ¡total lo
pagarán los trabajadores con su futuro, su angustia, el sudor…!
Si
el planeta no revienta a causa de la maldad y estupidez humana, dentro de un
par de siglos los manuales de historia se referirán a nuestro tiempo como el de
la estafa y los miserables…
Así,
narrarán cómo una minoría parasitaria, codiciosa, sin escrúpulos, saqueaba a la
mayoría. La mayoría debía despojarse de lo esencial para que la minoría pudiera
seguir manteniendo su vida de vicios y lujos caros cuando los negocios le
fracasaban. Algo muy habitual, pues casi todos carecían de talento y solo les
espoleaba la depravación y la avidez.
A
su vez, una casta de políticos inmorales servía los intereses de los anteriores
a cambio de una pequeña tajada del botín.
Se
permitía protestar a la mayoría, pero siempre que las protestas se
canalizaran mediante las normas elaboradas por los inmorales servidores de
aquella minoría parasitaria. Normas que, huelga aclararlo, se confeccionaban
para evitar la efectividad de las protestas y conferir apariencia de
legitimidad a aquella colosal estafa. Por eso, cuando la mayoría decidía
protestar de forma eficaz, se la sancionaba y reprimía con total dureza,
vulnerando los principios de aquel sistema que llamaban “democrático”.
La
minoría parásita y los inmorales a su servicio reclutaban miembros para labores
de matonismo contra la mayoría. Procedían de esa misma mayoría, pero se vendían
barato a los intereses de los impúdicos y los parásitos…
No
tengo la menor duda, dentro de unos siglos el devenir de nuestro tiempo se
narrará del modo que ustedes acaban de leer. Queda por escribir el fin de toda
esta historia… pero escribirlo o, más exactamente, reescribirlo, nos
corresponde a personas como usted y como yo.


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