Paco Arenas
19 de noviembre de 2013
No resulto fácil para la mujer en España
conseguir que se la tuviese en cuenta a la hora de decidir, ni tan siquiera en
aquella joven república, en casi todos aspectos muchísimo más avanzada que este
apéndice de la dictadura franquista que sufrimos en la actualidad. Si
bien es cierto que el poder de la Iglesia Católica era inmenso en cuanto a la
influencia que ejercía sobre determinados colectivos femeninos, en
aquella República laica y con vocación de servicio al ciudadano, se temía que
esa malsana influencia sobre muchas mujeres diese al traste con los incipientes
logros, aún en fase inicial.
Sin embargo el 1 de octubre, hace 80
años, se aprobó por primera vez en la historia española el artículo
constitucional que consagró el derecho al voto femenino. En aquellas Cortes
sólo había tres mujeres y, paradójicamente, dos de ellas, Clara Campoamor y
Victoria Kent, protagonizaron posturas totalmente contrapuestas.
Por un lado Victoria Kent del
Partido Radical Socialista, que hablaba así sobre la necesidad de aplazar el
voto femenino: "No es cuestión de capacidad; es cuestión de
oportunidad para la República”. "Para encariñarse con un ideal,
necesita algún tiempo de convivencia con el mismo ideal".
Argumentaba Victoria Kent asegurando que, si todas las españolas fuesen
obreras o universitarias "y estuvieran liberadas en su conciencia,
yo me levantaría hoy frente a toda la Cámara para pedir el voto femenino".
Solo la tenacidad y el convencimiento,
en contra hasta de su propio partido de una mujer extraordinaria, la cual si a
la República hubiese que ponerle un nombre y un rostro debería ser el
suyo. Clara Campoamor, fue la encargada de replicar a su colega para
apostando por reconocimiento de la mujer como persona, , todos sus
derechos por "pura ética". : “Dejad que la
mujer se manifieste como es, para conocerla y para juzgarla; respetad su
derecho como ser humano", argumentó a los diputados. Aunque en el
hemiciclo, enfrentándose a sus propios compañeros de partido, la votación
en las Cortes de 1931 ganó el sí por 161 votos frente a 121. El
artículo 34, consagraba la igualdad entre hombres y mujeres permitía a las
mujeres mayores de 23 años poder ejercer su derecho al voto, no sólo como
candidatas sino también como electoras. El texto su texto terminaba así: “Se
reconoce, en principio, la igualdad de derechos de los dos sexos".
Muy mal sentó a algunos diputados de
izquierdas, uno de ellos, despechado, se atrevió a gritar con ironía:"¡Viva
la República de las mujeres!" Siendo replicado
prontamente por una mujer: "¡Viva la República, que también es de
las mujeres!" Mientras que en las bancadas de la CEDA, que había
apoyado, paradójicamente ese derecho, que luego prohibirían durante cuarenta
años sus correligionarios, estaban contentos, convencidos de que como se temían
los diputados de la izquierda, las mujeres votarían lo que les dijesen los
clérigos, o como socarronamente dijo el Conde de Romanones : “Las
mujeres van a seguir siendo tan buenas las pobrecitas que seguirán votando a
los hombres”
Este logro del sufragio femenino
permitió un tímido acceso de las españolas a las administraciones e
instituciones de la República. Siendo necesario por primera vez la
necesidad de pensar en ellas para captar su voto. Desgraciadamente
la alegría de Campoamor y de quienes apoyaban el sufragio femenino tenía fecha
de caducidad, y tras las elecciones del 16 de febrero de 1936 en toda
España y el 3 de mayo en Cuenca y Granada, donde se repitieron las elecciones
que dieron, con el voto femenino, la victoria al Frente Popular, en España ya
no pudieron ejercer ese derecho, aunque tampoco los hombres.
La República llegará más pronto que
tarde, pero será y debe ser con la mujer portando su bandera, mirando al frente
pero recordando a aquellas mujeres que defendieron con la palabra y con las
armas la vigencia del sistema más democrático que jamás ha existido en este
país. Donde mujeres y hombres podamos gritar, no:" ¡Viva la
República de las mujeres!” o "¡Viva la República, que también es de las
mujeres!”, porque con gritar “¡Viva la República!” quedará claro que es de
todos.
¡Viva la República!

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