Pedro Taracena
20 de noviembre de 2013
Aunque no se
le denomine por su nombre, el franquismo en nuestro país que muchos no se
atreven a llamarle por su nombre, España, es tan real como nuestra vida misma.
Según la Real Academia Española es un “Movimiento político y social de
tendencia totalitaria, iniciado en España durante la Guerra Civil de 1936-1939,
en torno al general Franco, y desarrollado durante los años que ocupó la
jefatura del Estado. Periodo histórico que comprende el gobierno del dictador.
La semántica
de este vocablo solamente nos da una pauta para su ubicación histórica, pero
sus consecuencias sobrepasan el tiempo y el espacio. Con la muerte del Caudillo
de España, que lo fue por la Gracia de Dios, desapareció la dictadura y se
restableció el Estado de Derecho que el mismo general golpista aniquiló. La
legalidad y legitimidad de la II República de 1931, destruida por el dictador
fue restablecida con la Constitución de 1978.
Al margen
del pacto constitucional fruto de un consenso nacional, se estableció otro
pacto, no escrito y mucho menos signado entre los franquistas procedentes de la
dictadura y los políticos venidos de la clandestinidad y del exilio. A este
periodo del post franquismo se le denominó como la Transición de la dictadura a
la democracia. Este pacto mutiló la Justicia Universal, amordazó a las víctimas
del execrable régimen y dejó impune los crímenes cometidos durante la
dictadura. Esta forma de liquidar el negro pasado más reciente de nuestra
nación, se hizo en aras de evitar una involución en la incipiente democrática y
una intervención militar, caso este último que se logró abortar.
La llamada
modélica Transición creó un estilo de entender la política evitando mirar hacia
atrás; dando pábulo al franquismo cada día menos disimulado. Evitando condenar
la dictadura y mucho menos tipificar la apología del franquismo como delito. A
este carro de la historia se han subido el Rey de España, el Partido Popular,
el Capital y la Iglesia, que no han condenado al franquismo y tampoco se espera
que lo hagan en un futuro. Hoy tenemos instalado en el Gobierno, sin disimulo, la
dinastía fascista en su versión española, los franquistas: Franco, Fraga, Aznar
y el personaje más ambiguo, Rajoy.
Es preciso concluir esta columna
determinando en este periodo que comienza en 1936 hasta nuestros días, quiénes
fueron los vencedores y los vencidos. Los verdugos y las víctimas. Las derechas
y las izquierdas. De ninguna manera son todos iguales ni hicieron lo mismo.
¿Con qué autoridad moral los franquistas instalados en el Gobierno, exigen
perdón y arrepentimiento a los terroristas de ETA? Cuando ellos no los hacen
con las víctimas del franquismo.

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