Artículos de
Opinión | Por Alfredo Serrano Mancilla * | 06-03-2014 |
Un niño
cualquiera. Buen alumno. Hijo de maestro. Buscador de vidas. Deseo de ser
pintor. Militar por querer ser beisbolista. Guerrillero de pensamiento cuando
ya era militar. Bolivariano por obsesión. Rescatador de próceres (Zamora y
Maisanta). Profesor de Historia. Echador de cuentos. Cristiano en base a la
Teología de la Liberación. Cantante en sus ratos libres. Tan inteligente como
divertido. Soñador compulsivo. Quijote del Caribe. Político atrevido.
Conciliador de táctica y estrategia en la toma de decisiones. Chávez siempre es
Pueblo. Inventor de Revolución. Esto es Chávez, y mucho más. Un lector incansable
y pluridisciplinar de Gramsci, Marx, Lenin, el Che, Nietzsche, Rousseau,
Plejanov, Paul Claval, Chomsky, Victor Hugo, Mariátegui, Varsavsky y Simón
Rodríguez. Tan capaz de aprender de lo más elemental de la Enciclopedia Quillet
como estudiar la complejidad de las transiciones, cuando fue estudiante de la
maestría de Políticas Públicas acudiendo a Duverger. Fue influido de lo mejor
de los proyectos nacionales populares en América latina, con Torrijos en
Panamá, Alvarado en Perú o Torres en Bolivia. Rescató el término del Sur cuando
Nyerere (presidente de Tanzania) publicó Desafíos para el Sur en 1991 a pesar
de pasar inadvertido para la mayoría de los intelectuales de la izquierda. Supo
aprender de economía revisando Economía y subversión y La economía del fraude
inocente de Galbraith. Tan amigo de sus amigos, de Fidel, Evo, Mandela, Correa,
los Kirchner, como enemigo de Bush, Uribe y Aznar.
Sí, todo eso
es Chávez, y por eso y mucho más, después de un año, todos nos acordamos de
Chávez como el gran revolucionario del siglo XXI que no sólo liberó a
Venezuela, sino que fue arquitecto de una nueva región, más independiente y
emancipada, más unida. Chávez entendió desde siempre que no había revolución
nacional sin transformación supranacional. Y en eso se empeñó desde el minuto
uno de juego. El sabía que “la historia se puede y se debe planificar”, y por
ello, se dedicó a forjar una alianza regional que entendiera que “la economía
debe estar al servicio de la política”. Sabía que “la integración de nuestros
pueblos y gobiernos es una cosa muy seria para dejársela sólo a los técnicos”.
Así rechazó los tiempos de la pospolítica; así inició el ALBA, la Unasur, la
Celac, y puso punto final a “los acuerdos de libre coloniaje a favor del
comercio con justicia”.
Tumbado el
Muro de Berlín, y cuando pocos creían que el capitalismo podía tambalearse,
Chávez quiso luchar por “el apetito por lo imposible en plena utopía
neoliberal” teniendo siempre en cuenta que “los hombres hacen la historia con
las condiciones que la realidad les impone”. Y así fue cuestionando que “una
democracia sin la participación de un pueblo no es democracia”. Resignificó el
sentido de la democracia porque siempre creyó que “no es posible hablar de
democracia cuando ésta empobrece a la mayoría y enriquece a la minoría”.
Denunció que “la costumbre del neoliberalismo salvaje es tratar al pueblo como
mendigo” y, por tanto, siempre apostó a que “para acabar con la pobreza, hay
que darles poder a los pobres, para que ellos sean los protagonistas de la
lucha contra su pobreza, sólo ellos, los pobres”. Sin complejos, puso en el
horizonte el socialismo, un socialismo nuevo, el de Venezuela, sin
copiar-pegar.
Ahora, con
todas sus citas y acciones, es el momento de futurizar a Chávez para que, como
él mismo decía, parafraseando alguna cita en el Oráculo del Guerrero, “no
envaines tu espada después de una batalla, porque mañana llega otra”. Ahora
Venezuela necesita más que nunca del legado programático político de Chávez
frente a los intentos golpistas: democracia y paz frente a los intentos de
desestabilizar y derrocar el orden constitucional. Chávez, un año después,
sigue siendo el eje central de la política venezolana a pesar de los
infructuosos intentos de borrarlo de la Historia.
Hace años,
Chávez, burlándose ingeniosamente de aquel “La historia me absolverá” de Fidel
Castro, le dijo: “A mí, la historia me absorberá”. Y así fue. Hoy, Chávez sigue
vivo en la historia y en el pueblo.
* Doctor en
Economía, Centro Estratégico Latinoamericano Geopolítico (Celag).

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