Inma Chacón propone una reflexión sobre la identidad y
la memoria en su nuevo trabajo literario, inspirado en el drama de los niños
robados durante la dictadura franquista. Partiendo de casos reales, la autora
extremeña crea una obra de ficción que también tiene mucho de denuncia social. Mientras pueda pensarte es una intensa historia de vidas
cruzadas que aspiran a conocer la verdad.
nuevatribuna.es | Fernando Olmeda | 18 Noviembre 2013 - 12:22 h.
Foto: Andoni
Osés.
¿Es una
novela que aprovecha el tirón de la actualidad, o es oportuna, porque traslada
a la ciudadanía, desde la ficción, el drama de los niños robados?
Alguien
puede considerarla oportunista porque su publicación ha coincidido con una
serie y algún programa de televisión sobre niños robados (es bueno que coincida
porque así se habla más del tema), pero lo cierto es que un libro se tarda en
escribir dos años. Cuando estalló el escándalo del robo de bebés, yo estaba
escribiendo Tiempo de arena. Escuché entonces a una madre decir que el
último recurso que le quedaba para encontrar a su hijo era ir a las plazas a
tratar de reconocer las facciones de alguien que pudiera ser él. Aquello me
impresionó, me causó estupor. Empecé a escribir Mientras pueda pensarte en
2011, después de Tiempo de arena, de hecho en cierta medida es
consecuencia suya. Quería saber cuál era el origen de todo esto, las causas de
la venta de niños -como quien vende lavadoras- por redes que funcionaron en
toda España. Llegué a la conclusión de que el origen estaba en hechos
anteriores.
Probablemente,
el origen está en la represión de posguerra...
Así es. Después de la guerra civil, en las cárceles ya
se robaban los niños a las presas republicanas. Siguiendo las teorías de Vallejo-Nájera,
se consideraba que las madres republicanas eran enfermas mentales, que la
ideología comunista era una enfermedad mental, y por tanto, para que no se
contagiasen los niños, tenían que ser recogidos y entregados a familias adeptas
al régimen para educarlos en el nacionalcatolicismo. Mucha gente lo ha contado
estupendamente, como por ejemplo Benjamín Prado en Mala gente que
camina. Desde una perspectiva periodística, no científica, considero que
hay tres causas que explican aquel fenómeno: primero, una causa social, los
prejuicios que impedían que las madres solteras se quedaran con sus hijos. Se
ocultaba, se hacía pasar a los hijos por hermanos pequeños. Una segunda causa
es la ideológica. Con el baby-boom se entregaron muchos bebés en conventos o
inclusas. Como el sistema de adopción era complicado, las instituciones
derivaban la demanda a las clínicas. Y como estas no podían dar los niños en
adopción, los adoptantes ingresaban y salían con los niños como si fueran
suyos. Eran adopciones irregulares, no robos. Se corrió la voz de que era fácil
adoptar, y empezó a venir gente de fuera. Como la demanda era alta, empezó el
robo de niños, se mercantilizó el proceso. Esta es la tercera causa, la
puramente mercantil.
La
literatura es con frecuencia un viaje interior, una forma de hacernos
preguntas. ¿Qué viaje propone Mientras pueda pensarte?
Yo he
querido preguntarme cómo reaccionaría cada uno de nosotros en una situación
como la de los protagonistas. Y cómo reaccionaría cada madre. La novela es una
reflexión sobre la identidad. En algún momento de nuestra vida, principalmente
en la adolescencia, todos nos hemos preguntado quiénes somos. Pero lo que ha
ocurrido es que muchas personas han vuelto a preguntárselo en la edad adulta, y
eso resquebraja sus cimientos. De pequeña, mi hermana Dulce y yo éramos
muy morenas, un poco gitanillas, más o menos como ahora... Entonces nuestros
padres decían, a modo de broma: “A ti te encontré debajo de un puente”.
Era una broma, pero era una de las preguntas que va conformando nuestra
identidad. He planteado a muchos jóvenes esta pregunta: ¿Os habéis preguntado
qué haríais si supiéseis que sois niños adoptados? Hoy estamos muy seguros de
todo, hay una gran seguridad jurídica, pero te aseguro que todos se lo habían
planteado alguna vez.
Y una
reflexión sobre la maternidad...
Sí, porque a
muchas madres no les robaron a los hijos, sino que los entregaron
voluntariamente. Y esas mujeres tambien se hacen preguntas: ¿Dónde está mi
hijo? ¿Quién le habrá criado? ¿Habrá sido feliz? Muchas mujeres tienen la necesidad
de decir a su hijo: “Yo te quería”. Otras deciden no buscarlos nunca. La
novela es poliédrica, son muchas caras, las madres que fueron víctimas de
engaño, los adultos que fueron cómplices... Madres e hijos viven vidas
paralelas que en la ficción se cruzan, pero en la realidad no llegan a cruzarse
casi nunca.
«Madres e hijos viven vidas paralelas que
se cruzan en la ficción, pero que en la realidad no llegan a cruzarse casi
nunca»
¿Es una
novela sólo para las familias afectadas por el robo de niños, o también para
otros lectores?
Es una
invitación a la lectura para todo tipo de lectores porque el drama de los niños
robados no es un problema sólo de los afectados, es de toda la sociedad. Lo
comparo con los malos tratos. Una sociedad donde se han cometido tales
atrocidades es una sociedad enferma. La sociedad española está herida, las
heridas se cerraron en falso, hay costra pero la infección sigue por debajo. Y
hacen falta soluciones institucionales. En Argentina las instituciones buscan a
los desaparecidos, en Australia y en Alemania algo parecido. Las instituciones
han de poner los medios, por ejemplo, para abrir fosas, y eso sería una señal
de buena salud democrática. Lo primero sería asumir el pasado, porque el pasado
nos pertenece. Pero eso no se quiere en España.
A fin de
cuentas, la necesidad de ejercitar la memoria...
Es un
propósito que conecta con el título de la novela, que nace de los versos del
poeta extremeño Ángel Campos Pámpano: “Mientras pueda pensarte, no
habrá olvido”.
«Lo primero sería asumir el pasado,
porque el pasado nos pertenece. Pero eso no se quiere en España»
Desde que se
publicó Mientras pueda pensarte, ¿qué respuesta ha ido recibiendo de los
lectores?
Los
afectados se han visto reflejados en los personajes de ficción. Hablan de cosas
que ocurren en el libro como si hubiesen pasado de verdad, y de los personajes
como si realmente hubiesen existido. Muchos dicen haberse conmovido.
Muchas
editoriales apuestan por novelas amables, balsámicas, con protagonistas que
empaticen con el lector. Sin embargo, Mientras pueda pensarte es lo
contrario, una novela poco amable, combativa, que hace pensar y sentir...
Para su
propia supervivencia, las editoriales necesitan ofrecer al público productos
fáciles de digerir, ligeros, que puedan llegar a un público objetivo amplio. Si
no es así, terminarían hundiéndose, dado el cambio en los hábitos de lectura y
el problema de las descargas ilegales y el pirateo. Soy muy combativa con este
fenómeno porque está en juego el pan de miles de familias. A mí no me han
propuesto nunca escribir sobre nada en concreto. En todo caso, de una manera o
de otra yo escribo desde la verdad. Mario Vargas Llosa tiene un libro
que se titula La verdad de las mentiras. Se trata un poco de eso: de
escribir ficción con el corazón abierto, con la verdad que hemos llegado a
conocer.
Da la
sensación de que la novela también explicita el compromiso de la autora con la
necesidad de movilizarse para cambiar las cosas.
Todo tenemos
el objetivo de cambiar esto, de mejorar el mundo desde nuestras parcelas
respectivas. Yo, personalmente, siento ese compromiso, y contribuyo como puedo,
desde la literatura y desde la docencia.
¿Por qué la
Iglesia sigue teniendo la influencia y la presencia que tiene en la vida
pública española, a pesar de vivimos en un país laico?
Lo de la
Iglesia es una intromisión permanente en el ámbito político y social. Debería
de estar presente en el individuo como opción personal. Lo que predica es
ideología, y la ideología forma parte de la actividad ciudadana, no de la
espiritual. Estamos demasiado acostumbrados a aceptar estos predicamentos, se
ha convertido en costumbre y es difícil de desarraigar. Por suerte, mucha gente
sabe distinguir el consejo espiritual del adoctrinamiento.
«Lo que predica la Iglesia es ideología,
y la ideología forma parte de la actividad ciudadana, no de la espiritual»
Respecto a
la implicación de religiosos y religiosas en el robo de niños, no parece que
haya habido un acto de contrición, una disculpa pública...
No sólo no
ha habido una disculpa, sino que ha habido una justificación. De todas formas,
no querría adjudicar la responsabilidad de hechos puntuales al colectivo
religioso en su conjunto. En las órdenes religiosas, la mayoría de las personas
busca el bien; la fe ha ayudado a salir a mucha gente que, en otras
situaciones, no habría podido. Del mismo modo que no me gusta que se califique
de corrupto a todo el colectivo de políticos. La mayoría dedica su tiempo de
trabajo, e incluso de ocio, al bien común.



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