Por Juan
Antonio Mata | La huelga
de limpieza en Madrid y su éxito ponen el valor, hoy más que nunca el
sindicalismo de clase como instrumento indispensable de defensa individual y
colectiva de los derechos de los trabajadores.
nuevatribuna.es
| Juan Antonio Mata Marfil | 21 Noviembre 2013 - 19:54 h.
Trece días
de huelga han hecho falta para que ¡por fin! se firmara por los representantes
sindicales de CC.OO., UGT y CGT un acuerdo con las empresas concesionarias de
los servicios de limpieza viaria y jardinería de Madrid (FCC, CESPA, OHL Y
VALORIZA). Trece días de dura y ejemplar lucha sindical y social para lograr
quebrar las pretensiones de dichas empresas que, con la complicidad manifiesta
del Ayuntamiento, intentaban despedir a 1.144 trabajadores, el 20 por ciento de
la plantilla y rebajar los salarios en un 40% de los que quedaran, y así hacer
pagar a éstos los recortes de las concesiones.
No voy a
entrar en analizar el hecho mismo de la huelga ni los logros obtenidos, ya que
esto se está haciendo y muy bien por cierto, por altos y cualificados
dirigentes y cuadros sindicales, por los partidos políticos, por la
organizaciones sociales y por multitud de analistas, en definitiva.
En primer
lugar, afirmar que la huelga ha sido un éxito de los convocantes, los
sindicatos y los trabajadores, por lo ejemplar de la misma y por los acuerdos
suscritos; y un fracaso de la Alcaldesa de Madrid, de su equipo, y de sus
políticas de neoliberales; fracaso también de las empresas y sus pretensiones.
Los sindicatos y los trabajadores con esta huelga han puesto pie en pared a
este conjunto de desatinos y han dicho ¡BASTA! a tanto recorte, a tanta
eliminación de derechos, a tanta mierda. Han demostrado “que sí, que se puede”.
Mi
pretensión es reflexionar y abrir un debate sobre las enseñanzas que con
carácter general nos deja esta huelga y que no son pocas.
1.- La
primera enseñanza de la que se debe tomar nota, es que se puede evitar que se
sigan imponiendo recortes irresponsables y dolorosos para los trabajadores.
Para ello es
necesario querer y saber movilizarlos y posibilitar un grado de unidad y
compromiso, como el que se ha conseguido en este caso. No es fácil en estas
circunstancias de crisis y paro, pero ha sido una realidad. Y si ha sido
posible en este, puede y debe serlo en otros de características similares, muy
especialmente en los sectores externalizados o privatizados por las diferentes
administraciones.
Creo que
para ello es fundamental estar cerca, muy cerca, de los trabajadores en los
tajos, en los centros de trabajo, en sus empresas y analizar el porqué de las
cosas, las razones de fondo de lo que sucede, que es lo que está en juego, cómo
afrontar con un mínimo de garantías todas estas medidas que se vienen
imponiendo.
Es el “ abc”
del sindicalismo de clase, pero ¿se hace de verdad esto con la convicción e
intensidad necesaria por parte de las estructuras sindicales?
Habría que
analizarlo por quien corresponda y si no es así, habría que adoptar las medidas
oportunas para lograrlo. Si hoy muchos cuadros y dirigentes sindicales no tienen
ni reconocimiento, ni autoridad suficiente ante los trabajadores es por su
lejanía y no solo física. Los trabajadores tienen que saber qué piensa, qué
hacen, dónde están, y como se enfrentan sus dirigentes y representantes
sindicales a los problemas, como les defienden, en definitiva. Es hora de estar
muy pegado a los trabajadores.
2.- La
segunda, es saber marcar bien las razones y los motivos de la movilización; de
la huelga en su caso. Sin objetivos claros y precisos es casi imposible lograr
que los trabajadores se impliquen.
Aquí se han
precisado perfectamente: “Ni despidos, ni rebaja salarial”. De unos objetivos
sentidos por los trabajadores, bien marcados, bien analizados y mejor
explicitados por sus sindicatos, saldrán dos elementos fundamentales y básicos
para el éxito de una movilización: querer y poder, y con ellos, unidad y
firmeza. Ambos se han vislumbrado también con claridad.
3.- La
tercera es saber acertar qué tipo de movilización es más útil para lograr los
objetivos perseguidos. No todos los conflictos ni todos los sectores son
iguales. No es lo mismo una empresa de producción, que una de servicios, ni si
estos son públicos. En este tipo de actividad, no tiene mucha utilidad, si de
verdad se quiere ganar el conflicto, una huelga periódica, sino que tiene que
ser larga, por no decir indefinida, ya que la misma se ha de visualizar con
nitidez por parte de los ciudadanos y de la contraparte. No se puede fallar en
el tipo de movilización y eso supone mucho esfuerzo, mucho control, mucha
organización y más explicación.
4.- La
cuarta enseñanza sería el obtener el apoyo y la solidaridad de quien se va a
ver afectado negativamente por los efectos de la movilización.
Todo el
esfuerzo de explicación es poco. Sin él, el éxito es muy difícil. El poder político
debe notar la desaprobación ciudadana. Hay que lograr que la ciudadanía
entienda que el motivo del conflicto es la injusticia; para que sitúen la
responsabilidad de los efectos negativos e incomodidades derivados de la huelga
no a quien está defendiendo derechos, sino en quien los quiere quitar. Hoy la
mayoría de los ciudadanos de Madrid saben qué hacen los barrenderos, y lo
esencial que es su trabajo para el bienestar común; y lo malo, por lo
contrario, que es que no se limpie.
Esto es
fundamental. Por ello debe realizarse siempre, y estos casos más, una fuerte
acción explicativa por parte de los convocantes hacia la ciudadanía a través,
no solo de los medios de comunicación, sino de cercanía con esta. Sin aliados
es difícil obtener los resultados deseados. No debemos olvidar que aquellos
contra los que se hace la huelga, tienen resortes más que suficientes para
intentar hacer que la movilización se vuelva contra quienes la han convocado.
5.- La
quinta, es reconocer que de este conflicto han salido reforzados los sindicatos
de clase, han recuperado autoridad y credibilidad. Y eso es importantísimo, más
aún frente a toda la campaña de desprestigio que desde hace mucho tiempo viene
desarrollandose por toda la caverna mediática, el Gobierno, la dirección del PP
y sectores importantes de las organizaciones empresariales, a los que se han
unido últimamente parte del estamento judicial.
Esta huelga
y su éxito ponen en valor, hoy más que nunca el sindicalismo de clase como
instrumento indispensable de defensa individual y colectiva de los derechos de
los trabajadores.
Un
sindicalismo corporativo y débil beneficia exclusivamente al capital, a las
empresas, al poder político y perjudica no solo a los trabajadores, sino a todo
el sistema de protección social; al Estado del Bienestar, en definitiva.
Con un
sindicalismo débil se impone la reforma laboral, la de las pensiones, los
recortes, la pérdida de derechos, el desmantelamiento de la enseñanza o la
sanidad públicas. No se puede caer, y menos los trabajadores, en estas burdas e
interesadas campañas.
Miles y
miles de delegados sindicales, de cuadros sindicales, de dirigentes de los
sindicatos de clase que caminan, caminamos, con la cabeza bien alta, orgullosos
de serlo, con los bolsillos y las manos limpias y satisfechos de haber dedicado
una parte de su vida laboral y social a construir el marco de derechos y
bienestar alcanzado, que hoy nos están arrebatando.
Es cierto
que habrá que adaptarse a la nueva realidad económica, laboral y social. Pero
no a las que ellos quieren imponer. Lo moderno no es aceptar ni sus recortes ni
sus políticas neolibelares. No es volver al siglo XIX, que es lo que poco a
poco están imponiendo, sino enfrentarse con inteligencia y firmeza a ellas.
De esta
huelga y su éxito los sindicatos CC.OO. y UGT , salen, como decía, más fuertes,
más prestigiados y con mas reconocimiento social y deben aprovechar el tirón
para reivindicarse, para responder a quienes los vienen desprestigiando.
Pero este
éxito no puede ser óbice para que el sindicalismo de clase reflexione y busque,
en estas duras y difíciles circunstancias, la forma de acercar mucho más sus
estructuras de cuadros sindicales a los trabajadores, a los centros de trabajo
y poner de manifiesto que otras formas para salir de la crisis son posibles y
reales. No eran ni los despidos y ni los recortes salariales, como se ha
demostrado, las propuestas a aceptar.
Si se quiere
consolidar el paso dado, las direcciones sindicales deberán reflexionar y
analizar autocríticamente el modo de llegar con claridad y con nitidez a los
trabajadores para lograr aumentar el reconocimiento, el prestigio y la
autoridad ante ellos.
El
posibilismo no siempre es el mejor camino. Adaptarse a la realidad y a las
circunstancias, si. Pero ojo a que ello pueda llevar a justificar y admitir
como necesario e imprescindible una serie de recortes como los que se vienen
adoptando. Un ejemplo claramente negativo ha sido, por ejemplo, la actitud del
representante de CC.OO., en la Comisión del Pacto de Toledo, votando a favor de
ese informe que está siendo el elemento esencial para permitir al PP justificar
su reforma del sistema de pensiones.
6.- La sexta
tiene que ver con la Reforma Laboral de Rajoy. Es atacable, es posible evitar
que algunas de las medidas más regresivas se apliquen.
No se puede
caer en ese fatalismo de que contra esta Ley es casi imposible actuar. Todos
sabemos que esta reforma está construida para disminuir la capacidad de acción
y movilización de los trabajadores y sus sindicatos, al entregar al empresario
todo el poder contractual de la negociación, pero pese a ello no hay que
resignarse.
Pero se han
equivocado. Si hay razones justas, como ha sido el caso, y los trabajadores
están unidos y firmes, y la unidad de acción sindical es real, se pueden lograr
acuerdos positivos, muy diferentes a los que ofrece la reforma laboral y las
empresas.
7.- La
séptima, tiene que ver con los pliegos de condiciones que están desarrollando y
aplicando últimamente las diferentes administraciones, especialmente las
gobernadas por el PP, aunque otras también. Se está reduciendo en un 40% de
promedio el precio que se paga a la empresas por los servicios externalizados
(recogida de basuras, limpieza viaria, de centros sanitarios, educativos y
administrativos, jardines, seguridad, ayuda a domicilio, 112, transporte
sanitario, comedores escolares y un larguísimo etc.), modificando además, de
forma regresiva, las condiciones de trabajo que a lo largo de estos años, fruto
de la presión y negociación sindical, venían recogidas en los diferentes
pliegos de condiciones, entre ellas dos básicas: la obligatoriedad de
subrogación de los trabajadores del servicio anterior por parte de la nueva
adjudicataria, y el respeto a las condiciones laborales y salariales reguladas
en los diferentes convenios colectivos de sector o de empresa.
Reducciones
que sorprendentemente están aceptando las empresas sin rechistar, la inmensa
mayoría grandes, acudiendo a los concursos y bajando aun más los precios, con
las consecuencias que ello tiene para el empleo y el servicio. Es partir de
aceptar estas rebajas, cuando de forma sistemática las empresas tratan de
imponérselas a los trabajadores (el 75% del gasto total de estas empresas es
coste laboral y social), por diferentes vías: reducción de plantilla -despidos-,
reducción de jornada, eliminación de pluses, dejar de sustituir las bajas por
enfermedad o de vacaciones, ERTES que pagamos todos, etc., dando como resultado
no solo un gran malestar entre los trabajadores afectados, sino un grave
deterioro de los servicios públicos que se prestan a los ciudadanos.
Esta huelga
ha sacado a la luz la realidad de los graves problemas de estos sectores -son
miles de trabajadores y trabajadoras- y sobre cuyas espaldas se quiere hacer
cargar los efectos más negativos de la crisis. Pero no se han dado cuenta que
son sectores que prestan, en muchos casos servicios esenciales, y que unidos y
bien dirigidos, con objetivos claros, tienen mucha fuerza, mucha capacidad de
movilización. Cuando tanto se quiere apretar al final la cuerda se rompe por
algún lado. Ya vemos que hay otros sectores, como el de la lavandería central
de Madrid, o el de mantenimiento eléctrico movilizados.
Todo ello
debiera hacer reflexionar detenidamente tanto a los gobiernos de las diferentes
Administraciones Publicas, como a las grandes empresas afectadas, que no es
este el camino, que se ha de volver a la senda de la racionalidad y a la
realidad que a lo largo de estos años se ha ido construyendo negociación a
negociación, acuerdo a acuerdo y respetar el estatus quo que se había
establecido, con las modificaciones que haya que introducir, ya que caso
contrario el conflicto social está y estará más que servido.
La solución
es sencilla: que las diferentes Administraciones dejen de recortar cantidades
económicas y derechos en los pliegos de condiciones, volviendo a incorporar los
costes anteriormente existentes, así como la obligatoriedad de subrogación de
los trabajadores por parte de la nueva concesionaria y el respeto a las
condiciones laborales y los convenios colectivos. Si ello no se hace las
empresas en su conjunto debieran negarse a participar en los concursos y
dejándolos desiertos. Si esto ocurriera, las Administraciones correrían y
mucho, ya que tendrían que rescatar los servicios ya privatizados.
8.- Y por
último, ya sabemos que hace el Gobierno con los servicios públicos
privatizados, reducir sin justificación real el canon a pagar, sin importarle
un bledo, que ello suponga un deterioro grave de la calidad de los servicios
públicos, y de las condiciones de trabajo de los trabajadores afectados. De ahí
que haya que luchar, como está haciendo la marea blanca y en otros lugares,
para que se privaticen servicios públicos como la sanidad o la enseñanza.
Son en
definitiva estas, algunas reflexiones que fruto de mi experiencia sindical de
muchos años, ya sin responsabilidad alguna, y de mi percepción de lo que está
ocurriendo, realizo con la sana y noble intención de contribuir a un debate en
unos momentos tan complicados, donde tan necesitados están los trabajadores y
la sociedad de referencias solidas y creíbles y de propuestas capaces de
defender todo el marco de derechos que a lo largo de estos 35 años de
democracia hemos ido construyendo y que nos están siendo arrebatadas. A los
sindicatos CC.OO. y UGT, les toca jugar un papel esencial para hacer frente a
todo ello.

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