Eduardo Montagut | Historiador
nuevatribuna.es
| 18 Noviembre 2013 - 18:08 h.
La cuestión
de la organización territorial de nuestro país está de plena actualidad con el
apogeo del nacionalismo catalán y su defensa del derecho a decidir y por las
renovadas tendencias centralistas de la derecha en el poder, con el apoyo, no
sin ciertos tintes fundamentalistas, de UPyD. Los socialistas han vuelto a
introducir una solución distinta y que llevaba mucho tiempo en un segundo
plano; nos referimos al federalismo. Pero, ¿qué es el federalismo?
El
federalismo es un sistema de organización territorial de un Estado en el que
las unidades políticas –los estados o territorios- que lo componen tienen un
grado muy alto de autogobierno, aunque estas unidades se subordinan a un poder
federal o central en determinadas materias o competencias generales, como
suelen ser las fuerzas armadas, la política exterior, las directrices generales
económicas, servicios administrativos comunes, grandes infraestructuras, etc..,
en un difícil equilibrio, que se establece en sus ordenamientos
constitucionales. En los Estados federales el poder legislativo es bicameral,
con una cámara baja donde están representadas las circunscripciones electorales
en función de su demografía, junto con cámaras altas de representación
territorial. Los conflictos de competencias entre el Estado federal y los
estados se resuelven en los tribunales federales.
El
federalismo surgió con la creación de los Estados Unidos y la promulgación de
su Constitución de 1787. Los estados soberanos –las antiguas colonias
británicas- pactaron asociarse pero estableciendo vínculos estrechos para crear
una federación y no una confederación, aunque no sin cierta tensión entre los
partidarios del fortalecimiento del poder federal y los defensores de los
poderes de cada estado. La guerra de Secesión supuso la principal crisis de
este sistema político. También puede darse el camino inverso, es decir, partir
de un Estado más o menos centralizado que se descentraliza. La Unión Soviética
fue un Estado federal de repúblicas, que partió de la descentralización, además
de la pérdida de algunos territorios, del antiguo imperio zarista. El Estado de
las autonomías español, sin ser federal, sí supuso una clara descentralización
desde un Estado muy centralizado, herencia combinada del centralismo liberal
decimonónico y del acusado centralismo franquista. La cuestión es sí no está ya
hoy superada la solución autonómica diseñada desde la Constitución de 1978.
Por otro
lado, el federalismo es, también una doctrina política que defiende el sistema
político descrito anteriormente. En este sentido, en España existió una
tendencia federalista republicana que nació en el siglo XIX y que intentó poner
en práctica una solución federal, sin éxito, en la I República, con dos
vertientes, una de desde arriba con el proyecto constitucional de 1873 y, otra
desde abajo y con un carácter más social, con el movimiento cantonalista.
El federalismo
parece ahora generar debate en el principal partido de la izquierda española,
que siempre había tendido hacia un cierto centralismo jacobino. El federalismo
puede ser una vía para intentar terminar con las tensiones generadas entre los
nacionalismos sin estado –catalán y vasco- y el nacionalismo españolista
centralista de la derecha, y plantear un proyecto común de convivencia.
Por fin, el
federalismo es una opción para avanzar en la construcción europea, como un
medio para dinamizar las instituciones de la Unión Europea, generar políticas
comunes, simplificar y agilizar el sistema político y administrativo que tiene
la organización y ganar en calidad democrática, con el fin de servir de forma
más adecuada a los ciudadanos europeos en un mundo globalizado.

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