Francisco Javier Vivas | Escritor
nuevatribuna.es
| 12 Noviembre 2013 - 15:59 h.
Entiendo
vuestro júbilo porque habéis recuperado un poco de optimismo, os habéis
reencontrado y reforzado en estos días, lo cual está muy bien y es muy bonito,
pero, de cara a muchísima gente, la conferencia no ha pasado de ser un acto
publicitario, porque a la tercera no va la vencida, Alfredo; y el último
cartucho de confianza lo quemó Zapatero con tu ayuda, y la de Chacón y la de… y
la de... tantos. Diría que con la ayuda de todos, porque pocas voces se alzaron
en el Partido para advertir que el errático rumbo del Gobierno llevaba
directamente al desastre. Al vuestro -allá vosotros-, pero sobre todo al
nuestro, al dejar el camino expedito a un partido, que, a pesar de sus
afirmaciones patrióticas, es enemigo de España en su conjunto y particularmente
de sus trabajadores y de sus habitantes menos atendidos por la suerte. Esa
España, por lo que ahora decís sentir pasión, cuando habéis dejado a sus
habitantes, a sus asalariados, a sus autónomos y pequeños empresarios, a sus
mujeres y a sus niños, a sus jóvenes, a sus estudiantes, a sus pensionistas, a
sus enfermos y dependientes y a sus marginados a merced de las brutales medidas
de austeridad decididas por la derecha europea (y por la española) sin la menor
resistencia; sin hacer siquiera un amago de discrepar en Bruselas. No, Alfredo,
obras son amores, lo otro es retórica mitinera.
Habéis
zanjado con una faena de aliño -otra- un análisis crítico sobre la etapa de
gobierno de Zapatero, admitiendo que ha habido errores, ¡qué menos!, pero no se
trata sólo de errores, que los hubo, y muy crasos, en lo que hizo el Gobierno,
sino de lo que dejó de hacer, y sobre todo se trata de haber seguido desde hace
mucho tiempo un camino equivocado. Sorprende la persistencia en esa
orientación, que ha llevado al fracaso a la socialdemocracia europea.
Salís de la
conferencia con un programa, decís que radicalmente renovado; bueno, sin
exagerar. Y lo siento, pero esta vez ya no cuela, porque es el programa del
PSOE de toda la vida; entiéndeme, el programa de cuando estáis en la oposición.
Verás, ¿te acuerdas de esto?: “El PSOE se define como un partido de clase, y
por tanto, de masas, marxista y democrático”. La frase está sacada de una
resolución del XXVIIº Congreso, con el que el PSOE, en 1976, después de unas
largas vacaciones, se presentó públicamente en España con un programa que hacía
sombra al PCE por la izquierda. Era el “sorpasso”, pero al revés; la
socialdemocracia radical pasaba por la izquierda a los viejos y nuevos
comunistas. Como puesta en escena no estuvo mal.
En ese
congreso se reclamaron mayores cotas de libertad, derechos civiles y se
defendió un programa económico anticapitalista, que incluía la planificación,
el control obrero, la colectivización de latifundios, la promoción del
cooperativas (imagino la cara de Solchaga y de Boyer) y las nacionalizaciones
para llegar, en un futuro, a una sociedad sin clases. Hubo, naturalmente, una
obligada alusión a la República, se defendió el derecho de autodeterminación de
todas las nacionalidades y un Estado federal. Se postuló trabajar por un socialismo
democrático dentro de la Comunidad Europea, descolonizar Gibraltar, suprimir
las bases yanquis, mantener una posición neutral ante la OTAN y el Pacto de
Varsovia, apoyar moral y materialmente al Frente Polisario y solidarizarse con
las fuerzas populares enfrentadas al imperialismo y a las dictaduras. Hubo más
cosas, Alfredo, pero no sigo porque me voy a poner a llorar.
Como es
fácil de adivinar, en el programa electoral de 1977 ya hubo una considerable
rebaja, y otra más en 1982. Y luego vino lo que vino, los aciertos, los errores
y el extravío, y cada vez que el PSOE quedaba en la oposición, sacaba a relucir
un programa que en buena medida había olvidado al llegar al Gobierno. Y ahora,
en 2013, ¿por qué tiene que ser diferente? ¿Por qué hay que pensar que esta vez
va en serio? Porque ahora, decís, ha vuelto el PSOE. ¿Y dónde estaba? Tenéis a
110 diputados en el Congreso, pero se notan poco. Lleváis dos años de oposición
responsable, mejor dicho, más que responsable, muerta. Y, sobre todo, ¿con quién
estaba el PSOE? Pues algunos en muy malas compañías.
Los
exministros y exministras socialistas Miguel Boyer y María Ángeles Amador en
Red Eléctrica Española, José Borrell en Abengoa, Luis Martínez Noval en HC
Energía, Elena Salgado en ENDESA, Pedro Solbes en ENEL, Felipe González en Gas
Natural, Narcís Serra en Caixa Cataluña, pero no son los únicos altos cargos
socialistas que han utilizado la “puerta giratoria” para colocarse bien en
empresas privadas o privatizadas. Y ¿en qué se distinguen de Rato, de Acebes,
de Zaplana o de otros altos cargos del Partido Popular con los que coinciden en
los consejos de administración?
Tengo la
impresión, Alfredo, que, desde los años de la Transición, la trayectoria del
PSOE ha pasado periódicamente por tres momentos sucesivos: el de los congresos
y las conferencias, donde suenan las grandes palabras; el de los programas
electorales, donde suenan las grandes promesas, y el de las medidas de
gobierno, donde aparecen las grandes decepciones.
Pero no
existe -¿o quizá sí?- una ley inexorable que obligue al PSOE a estar sometido
al esta lógica destructiva. Por lo tanto, puede cambiar… si
quiere.

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