Gustavo Vidal Manzanares | Jurista y escritor
nuevatribuna.es
| 06 Noviembre 2013 - 12:05 h.
Tras
oropeles de moralina, fanfarrias, procesiones y discursos floridos, el rostro
de la derecha española sigue siendo repugnante, aterrador.
Tal vez,
acostumbrados, nos hayamos insensibilizado, al modo que la pituitaria se satura
en el interior de una alcantarilla o unas caballerizas. Pero la derecha
española hiede. Su pestilencia a clasismo, desigualdad, crueldad e injusticia,
resulta no pocas veces imposible de ocultar.
No es
preciso reparar en las desatinadas bulerías de estupidez y sadismo cada vez que
la inefable Ana Botella contonea su lengua. Basta con observar la realidad.
Así, la
brutalidad policial, tanta veces denunciada y refutada con el latiguillo “la
policía ha actuado impecablemente” nos ha abocado a un asesinato (presunto) por
parte de las fuerzas de seguridad (?). Mossos, GC, policía nacional...¡qué
importa!
La realidad
de un joven empresario golpeado hasta morir por ocho homínidos uniformados no
deja una molécula de duda. Por fortuna, alguien pudo grabarlo. De lo contrario…
¡sabe Dios con qué “versión oficial” habría sido sepultado este horrendo
crimen!, aún presunto desde un punto de vista jurídico.
Y los
testimonios de brutalidad policial en calles, comisarías y cuartelillos se
multiplican. Por no hablar de conductas chulescas, prepotentes, donde la
autoridad es suplantada por un autoritarismo emboscado en una cara cubierta y
un número de identificación oculto o inexistente.
Tampoco debe
extrañarnos, pues ha caracterizado a la derecha española la represión, palizas
y asesinatos programados, sistemáticos, de quienes podían amenazar sus
intereses, casi siempre reprobables. La pertenencia a Europa y el manto de un
sistema que pretende parecer una democracia, embridan estos instintos, pero,
nunca lo olvidemos, la derecha española es así. Por definición. Forma parte de
su ADN. Conforma su esencia.
El ataque a
la cultura constituye otra seña de identidad de la derecha española. No
soportan una sociedad donde las reglas sean iguales para todos. Han de alzar
sus propias vallas para obstaculizar el desarrollo de los humildes. Establecer
el mérito, la capacidad y el esfuerzo como únicos baremos conforma la peor
pesadilla de la derecha. Solo piensan en aumentar y perpetuar las desigualdades
de cuna. La última medida del vomitivo Wert contra los estudiantes de
Erasmus así lo evidencia. A traición, obviamente.
Porque,
nunca lo olvidemos, la traición forma parte básica del arsenal de combate de la
derecha. Confiar en la derecha es la peor traición, y negligencia, en la que
puede incurrir quien ame el progreso y bienestar de sus semejantes. Un lujo que
jamás debemos permitirnos.

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