Miércoles 06 de noviembre de 2013
Escribir este martes 5 de noviembre Cernuda
(Sevilla, 1902 – México,1963) en Twitter era sinónimo de alegría y
esperanza. Sus poemas, su voz, alguna entrevista, comentarios, muchas
loas se hacían con el poder de la Red y demostraban que la gente
no es como a veces se quiere pensar tan tonta, tan ignorante, tan poco
dada a la poesía.
Jóvenes (y no tan jóvenes, pero esto ya no parece
llamar tanto la atención) retuiteando su Te quieroo ese Donde
habite el olvido que tanto juego ha dado a muchos
periodistas a la hora de titular con un Donde habite el…
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre
ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus
insomnios.
Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los
siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor, ángel
terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras
crece el tormento.
Allí donde termine este afán que exige un
dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a
frente.
Donde penas y dichas no sean más que
nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un
recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo
mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
Un placer que 50 años después, lo que habite
en Twitter, no importa que no dure, haya sido Luis Cernuda, el poeta
de la Generación del 27, que, lo siento por Lorca (aunque él mismo
reconoció su grandiosidad poética), era mucho más poderoso que el anterior,
sólo que no murió tan joven.
Tuvo sin embargo una existencia dolorosa, tanto como el
nunca superado choque entre realidad y deseo, tanto como ser homosexual
en tiempos (los suyos) en los que serlo era una infamia. Encontró en su
poesía, reunida en La realidad y el deseo, la manera de sacarle a
la vida lo que la vida le negaba.
Hizo de casi todas las barreras verso, de su dolor un
himno sin disfraces, de su palabra un anticipo universal. Leer a Cernuda es
leerlo a él, en carne y hueso, sin trampas ni mentiras. Es también
poder explorar en la amargura, el llanto, la ira, y a su vez la brutal bellezade
un hombre, uno más (muchos más llegarán) que sufrió porque su ansia, su anhelo,
en fin: su deseo jamás estaría de acuerdo con la prosaica realidad.
Leer a Cernuda es sentir que uno puede darse permiso,
permiso para ser y ser sin la exigencia de la sonrisa. Una huida, que
diría Benedetti, de los proxenetas de la risa.
Leer a Cernuda para mí es volver a la cuesta de Moyano
con mi padre, es sentarme de nuevo en aquella clase amplia llena de sillas
vacías en la Universidad y escuchar la voz del profesor hablando de Cernuda, es
regresar a casa de mis padres y leerlo una y otra vez, es recordar que
suyos fueron los primeros versos que me atreví a escribir en una pared…
No hay más que parar un momento y leer, leer el
poema que ni Salinas ni Neruda ni Bécquer lograron escribir.
Te quiero
Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;Te lo he
dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;Te lo
he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el
cielo,
tristezas fugitivas;Te lo he dicho con las
plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;Te lo he
dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles
palabras.Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.
Por Paula Arenas Martín-Abril
Fuente: www.20minutos.es

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