José Antonio Gómez Hernández | Al Fondo a la Izquierda
nuevatribuna.es
| 04 Noviembre 2013 - 10:59 h.
Esta semana
se va a celebrar la Conferencia Política del Partido Socialista Obrero Español
en una España donde cada vez que salen nuevas encuestas de intención el Partido
Socialista recibe un revés más grande que el que puede recibir el Partido
Popular, que ya contaba con un descenso de españoles dispuestos a depositar su
voto en favor de su partido por las medidas antisociales y neoliberales que iba
a tomar. Sin embargo, ese descenso no está siendo aprovechado por los
socialistas, sino que también baja. ¿Qué le está pasando al PSOE para no
recoger en forma de intención de voto el descontento popular? ¿Por qué el PSOE
no es visto por la ciudadanía como una alternativa real que solucione los
problemas tan graves que está sufriendo por culpa del gobierno neoliberal de
Mariano Rajoy? Una respuesta la podemos encontrar en estos textos sacados de
los Estatutos actuales del Partido y de las conclusiones del XXVII Congreso
celebrado apenas 6 años antes de llegar al poder.
Vamos
primero con lo que aparece en el Artículo 2 del Capítulo 1 de los Estatutos que
rigen actualmente al PSOE:
El Partido
Socialista Obrero Español es una organización política de la clase trabajadora
y de los hombres y mujeres que luchan contra todo tipo de explotación,
aspirando a transformar la sociedad para convertirla en una sociedad libre,
igualitaria, solidaria y en paz que lucha por el progreso de los pueblos.
A
continuación, veamos lo que en diciembre de 1976 dictaba su resolución
política:
El PSOE se
define como SOCIALISTA, porque su programa y su acción van encaminados a
la superación del modo de producción capitalista;
El PSOE
reafirma su carácter de PARTIDO DE CLASE y, por lo tanto, de masas, MARXISTA
y democrático. Somos un partido de clase, en cuanto aprendemos y luchamos
por el proyecto histórico de la clase obrera: la desaparición de la explotación
del hombre por el hombre (…) Somos un partido marxista porque entendemos el
método científico de conocimiento de transformación de la sociedad capitalista
a través de la lucha de clases como motor de la historia. Entendemos el
marxismo como un método no dogmático que se desarrolla y que nada tiene que ver
con la traslación automática de los esquemas teóricos o prácticos de las
experiencias determinadas del movimiento obrero. (…) Nos definimos como partido
democrático, al estar conformados como una Organización con la más escrupulosa
democracia interna y de funcionamiento, a semejanza de la sociedad nueva que
queremos construir (…)
El PSOE se
define por un método dialéctico de transición al SOCIALISMO que combina
la lucha parlamentaria con la movilización popular en todas sus formas, creando
órganos democráticos de poder de base que busca la profundización del concepto
de democracia superando el carácter formal que las libertades políticas tienen
en el estado capitalista (…)
Comparando
estos dos textos surgidos de dos Congresos del PSOE vemos las diferencias de
concepción de la realidad y de las necesidades del pueblo por parte del Partido
y una de las razones principales de la desafección de los votantes de
izquierda, socialistas, hacia su propia organización.
La evolución
provocada por Felipe González de la propia ideología del PSOE del
socialismo/marxismo hacia la socialdemocracia ha provocado que la gente de la
calle vea una mimetización ideológica con la derecha. La gente, el pueblo
llano, no comprende de matices ideológicos, no entiende de valoraciones
ideológicas, sino que busca soluciones a sus problemas y, esos problemas,
normalmente buscaban ser resueltos por los políticos progresistas. Sin embargo,
el PSOE se ha ido alejando de la ciudadanía a medida que se convirtió en un
partido de poder. A esta confusión en la interpretación de la ideología
por parte del pueblo se unen los años de gobierno socialistas. No hay más que
hacer una comparativa de las medidas tomadas por la primera legislatura de
Felipe González y realizar una gráfica en la que se plasme cómo las decisiones
y las formas de gobernar se van alejando del socialismo inicial y se van
acercando a los preceptos de la derecha, llegando a los últimos años del
gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y las medidas económicas tomadas por un
gobierno socialista. Estas medidas de ZP y de la ineficiente Elena
Salgado podrían haber sido implementadas por Rodrigo Rato o por Cristóbal
Montoro y no se les habrían caído los anillos. Todo ello, además, en un entorno
económico de recesión. Evidentemente, los verdaderos votantes socialistas
reaccionaron como lo hace el votante de izquierdas: se queda en casa.
Por otro
lado, la nefasta gestión de oposición de Alfredo Pérez Rubalcaba y las
propuestas lanzadas no cuajan en la ciudadanía que está sufriendo las
barrabasadas del Partido Popular. Decía el Secretario General que no iba a
hacerle la oposición salvaje que los conservadores le habían hecho a Zapatero.
Realmente, lo que la ciudadanía espera del principal partido de la oposición es
precisamente eso, una oposición contundente, una oposición que no proponga sino
que exija, una oposición que no busque pactos sino que busque el modo de
desestabilizar a un Gobierno que ganó unas elecciones con Fraude Electoral,
por no llamarlo Golpe de Estado.
El alejamiento
del PSOE de la ciudadanía es proporcional, en primer lugar, a los años de
gobierno y, en segundo lugar, al alejamiento del PSOE de sus preceptos
fundamentales y al acercamiento a las grandes decisiones en contra de las
decisiones que inciden directamente sobre el pueblo. La presencia en la
Ejecutiva Federal de personas que han tenido responsabilidades de gobierno en
administraciones socialistas también hace que la gente mimetice a los
mandatarios socialistas con los representantes de la derecha. A los que tenían
cargos en la época de González se les asocia con la corrupción, como bien
recuerdan los voceros de los panfletos conservadores. A los que los tuvieron
con Zapatero se les asocia directamente con las políticas económicas liberales,
con la mala gestión de la crisis y con los primeros recortes sociales, todo
ello provocado por la “eficaz” gestión de Elena Salgado. ¿Quién manda ahora en
el Partido Socialista? Alfredo Pérez Rubalcaba es el Secretario General, pero
él también fue Secretario de Estado y Ministro tanto con Felipe González como
con Zapatero. Con ese pasado, ¿cómo puede tener credibilidad su mensaje?
El PSOE
necesita enviar un mensaje de verdadero socialismo para volver a ilusionar al
pueblo, para que vuelvan a ver al Partido como una opción de poder, pero una
opción que les resuelva sus problemas, que vuelva a universalizar la sanidad,
tal y como hizo Ernest Lluch, que reforme la educación para adecuarla con las
verdaderas necesidades de los estudiantes y para acercarla a los más necesitados,
que modifique la Constitución para convertirla en un texto que legisle sobre
las verdaderas necesidades del pueblo, que cambie la ley electoral hacia una
ley en la que cada voto valgo lo mismo independientemente del lugar en que se
vote y que incluya el fraude electoral en el Código Penal para garantizar que
los contratos que firman los partidos con los ciudadanos sean cumplidos
independientemente de la situación económica que impere, que modifique las
condiciones del Concordato con el Vaticano porque en un país laico no es de
recibo que la Iglesia Católica tenga los privilegios que tiene y que, en medio
de la crisis económica, el Estado destine 11000 millones de Euros a financiar a
una entidad religiosa.
El PSOE
necesita un lavado de cara que vaya más allá de un mero “encalamiento de
fachada”. Tiene que volver al meollo de las conclusiones de 1976 adaptándolas a
la situación socioeconómica actual. Ahora no hay que luchar contra el
capitalismo, sino contra el neoliberalismo que quiere imponer el Partido Popular.
El PSOE necesita nuevos líderes que no tengan pasado pero que tengan carisma de
líder; nuevos líderes que sepan lo que ocurre en la calle de primera mano y que
pongan al Partido en la órbita de los movimientos sociales y que se pongan en
la vanguardia de encontrar las necesidades reales de la ciudadanía, y eso se
consigue estando con la ciudadanía. El PSOE necesita una Ejecutiva que dé
ilusión a la gente, una Ejecutiva que mueva a las masas y ponerse a la cabeza
de las justas reivindicaciones del pueblo. ¿Cuántos miembros de la Ejecutiva
estaban el pasado 14 de abril al frente de las manifestaciones republicanas
cuando la gran mayoría de los militantes y simpatizantes son republicanos? Hay
alguno, como Tomás Gómez, que abandona su escaño o su despacho y se reúne, en
la calle, con los ciudadanos, que habla con ellos, que recoge su malestar, que
se pone al frente de las justas reivindicaciones del pueblo. Hay otros, como
Pepe Griñán, que desde un puesto de poder como la Presidencia de la Junta de
Andalucía lo hace desde una visión socialista, y esto lo vemos en el último
decreto de protección a los desahuciados, un decreto que ha escocido a la
derecha porque muestra caminos que ellos no quieren mostrar al pueblo.
El PSOE
necesita mostrar a los ciudadanos que la democracia que se preconiza en sus
Estatutos actuales empieza en su actividad interna dando voz y voto a todos los
militantes.
Por eso
España necesita al PSOE que se fue como solución a los problemas que ha
generado la derecha. Cuando el Partido Socialista vuelva a sus orígenes
SOCIALISTAS, la ciudadanía les volverá a dar la cara.

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