Martes, 22 de octubre de
2013
Pensar y
leer. Son dos de las palabras que más repite durante la entrevista. También
nombra varias veces la palabra miedo. Un problema de salud le hizo alejarse de
la política institucional tras haber sido alcalde, secretario general del PCE y
coordinador general de Izquierda Unida. Regresó a las aulas para retomar su
labor como maestro, renunciando también a la pensión vitalicia de ex diputado.
Su pensamiento está recogido en libros como Combates de este tiempo, A la
izquierda de lo posible o Conversaciones sobre la III República. Convencido de
la necesidad de la acción ciudadana, impulsa la iniciativa Frente Cívico Somos
Mayoría. Julio Anguita (Fuengirola, 1941) me cita en un café cerca de su casa,
en su barrio cordobés de siempre, para hablar de sus tres pasiones: la
docencia, la política y la historia. Por el peso de sus reflexiones, amplio
aquí la entrevista que hemos publicado en la revista 21.
¿Uno nunca se jubila de la política y el
compromiso social? No, porque esto es una apuesta. Una vez hablando con alguien de mi partido
que era cristiano de base, le dije: “Vosotros creéis lo que no véis”. Y me
contestó: “No, la fe es apostar por”. No se me ha olvidado nunca. Yo apuesto
por. Hay diferencias de métodos, pero la apuesta sigue siendo necesaria
porque es el impulso hacia una transformación. Es la búsqueda
del reino, utilizo una expresión de Jacques
Monod, que no era creyente, pero que liga muy bien con lo del reino
evangélico. No hay que bajar la guardia nunca, esto es un camino de superación.
Al reino nunca se llega, pero se va entrando en parcelas de la igualdad. Tengo
una Biblia: la Declaración de los Derechos Humanos. Y la Carta de la Tierra,
sobre los derechos medioambientales que tenemos nosotros y que tiene el planeta
como base que sustenta la vida.
Dice que estamos en un Estado de excepción.
¿Hay conciencia de lo que pasa? No, por varias razones. Para empezar,
los medios de comunicación y sus frivolidades. Lo que importa es alcanzar la
cuota de pantalla y se dice que eso es lo que la gente quiere. Han conseguido
meterle a la gente varias ideas: ya no hay empresarios sino emprendedores, no
hay habitantes sino consumidores. Se habla de la prima de riesgo como si eso
sirviera de algo. Es un velo que impide ver. Nos hemos engolfado en un
consumismo y un hedonismo barato. Hemos admitido los valores
dominantes hoy en día, y en eso tenemos responsabilidad en la izquierda, hemos
retrocedido.
Y denuncia el miedo a pensar… Esto sí se lo imputo a
la Iglesia católica del siglo XVII y XVIII. El catolicismo español, que fue el
brazo de Trento, significó una remodelación del pensamiento. Era llevadero, no
requería grandes demostraciones: no te preocupes, te puedes salvar. Además
entre Dios y tú hay un señor que tiene la facultad de atar y desatar. Pero eso
sí, dos cosas: ni te cuestiones mi poder ni te atrevas a pensar por tu
cuenta. Eso, que acuñó la Contrarreforma donde la Iglesia católica
institucional y el poder político (monarquía) iban unidos, ha ido a lo largo de
los siglos concretando un pueblo que, en general, tiene miedo a pensar. Da una
pereza tremenda, yo lo veo en la calle, es el “yo no quiero saber nada”. Franco
cogió esa herencia y la sistematizó: tú no pienses. Franco no inventó nada, más
bien el franquismo inventó a Franco. Estamos encadenados. Es un
país capaz de ponerse delante de un toro, pero de un libro echa a correr. El
miedo es una venda que nos impide ver.
Sí se ha caído la venda respecto al sistema
democrático. ¿Hacia dónde conduce el discurso de no creer en la política? Es la simplicación: no
creo en la política porque entonces tengo que pensar. No todos los políticos
son iguales. Mucha gente me decía: “Usted es distinto, pero no le voto”. De
acuerdo, vote sus ideas. “No, yo no tengo ideas políticas”. Eso no es
cierto. La gente tiene ideas políticas y valores, pero se avengüenza de
decirlos. Este pueblo nunca ha tenido en su historia la capacidad de
expresarse tal cual es y cuando lo ha hecho la han cercenado. Por eso
cuando intentas explicar detalles a la gente, me pasa mucho con compañeros
docentes, e intentas ir más allá para profundizar (que no se queden en el
insulto a Rajoy, por ejemplo, sino que vean que actúa siguiendo su lógica,
según sus valores y su ideología) ahí la gente no quiere hacer ese ejercicio
mental. El miedo a pensar ha contaminado a las direcciones de las
fuerzas políticas, los medios de comunicación, los pensadores de la
universidad…
¿Reniega del sistema de partidos del que
usted también formó parte? Sí. En el penúltimo libro que he
publicado hay un artículo que escribí en 1977 donde ataco la Transición.
Entonces yo era un dirigente de partido provincial. Cuando llegué a ser
Secretario General tuve documentos, evidencias, y en
mi trayectoria en la dirección del PC hay una autocrítica, una
confesión de pedir perdón por nuestra labor en la Transición y en la apuesta
republicana. Por una parte fue un pacto ruin. La causa de lo que pasa
hoy está en la Transición. Fue un ejercicio de credulidad cuasi delictivo.
Desde el Frente Cívico Somos Mayoría buscan la unión
de fuerzas ciudadanas. Lo mismo que iniciativas como Convocatoria Cívica o el
Proceso Constituyente. ¿Por qué cuesta tanto esa unión? Hay otra cosa
muy nuestra, sobre todo en la izquierda (cuando hablo de izquierda no me
refiero a carné de partidos, es un mundo mucho más amplio que viene de la
tradición de la Internacional) y es que somos narcisistas y, por tanto,
tenemos la tentación pequeño burguesa de figurar en el cuadro con la bandera. Los
hechos revolucionarios del pasado los hemos cosificado y parado en la foto en
el momento preciso. Nunca hemos pensado qué paso al día siguiente
cuando se tomó el poder, no pensamos que la revolución no es sólo un
cambio en las relaciones de poder sino un cambio personal. Porque si
cambiamos la relaciones económicas y de poder y no hay un cambio personal se
termina por regímenes que se asemejan a lo que se derribó. En Frente Cívico
siempre estoy recomendando ponernos en contacto con los demás, no somos distintos.
Tenemos que trabajar renunciando al protagonismo por la unidad de todos:
discutir ideas, en vez de discutir quién está. Siempre digo “no me saques el
carné, ¿qué es lo que haces, cómo vives?”.
No estará en la directiva de Frente Cívico.
¿Es difícil dejar el poder? Es facilísimo. Para quien ha estado en
primera línea (y terminé cansado de ser el responsable, dar la cara, medir mis
palabras) es una liberación. Me fui y cambié de trinchera pero no de
lucha. El problema no se resuelve con unas elecciones, es mucho mayor,
sólo lo puede solucionar la ciudadanía. Yo soy político hasta el
tuétano.
Que usted renunciara a su pensión de
diputado asombró. El político se explica con su ejemplo. Los políticos no tenemos vida
privada, sí vida íntima (a la alcoba no se entra). En Córdoba la gente sabe de
qué vivo, tiene derecho a saberlo. Soy un jubilado, casado con una profesora,
de vez en cuando hago algún artículo, alguna charla en la universidad, saben mi
actitud con mis hijos, con mi mujer, tengo un hijo en paro. El político
habla desde el ejemplo en lo cotidiano no en la parafernalia de las
instituciones. Pero eso no se hace porque la política se ha
transformado en una profesión. Y la política nunca puede
ser una profesión, aunque te tires toda la vida en ella. Estoy en
política porque tengo ideas y quiero cambiar el mundo. La hemos transformado en
un mundo de casta, con una jerga común, sus lenguajes, sus actitudes. No me
gusta la expresión clase política pero tengo que reconocer que
se ha caído en ello.
¿Cómo fue el día en el que volvió a las
aulas? Encontré la clase como si nunca me hubiera ido. Me costó adaptarme a las
cuestiones técnicas y burocráticas pero no a la relación con el alumno. En la
política he sido también muy didáctico, la enseñanza es una de mis pasiones.
¿Es necesario hacer más pedagogía
política? La política siempre es pedagogía, pero hoy lo que hay es confusión,
caos. El problema es lo siguiente: si yo digo “si me votáis bajaré los
impuestos”, he tardado dos segundos y a la gente le gusta. Pero si profundizo y
explico qué implica bajar los impuestos, qué impuestos, a quién, qué recortes
de gastos va a suponer, para eso ya tardo 10 minutos. Y como estamos en
una civilización que consume con voracidad y tira rápido porque no tiene
pasado ni futuro, sólo un eterno presente, el discurso pierde frente al que
tarda un segundo. Porque hoy son consignas. La muerte del discurso es la muerte
de la cultura y la política. Hoy no hay discurso, hoy hay imágenes. El
discurso es el proceso de pensamiento, la concatenación de juicios y valores,
el lenguaje que necesita hacerse más flexible. Por eso el griego antiguo era
tan rico, porque era gente que pensaba. Hay un verbo para decir estoy
discutiendo en el ágora (agorazein). Ahora el lenguaje cada vez es más
pobre. Hemos renunciado a lo que nos diferencia del caballo: el pensamiento.
¿Y la responsabilidad ciudadana? La gente tiene
su parte de responsabilidad, prefiere seguir cooperando con los políticos
corruptos. Sabe que hay políticos que no son corruptos, pero se dice que todos
lo son porque así justificas tus propias corruptelas, pequeñas, pero también
corruptelas.
¿Le sorprende que cada día nos enteremos de
un nuevo caso de corrupción? La corrupción es el alma del
régimen de la Transición. Los tres poderes del Estado están atravesados
por corrupción. Las más altas magistraturas del Estado están con la corrupción
y el pensamiento está corrupto. ¿Qué es más importante: los derechos y deberes
humanos o el mercado? En eso no quieren entrar nunca. Para mí el mercado se
tiene que someter a los derechos humanos, pero ahora el mercado es el
ideario. Éste es el gran salto revolucionario: al mercado se le dan
órdenes desde los poderes públicos. Te guste o no te guste, ahí no
caben medias tintas. Con el salario de una persona, con el derecho a la
vivienda no se juega. En una fase de la historia el mercado es
necesario pero para la microeconomía, la macroeconomía la mantienen los poderes
públicos, que dicen por dónde va la economía y cuáles son las prioridades. No
es nuevo, siempre lo he dicho, incluso en las campañas electorales. No es
rentable decirlo, pues yo lo digo, como digo que en la medida que yo pueda
impediré que haya tanto fútbol. Criticábamos a Franco por la cantidad
de fútbol que se ponía el 1 de mayo y lo hemos superado.
¿Qué hace corrupto al ser humano? La existencia es un
azar del cosmos. Uno de mis libros de cabecera es El azar y la
necesidad, de Jacques Monod. Tenemos toda una pulsión del mundo
animal, queremos poseer lo que tiene el otro. Pero tenemos también la
necesidad, si no queremos matarnos unos a otros, de buscar una superación. Las
religiones lo han intentado, los derechos humanos, la dignidad humana (que
permite escapar de la naturaleza animal). Somos hijos de una educación pero nos
salta la tentación, el deseo, el impulso. La salida es tirar hacia los ideales.
No todos, hay ideales que no se pueden respetar, como el racismo. Hay
ideas manifiestamente atacables, yo no acepto que todas las ideas son
respetables.
Usted ha sido también incómodo… Nunca he tenido un
papel cómodo, tampoco como docente. Mi alumnos empiezan odiándome pero terminan
queriéndome. Yo vengo a trabajar, pero ellos también, les guste o no. Para eso
el Estado proporciona una educación con el dinero de todos. Hay que hablar de
deberes, se ha hablado demasiado de derechos. En la izquierda tenemos mucha
culpa en eso. La construcción del socialismo no es sólo destruir el
sistema actual sino ir construyendo otro con otros valores. El
político tiene que tener una posición profética. Los profetas eran gente que
pensaba, meditaba en el desierto y, claro, veían más allá, se lo decían a los
demás y les apedreaban. Hoy la política tiene que ser más que nunca
discurso profético.
Ha de ser complicado gobernar para el bien
desde la élite, cuando no se tiene un hijo en paro ni una vecina a la que van a
desahuciar ni una abuela que no puede pagar las medicinas. Cuando se está en esas
esferas y no se conoce la calle está uno como Puyi, el gobernador de China,
aislado en La Ciudad Prohibida. Para ellos es normal tener dietas, primas,
sueldos desorbitados. El problema es que la sociedad lo ve normal, como ve
normal que un señor que le da patadas a un balón gane una millonada. ¿Le
queremos meter mano a esto? Entonces aquí hay que hablar de cosas feas:
salarios mínimos y máximos, reparto del trabajo, vivir de otra manera, no hay
otra salida. Hay que convencer desde el ejemplo. Pero la gente
falsifica: “Es que tú eres distinto”. Así se excusan, al idealizarte y sacarte
del común de los mortales, entonces se justifican: “Yo no puedo hacerlo”. Es
una trampa. Hay que decirle a la gente sus contradicciones.
En 1985 defendía un modelo urbanístico
sostenible, en 1995 denunciaba el Tratado de Maastrich y las desigualdades que
traería. ¿Vivimos la crónica de una muerte anunciada? El pueblo
español ha sido abducido con el rapto democrático. Llega la
democracia y con eso se van a solucionar todos los problemas. Era el año 1977 y
en la Plaza de la Corredera de Córdoba dije: “La democracia significa que vamos
a poder luchar sin que nos persigan como hasta ahora, pero hay que seguir
luchando. Sólo es un marco”. El otro rapto ha sido Europa. ATTAC
e IU mantuvimos esa actitud porque estudiamos qué era el Tratado de Maastrich.
¿Cómo se podía aprobar que los Gobiernos ya no pueden acudir a sus Bancos
Centrales a pedir préstamos y deban acudir a la banca? Pues se aprobó. Incluso
para pedir el sí a la Constitución Europea en la campaña en Andalucía salían
Los del Río (los de Macarena) diciendo a su pueblo: “Nosotros no la
hemos leído, por eso la vamos a votar”. En fin, ¿ahora qué? Ya lo dijimos, hubo
gente que lo estudiamos y lo vimos. Si le contara la cantidad de sus señorías
que no la leyeron y votaron lo que les decían sus jefes de fila… Así
estamos. Todo era discurso simple: Europa era el Dorado. Hemos vivido
la alegría de Europa también sin pensar, por el complejo de
inferioridad que hemos tenido a pesar de que nosotros hemos sido Europa desde
siempre, la Europa protestante (no hablo de religión sino de conformación de la
mente) no la burguesía alemana u holandesa, somos otra Europa con otras
características.
¿Se puede luchar contra las medidas de la
Troika? Parece que ha triunfado el discurso “manda Europa y obedecemos”. Los Gobiernos que
dicen que manda Europa son los que han conformado esa voluntad, ellos solitos se
han puesto el yugo, son culpables. En este desastre PP y PSOE son exactamente
iguales. Este juego del bipartidismo para que la gente crea que hay realmente
dos opciones hace muchos años que lo hemos denunciado. Este país ha sido
raptado y ahora no tiene ni rebeldía. No sé qué va a pasar en unos años, cuando
se mueran los abuelos, los padres que mantienen esa economía familiar de
emergencia. Los que nos educamos en una España muy dura valoramos lo que
tenemos porque lo ganamos. En 1995 James Petras presenta su
informe en el CSIC y dice cosas terroríficas como que estamos ante la primera
generación que va a vivir peor que sus padres, y son jóvenes no educados en el
sacrificio y la rebeldía.
¿El contrapeso del eje
Lisboa-Madrid-Roma-Atenas es factible? Lo estoy diciendo desde hace
20 años. El Mediterráneo tiene que articular un frente de defensa de
una identidad cultural y económica. En el fondo subyace la vieja
división de católicos y protestantes, pero no voy por el tramo
religioso (yo soy marxista y, por tanto, la economía es fundamental). En
la raíz profunda del pensamiento económico el luteranismo y el
catolicismo arrastran históricamente dos visiones. El Mediterráneo es Zeus
(vividor, con los pecados de los seres humanos) y los países protestantes son
Thor, dios del trueno, duro. El catolicismo se asienta en la base del
latifundio pero permite vivir. Es otra visión de la vida. Cuando digo católico
no me refiero al Vaticano, sino a la tradición cultural que vino de Grecia y
Roma que luego cogió la Iglesia. A mí me gusta estar con mis amigos tomando un
vino. Soy español, griego, italiano, yugoslavo, portugués. Hay que trabajar
para vivir. Pero el discurso protestante luterano es la enajenación en producir
y producir. Explicar esto es complejo, pero no podemos despacharlo con cuatro
palabras. Por tanto, si ponemos en cuestión la eurozona, tiene que ser desde un
frente de gran unidad.
Ante el drama del desempleo, ¿cuál está
siendo el papel de la clase empresarial? No hay mayor alabanza hacia el empresario
capitalista que El Manifiesto Comunista de Marx y
Engels cuando dice que la burguesía fue revolucionaria, consiguió
transformar las cosas, revolucionar los procesos de producción. Es verdad, lo
fue pero luego pierde fuelle. Tanto que el economista capitalista Joseph Alois
Schumpeter dijo en los años 50 que el capitalismo moriría de éxito. Así
es, está muriendo de éxito. El empresario invierte para ganar dinero, vale,
pero tiene que haber un beneficio colateral. Dice que ganando dinero contribuye
a la economía y crea puestos de trabajo, pero es mentira, no los crea. Se ha
pervertido el lenguaje. Si mañana el empresario no está en la fábrica,
funcionará sin él. Pero sin trabajadores la fábrica no funciona, lo que pasa es
que el trabajador no se lo cree. Se dice que te dan un salario y no: a cambio
de tu trabajo te dan un salario. Hemos ido modelando la mentalidad
servil del esclavo que alaba al carcelero. Es la cárcel perfecta: el reo no
quiere salir de la celda. Algo que es un derecho, como el trabajo, no puede ser
un privilegio.
¿En qué sectores se puede crear empleo? Hay tres yacimientos
de empleo (para empezar): el sector ecológico, la sanidad y la educación. Yo
soy amante de lo publico pero para eso hay que invertir recursos, presupuesto
(impuestos) en sanidad y educación, nada de privatizar. En lo ecológico, quitar
matojos para evitar incendios, agricultura, energías renovables o hablar de la
obsolescencia programada, como hice en los años 90, se rieron de mí en el
Congreso. “Cosas de este chalado”. Pero este chalado había leído.
¿Confía en ver otro modelo social y
económico? Lo deseo, pero de seguir así no lo veré. No sé si mañana, porque la
historia es caprichosa, ante cualquier nimiedad esto estalla con la gota que
colma el vaso.
¿Es necesario ese estallido? Sí. Por eso hablo de
la desobediencia civil. Es un acto de rebeldía canalizada. Con los rebeldes sin
causa no quiero nada. La desobediencia civil, inspirada en
Gandhi, es un acto de ruptura serena con el orden existente. Es
duro, pero estoy esperando que me digan si hay otro camino porque yo no lo veo.
¿Nunca siente la tentación de tirar la
toalla? Naturalmente, todo el mundo se cansa, pero esto forma parte de mi ser. Yo
era así de chico. No soy un sacrificado, me gusta. Me realizo manifestando lo
que pienso. Eso tiene sus inconvenientes, claro. Pero creo que es lo que hay
que hacer.
¿Qué
le diría a quien se siente pequeño, un granito de arena, y cree que no se puede
hacer nada? Que hay muchos granitos de arena. Si no renuncia se puede juntar a otro
granito de arena, aunque sea para ver documentales en Internet y escuchar a
economistas como Vicenç Navarro, Juan Torres, Martín Seco. Que acepte la
misión de ser una especie de bacteria que vaya laminando el sistema. Qué cosa
tan modesta: dentro de tu esfera de influencia cercana, tus amigos, tu familia,
ser alguien que provoque la subversión. La subversión es limar
sistemas, socavarlos aunque sea lento. Mientras acabas con el sistema,
preparar la alternativa (cooperativas, economía social). Para eso hay que tener
fe, creer que se puede llegar.
Fuente: http://blogs.21rs.es/silviamelero/

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