Este médico anarquista de Maeztu lleva 77 años en
alguna cuneta tras ser fusilado. No es el único. Aún existen fosas comunes sin
investigar en Álava y en territorios próximos
F. Góngora
14 de noviembre
de 2013
Le han puesto calle a Isaac
Puente en los nuevos barrios del Este. Vitoria fija su nombre al de la ciudad y
rescata del olvido a un gran hombre, un pensador, un salvavidas, un médico.
Pero seguimos con una asignatura pendiente: buscar sus restos en alguna cuneta.
Isaac Puente es el más ilustre de los desaparecidos en Álava en la Guerra Civil
al que no se puede hacer el último homenaje debido. Se han cumplido 77 años. No
es el único. Aún existen fosas comunes sin investigar en Álava y en territorios
próximos. Los historiadores barajan actualmente para Álava una cifra entre 200
y 350 fusilados por el régimen franquista durante el conflicto bélico y en los
siguientes años. Una cifra que coloca al territorio en la cola de la represión,
pero que no deja de ser apabullante.
Isaac Puente Amestoy nació
el 3 de junio de 1896 en Las Carreras (pedanía de Abanto y Ciérvana) fue el
tercero de seis hermanos. Su padre Lucas Puente García, nacido en Bustasur
(Cantabria), fue oficial en el ejército carlista y al ser derrotado se exilió
en 1876 a Francia. La madre, Josefa Amestoy Hermoso de Mendoza, era natural de
Lanciego. Cuando Isaac contaba 15 años la familia se trasladó a Vitoria donde
ejercieron de farmacéuticos en la farmacia de la Cuesta de San Francisco, que
todavía existe, tanto su padre (Lucas) como su hermano mayor (Federico).
Isaac Puente estudió como
alumno externo los cuatro primeros años de bachillerato en el colegio de los
Jesuitas de Orduña residiendo en casa de su padrino, el notario Isaac Uriarte.
Finalizó los dos años de bachiller en el Instituto de Vitoria. En 1913 estudió
primero de medicina en Santiago de Compostela, finalizando la carrera en 1918
en Valladolid. Tras realizar el servicio militar, empezó a ejercer como médico
rural en Cirueña (La Rioja) obteniendo en 1919 la plaza de médico titular del
partido de Maestu, con sus 20 pueblos de la Montaña Alavesa, donde ejerció 17
años, el resto de su vida. El 12 de mayo de 1919 casó con Luisa García de
Andoin, con la que tuvo dos hijas, Emeria y Araceli.
Desde 1930 se desarrolló su
mayor actividad política al ser nombrado diputado provincial de Álava, por ser
elegido representante del Colegio de Médicos de Álava. Fue detenido y
encarcelado en tres ocasiones: en Maestu (el 16 de abril de 1932) durante un
mes, en Zaragoza (el 16 de diciembre de 1933) durante 5 meses, y en su casa de
Maeztu (el 28 de julio de 1936) siendo fusilado el 1 de septiembre de 1936.
Defendía puntos de vista
maltusianos y naturistas y era un defensor de la eugenesia -desde un punto de
vista de aumento de la higiene, el fin de la prostitución y estaba a favor del
feminismo. Colaboró en prensa como divulgador de cuestiones de salud y
sexualidad en revistas como Iniciales, Generación Consciente o Estudios con el
seudónimo Un médico rural. Su panfleto más conocido e influyente fue El
comunismo libertario, publicado en 1933, que inspiró la resolución final del
congreso de Zaragoza de la CNT en mayo de 1936.
Personaje de gran
influencia en su tiempo, sobre todo en los círculos anarquistas y médicos, su
asesinato fue condenado por múltiples personalidades de la época. En Maestu se
le recuerda con un gran cariño por la humanidad con la que ejerció de médico.
Dio nombre al batallón Isaac Puente, formado en septiembre de 1936, siendo el
batallón nº 3 de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) y nº 11 del Eusko
Gudarostea.
Cerca de Pancorbo
Los restos del cuerpo del
médico de Maeztu siguen tirados en alguna fosa común próxima a Pancorbo. O al
menos esa es la hipótesis más probable sobre su paradero. Los intentos de la
familia por encontrar su rastro han sido infructuosos. Se llegaron a exhumar
restos de un fusilado en Pangua (Treviño) que podía ser él. Pero el ADN se
encargó de frustrar esa esperanza en 2005.
Impresionado por la figura
de este médico rural, que teorizó sobre la salud y el naturismo adelantándose a
su tiempo, el vecino de Maeztu , Francisco Fernández de Mendiola, escribió la
biografía más completa sobre Puente.«Desde que tengo uso de razón he oído
hablar en mi casa de este hombre que fue médico del pueblo y de la Montaña
Alavesa entre 1919 y 1936. Y me fascinó. Todavía hay ancianos que le recuerdan
como un gran médico, entrañable y cercano, que hacía curaciones asombrosas y
que siempre estaba al lado de los más desprotegidos. Pero de su faceta
divulgativa y política se conocía muy poco. Porque aquí sólo era ¡el médico!».
Sin embargo, su compromiso
con el anarquismo sí era conocido por los generales sublevados contra la
República. Su muerte en septiembre de 1936 está ligada a la llegada a Vitoria
de Millán Astray, el general fundador de la Legión que fue encargado de la
propaganda franquista y que pasó también por Maestu dejando una huella
imborrable.
Hay una frase recogida en
el libro por Fernández de Mendiola que resume las dos grandes preocupaciones
del intelectual. «La salud como la libertad, ha de conseguirla cada cual». En
realidad fue un pionero del naturismo que se oponía al concepto de
medicalización de la vida, y prefería la prevención frente al uso de fármacos.
«También fue un precursor y defensor del aborto terapéutico y estableció una
consulta gratuita para los trabajadores desde su casa». Llegó a ser diputado
dentro de la institución foral alavesa, pero su figura se agranda dentro del
anarquismo ibérico. Se le considera uno de los autores más influyentes durante
los años de la Segunda República a causa de su conocido folleto «El comunismo
libertario», que inspiró la resolución final del congreso de Zaragoza de la CNT
en mayo de 1936.
El libro de Fernández de
Mendiola, editado por Txalaparta, está dividido en seis capítulos. El primero
recoge los aspectos biográficos de su vida, su paso por la junta del colegio
oficial de médicos de Álava, su breve estancia en la Diputación y sus problemas
con la legalidad republicana que lo llevaron a ser encarcelado hasta en cinco
ocasiones. El segundo capítulo analiza el entorno local, su compromiso con los
jóvenes de Maeztu, algunos de los cuáles murieron como él. Antonio Rivera
expone en el tercero su visión sobre el papel teórico jugado por Puente en la
formulación de una vía revolucionaria de los anarquistas. El cuarto capítulo es
otra colaboración del facultativo José Vicente Martí, que estudia las
aportaciones de Puente a la medicina y a la salud.

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