“La presencia del español
en la producción científica es marginal”
Miércoles, 5 de marzo de 2014
Por Mannuel Ansede
Más
de 450 millones de personas en el mundo hablan español como primera o
segunda lengua y, sin embargo, “la presencia del español en la producción
científica es a todas luces marginal”, según la obra El español, lengua
de comunicación científica, que se presentó en Madrid y que se puede
descargar de manera gratuita.
El volumen
muestra datos contundentes. En la base de datos SCI, que indexa 8.300
revistas especializadas de 150 disciplinas científicas, el 97% de sus más
de siete millones de artículos publicados entre 2005 y 2010 está en inglés.
El alemán es el segundo idioma, con un porcentaje inferior al 1%. Y el
español aparece como quinta lengua, con un ínfimo 0,24% de las
publicaciones.
“Parafraseando a William Faulkner
en su referencia al tiempo, se trata de una batalla que no solo no se puede
ganar, sino que ni siquiera se libra”, sostienen en la introducción del libro
sus coordinadores, los catedráticos de Economía Aplicada José Luis García
Delgado y José Antonio Alonso, ambos de la Universidad Complutense
de Madrid, y el profesor de Economía Aplicada Juan Carlos Jiménez, de la
Universidad de Alcalá de Henares.
“Una batalla estúpida”
El dominio del inglés es “irrebatible”, argumentan. En
inglés se publican las principales revistas científicas, como Science,
Nature, Cell, PNAS o The Lancet, y en inglés se habla en los
congresos internacionales más relevantes. “El fomento del uso del español en
el ámbito científico no debe pasar nunca por tratar de cuestionar la hegemonía
del inglés. No es que sea una batalla perdida, es que es una batalla estúpida.
Hay que caminar hacia un bilingüismo”, ha reflexionado Jiménez esta
mañana ante la prensa. La obra, editada por la Fundación Telefónica, se
encuadra en un proyecto más amplio para averiguar el valor económico del
español.
El lenguaje científico, ha recordado Jiménez, tiene dos planos: el
académico y el divulgativo. “Ahí el español, como lengua de divulgación, de
comunicación científica, tiene mucho que hacer”, ha exhortado. Los autores
proponen en su libro promover una conexión más estrecha entre las comunidades
científicas española y latinoamericanas para generar plataformas comunes de
difusión de sus producciones, como revistas científicas compartidas y congresos
propios. “En este caso es mucho lo que se puede hacer y es muy poco lo que,
hasta el momento, se ha logrado”, sostienen.
El
catedrático García Delgado ha hecho un llamamiento a dejar atrás los
complejos ante el inglés. “La suerte del español puede ser convertirse en
una segunda lengua franca, la lengua acompañante, y tiene muchas bazas para
conseguirlo. No hay que destronar al inglés”, opina.
Los autores recuerdan la buena situación del español en la
producción cultural en campos como la música, el cine y la literatura. “El
pesimismo se hace más presente cuando lo que se analiza es el papel del español
como lengua científica: un ámbito en el que ni la situación es buena ni caben
esperar cambios favorables en el futuro inmediato”, apuntan.
Sin embargo, las cosas cambian, aunque las transformaciones pueden
requerir siglos. La obra recuerda que, en el siglo XVI, la reina Isabel I de
Inglaterra conversaba en latín y griego con los estudiantes de la
Universidad de Cambridge y que, en tiempos de Shakespeare, se redactó en
latín la primera farmacopea británica.
Además, matizan los autores parafraseando estudios previos, hay un
margen para el optimismo: “El peso del español en ciencia es mucho más
importante de lo que en una primera lectura se deriva de los indicadores
obtenidos en este estudio. Existen ámbitos de actividad donde el uso del
español es determinante, como son las actividades docentes, la divulgación de
la ciencia y el intercambio de ideas y conocimientos entre investigadores de
países de habla española”.
Históricamente, algunos proyectos han intentado el despegue de una
comunidad científica en español. En 1940, algunos de los científicos españoles
y latinoamericanos más brillantes de la época, como el ex director del Museo
Nacional de Ciencias Naturales, el entomólogo Ignacio Bolívar, fundaron en México
Ciencia. Revista hispanoamericana de Ciencias puras y aplicadas. La
publicación fue censurada en España por la dictadura de Francisco Franco hasta
su desaparición en 1975. ”El hecho de ver reunidos tantos nombres de la
ciencia española exiliada trabajando y publicando desde México en colaboración
con una selecta y numerosa lista de científicos hispanoamericanos parece que
fue resentido por las autoridades tiránicas franquistas como una agresión peor
que los ataques militares”, escribió Francisco Giral, uno de los
fundadores.
De "MATERIA"

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