Texto con introducción de Paco Arnau, editor de Ciudad Futura. Publicado en
agosto de 2010.
Memoria
Histórica | José Gabriel Zurbano - Ciudad Futura* | 12-11-2013 |
Siguiendo el
camino que iniciamos con un texto dedicado a la figura de Rosa Luxemburgo, en
esta ocasión nuestro colaborador José Gabriel Zurbano realiza en las líneas que
siguen un interesante resumen sobre la intensa y dilatada vida de la dirigente
comunista internacional Dolores Ibárruri en su contexto histórico; desde sus
inicios en su amada Euskadi natal, cuna de Dolores y de las primeras
organizaciones obreras en España; hasta los últimos años de su larga vida, ya
de vuelta a su patria en los primeros años de la Transición tras un largo
exilio en Moscú.
Todo ello
sin olvidar el eminente papel que Pasionaria y su partido representaron durante
la Guerra de España (1936-1939) frente a la sublevación fascista contra la
legalidad democrática republicana de una parte del ge neralato con el apoyo
imprescindible de la jerarquía y la mayor parte del clero de la Iglesia
Católica, los terratenientes, el poder financiero y las potencias
nazi-fascistas europeas de la época.
De la misma
manera que el PCE fue la columna vertebral del ejército popular de la República
española durante la guerra, tras la derrota republicana Dolores Ibárruri fue la
cabeza visible —primero como secretaria general y luego como presidente— del
partido que encarnó la única fuerza política relevante de oposición a la
dictadura franquista durante casi cuatro décadas.
Por todo
ello Pasionaria se convirtió, ya desde finales de los años 30, en la figura
femenina internacional más destacada —como símbolo internacional que traspasó
océanos y continentes— de las dos grandes pasiones que protagonizaron la vida
de Dolores Ibárruri: el comunismo y la pionera lucha de los pueblos de España
frente al fascismo, primero en los campos de batalla y después en la soledad de
las trincheras de una ejemplar e inquebrantable lucha clandestina del PCE
frente a la dictadura… Vivir de pie: todo un ejemplo para nuestras
generaciones. [Paco Arnau, editor de Ciudad futura ]
Dolores
Ibárruri, madre coraje, palabra, voz, figura y obra del Antifascismo español
La forja de
un carácter (1895-1917)
Dolores
Ibárruri Gómez (La Pasionaria, Gallarta, Vizcaya, 9 de diciembre de 1895 –
Madrid, 12 de noviembre de 1989) nació en la zona minera de Vizcaya, la
provincia más industrializada y populosa del País Vasco. Su padre, Antonio
Ibárruri, era minero y carlista. Su madre, Dolores Gómez, castellana católica y
devota también trabajó en la mina antes de casarse. “Soy pues, de pura cepa
minera. Nieta, hija, mujer y hermana de mineros… yo no he olvidado nada”[1] De
niña tuvo su rebeldía. Asistió a la escuela hasta los 15 años, albergando el
deseo de ingresar en la Escuela Normal de Maestras, pero sus esperanzas
quedaron frustradas por las necesidades económicas de su familia. Al finalizar
sus estudios tuvo que ingresar en una academia de corte y confección que le
permitió hallar empleo como sirvienta en la casa de una familia acomodada… el
trabajo era agotador, se levantaba a las seis de la mañana y no se acostaba
hasta las dos de la madrugada. El 15 de febrero de 1916, se casó en la iglesia
de San Antonio de Padua de Gallarta con un minero socialista, Julián Ruiz;
pero, como ella misma relata en su autobiografía hasta la guerra civil El único
camino, no fue feliz en esta relación dadas las duras condiciones de la vida de
las familias mineras y el machismo de su marido. Julián fue detenido tras la
Huelga General revolucionaria en la España de 1917 y Dolores se encontró sola
con la pequeña Esther, nacida el 29 de noviembre de 1916. La noticia de la
Revolución socialista de Octubre de 1917 en Rusia representó para ella un
potente rayo de esperanza. El primer artículo que publicó en el periódico
obrero El Minero Vizcaíno fue escrito en la Semana Santa de 1918. Usó el
seudónimo de Pasionaria para firmarlo. Vivió con emoción la revolución de los
espartaquistas alemanes de Rosa Luxemburgo en enero de 1919 y cuando en 1921 se
produjo la escisión en el PSOE que condujo a la fundación del Partido Comunista
de España, Dolores Ibárruri estuvo entre los militantes socialistas vascos
fundadores del nuevo partido comunista, siendo elegida rápidamente miembro del
Comité Provincial de Vizcaya. En esa época siguieron deteniendo a su marido
Julián con cada huelga… Cuando salía de prisión, Dolores solía quedar
embarazada; su segundo hijo y único varón, Rubén, nació el 9 de enero de 1920,
el mismo año en el que moriría la primogénita Esther. En julio de 1923 tuvo
trillizas: Amaya, Amagoya y Azucena. El parto fue difícil y asistido por sus
vecinas. Amagoya murió unos días mas tarde y Azucena sobrevivió sólo dos años…
Eva nació en 1928 y vivió apenas dos meses. La imposibilidad de pagar cuidados
médicos y alimentar adecuadamente a sus hijos contribuyó a la muerte prematura
de cuatro de los seis que tuvo. A pesar de ello trabajó muy duramente para su
familia: plantaba hortalizas y hacía costura para el sastre del pueblo con el
fin de incrementar los magros ingresos que provenían del salario de su marido.
De aguda
escritora y oradora a activista de la Internacional Comunista (1918-1933)
Con
asombrosa determinación permaneció políticamente activa: escribía artículos,
organizaba manifestaciones, pronunciaba discursos en mítines y, sin embargo,
era capaz de zurcir los calcetines de sus camaradas o de cocinar para ellos.
Enseñaba a leer a los mineros, para quienes debió constituir el arquetipo de la
hermana mayor o de la madre, sin dejar de ser por ello una de las primeras
feministas y abogar con pasión por la inclusión de las mujeres en las
actividades del partido. Por ejemplo, un día llevó a un grupo de mujeres a una
taberna del valle vizcaíno de Somorrostro a protestar porque los hombres
llegaban a casa borrachos y sin un duro. En otra ocasión organizó a las mujeres
de la zona minera para evitar que el tren se llevara a un grupo de reclutas a
la guerra de Marruecos.
Su creciente
importancia en el PCE fue reconocida en una conferencia clandestina del
Partido, conocida por razones de seguridad como la conferencia de Pamplona,
aunque se llevo a cabo en Bilbao a principios de 1930, en ella Dolores resulto
elegida vocal del Comité Central[2]. Las dotes oratorias y periodísticas de
Pasionaria, aunadas al hecho de que fuese mujer, atrajeron la atención de la
Internacional Comunista o Komintern. En Bilbao, hacia 1931, la presentaron a un
activista de esta organización, el soviético Mijail Koltsov: “En una barriada
de Bilbao, en una pequeña taberna a orillas del Nervion, unos camaradas me
presentaron a una mujer alta, delgada y de pocas palabras. Como todas las
españolas del pueblo iba vestida totalmente de negro, pese al tórrido calor
(…)”. Koltsov advirtió enseguida que la mujer de sencillo vestido negro
constituía una enorme adquisición para el Partido[3]. Y así fue como en
septiembre de 1931, ya proclamada la II República Española, comenzó a trabajar
para Mundo Obrero [órgano de prensa del Comité Central de PCE] bajo las órdenes
de quien a la sazón era su director, Vicente Uribe. En Madrid es detenida
acusada de ocultar a un camarada huído de la Guardia Civil. Pasa en prisión los
últimos meses de 1931 y a principios de 1932 recupera la libertad por falta de
pruebas. En el IV Congreso del PCE, celebrado en Sevilla en marzo de 1932, fue
nombrada miembro del Secretariado del Partido como responsable de la Comisión
de Mujeres. Volvieron a encarcelarla al volver de Sevilla acusada de “insultar
al gobierno” en un mitin celebrado en enero. Su hijo Rubén había quedado al
cargo de una familia en el lugar donde ambos se alojaban; al enterarse de la
detención de la madre, maltratan al muchacho que contaba con 12 años y éste se
las arregla para llegar hasta la cárcel donde está Dolores, quien encomienda su
custodia a unos camaradas hasta que pueda volver con su hijo a Bilbao. Después
la trasladan a la cárcel de Larrinaga, hasta que queda en libertad en enero de
1933.
Durante su
estancia en prisión no pudo participar en el cambio de dirección del Partido
con la sustitución de Bullejos, enfrentado a la estrategia de “clase contra
clase” que impedía a los comunistas apoyar a la nueva Republica, considerado un
régimen decadente y burgués al que no se debía apoyar, proceso llevado bajo la
tutela del italoargentino representante de la Komintern Victorio Codovilla; a
Bullejos le sustituye el sevillano José Díaz Ramos (1932-1942), antaño miembro
del sindicato anarquista de panaderos de la CNT. Díaz se hizo comunista durante
una estancia en la cárcel en los años veinte.
En noviembre
de 1933 Dolores viajó por vez primera a la URSS como delegada del PCE al XIII
Pleno de la Komintern. Permaneció en Moscú hasta febrero de 1934 para asistir
al XVIII Congreso del PCUS, durante el cual su oratoria impresionó a Stalin.
Durante los tres meses de su primera estancia en la Unión Soviética conoció
Moscú y Leningrado, admiró el orden y el progreso soviético tras los primeros
15 años de Revolución e hizo numerosos contactos internacionales al serle
encomendada una misión que luego sería muy importante: la organización en
España de la Unión de Mujeres Antifascistas. En dicha organización, en 1934,
conoció a quien sería su asistente, secretaria y mano derecha durante décadas,
Irene Lewy Rodríguez, mas conocida como Irene Falcón y que merece también un
articulo en este recordatorio de mujeres antifascistas[4].
Dolores,
heroína de la lucha antifascista en España (1934-1939)
A través de
la Unión de Mujeres Antifascistas Dolores Ibárruri adquiere todo su
protagonismo contra los efectos de la brutal represión que sufrieron los
mineros tras la Revolución de Asturias de octubre de 1934 [durante el llamado
Bienio negro republicano]. Pasionaria se ocupó de la evacuación de los hijos de
los mineros muertos o encarcelados en la lucha para trasladarlos hasta otras
partes de España y ponerlos bajo el cuidado de familias de acogida. En
noviembre de 1934 fue detenida tras organizar la evacuación de 150 niños de los
valles mineros. Cuando es puesta en libertad cruza a pie los Pirineos y
participa en un mitin en abril de 1935 en París a favor de las victimas de la
represión en Asturias. En estas circunstancias tomó una decisión que resultó
muy dolorosa para ella; pidió el traslado de sus hijos Amaya y Rubén a la Unión
Soviética. En julio pudo visitarlos al ser elegida delegada al VII Congreso de
la Komintern, en la que se adopto la estrategia del “Frente Popular”, que sería
ensayada con éxito en España, Francia y otros países. Al volver a España vivió
en la clandestinidad hasta la vuelta a la legalidad del Partido, poco antes de
la campaña de las elecciones de febrero de 1936 que daría la victoria al Frente
Popular [coalición integrada por candidatos del PCE, PSOE y partidos
republicanos de centro-izquierda]. Antes organizó la evacuación en enero de
otros 200 niños asturianos, por lo que fue de nuevo detenida para ser liberada
durante la campaña de las elecciones. Los asturianos premiaron sus acciones y
Pasionaria ganó el escaño por Asturias… al día siguiente corrió a las cárceles
de Gijón y Oviedo para ordenar la liberación de los presos comunistas,
anarcosindicalistas y socialistas gritando por las galerías “Camaradas, ¡sóis
libres!”, asumiendo ante los alcaides de las prisiones —como diputada electa al
Congreso de la República Española— la responsabilidad de las excarcelaciones. A
su vuelta a Madrid el PCE organizó una gran manifestación para acogerla como a
la heroína que ya era.
Dolores, La
Pasionaria para millones de personas en el mundo, representa la heroicidad, la
madre de la resistencia del pueblo español frente al fascismo durante la Guerra
de España (1936-1939), la Segunda Guerra Mundial en Europa (especialmente en
los campos de batalla de Francia y de la URSS) y en la posterior oposición
organizada contra el franquismo. El poeta Rafael Alberti resumió esa figura
refiriéndose a la muerte de su hijo Rubén en la heroica defensa de Stalingrado:
“Madre buena, madre fuerte / madre que para la vida / le diste un hijo a la
muerte”. Incluso algunos que luego renegaron de su militancia comunista
arrastrando en su crítica a todo lo que aquél mundo había representado, como
por ejemplo Jorge Semprún (alias ‘Federico Sánchez’), dedicaron encendidos
poemas a Pasionaria durante los años 40: “Fuiste estrechando nuestras manos, /
sonreías. / Y entonces estalló la primavera”.[5]
Sus enemigos
acérrimos tampoco pudieron sustraerse a la figura de Pasionaria. Representaba
para las mujeres en general todo lo contrario de la consigna nazi de “Kinder,
Kirche, Kuche”. Consigna de las tres “k” traducida a España por los falangistas
por “niños, iglesia y cocina”. Frente a ello, la Pasionaria, la madre de los
milicianos que defendieron Madrid… a los que el enemigo despectivamente llamaba
Hijos de Pasionaria y ella acogió en un conocido discurso como verdaderos
hijos: “Os llaman hijos de Pasionaria, como si quisieran insultarme a mí, y no
podían haberme hecho más honor al hacerme madre de vosotros, heroicos
milicianos (…)”.
La Guerra de
España. “Los fascistas, no pasar á n”
Durante la
primavera de 1936 Dolores estuvo cada vez más en el candelero: hizo campaña por
la amnistía de los presos, estuvo con los mineros huelguistas de Sama de
Langreo, amenazando con encerrarse con éstos en la mina, realojó a un grupo de
inquilinos desahuciados… En otra ocasión obligo a una clínica de maternidad a
reingresar a dos mujeres en avanzado estado de gestación y a las que habían
expulsado por negarse a rezar, demostrando en muchos casos cotidianos, codo a codo
con la gente del pueblo, su compromiso con la justicia social.
Años más
tarde, Santiago Carrillo (secretario general del PCE entre 1960 y 1982), quien
acababa de fusionar en las JSU (Juventud Socialista Unificada) a las juventudes
comunistas y a las socialistas, de las que él provenía, hace una semblanza de
su impresión al ver a Dolores por primera vez: “Me emocioné; calzaba
alpargatas, un amplio chal de colores muy bonitos y como siempre vestía de
negro. A pesar de esta sencillez me parecía una reina. De ella emanaba esa
dignidad, esa majestuosidad que tan a menudo se encuentra en las mujeres y los
hombres de nuestro pueblo… Lo que más me sedujo, además de su belleza, fue su
extraordinario encanto al reir o hablar. En esa época, en el Partido, ella era el
‘gran tribuno’ que movilizaba a las multitudes (…) poseía sobre todo intuición
política, un siempre certero instinto popular para orientarse y juzgar. Es
cierto que, desde el punto de vista de la táctica, podía ir un poco mas allá de
lo preciso, impulsada por su carácter apasionado y sincero […]. La gente la
tocaba como quien va a tocar a una santa.”.[6]
También como
diputada de la República tuvo éxito. Sus inteligentes intervenciones
sorprendieron incluso al dirigente socialista Indalecio Prieto [ministro en
varias legislaturas y afamado orador parlamentario], quien le preguntó dónde
había aprendido a hablar tan bien, a lo que Dolores le contestó con cierta
sorna: “acudiendo a sus mítines”. El 6 de junio se produjo en las Cortes un
interesante debate en el que participaron “el católico autoritario Gil Robles”
y el “ultraderechista Calvo Sotelo”. “Fingiendo pedir moderación el primero
justifico largamente el alzamiento [clerical-fascista] que se estaba preparando
y con despiadada exageración leyó una larga lista de asesinatos, palizas,
robos, incendios de iglesias y huelgas, un catalogo de desordenes de los que
culpó al gobierno. Calvo Sotelo exigió virtualmente un alzamiento: “Considero
que también sería loco el militar que al frente de su destino no estuviera
dispuesto a sublevarse a favor de España y en contra de la anarquía”. Ante la
debilidad de la respuesta del primer ministro Casares Quiroga, Dolores Ibárruri
tomó la palabra y, según el Diario de Sesiones del Congreso, dijo: “Permítame
su señoría poner al descubierto la dualidad del juego, es decir las maniobras
de las derechas, que mientras en las calles realizan la provocación, envian
aquí unos hombres que con cara de niños ingenuos (risas), vienen a preguntarle
al gobierno qué pasa y a dónde vamos (grandes aplausos)…” y continuó enumerando
las torturas y crímenes sufridos por los trabajadores en Asturias y otros
lugares. “Y si hay generalitos reaccionarios que en un momento determinado,
azuzados por elementos como el señor Calvo Sotelo, pueden levantarse contra el
Estado, hay también soldados del pueblo […] que saben meterlos en cintura”. De
este discurso ha salido el mito franquista de que Pasionaria amenazó a los
líderes de la extrema derecha parlamentaria, aunque en el Diario de Sesiones de
las Cortes no conste tal amenaza”[7].
El
levantamiento militar fascista del 18 de julio reveló pronto la capacidad de
Dolores para interpretar el estado de ánimo del pueblo e inspirarlo. El 19 de
julio de 1936 leyó un comunicado del PCE apuntado por ella misma un conmovedor
llamamiento a cada hombre, mujer y niño de todas las regiones de España que
acuñó el lema “El fascismo no pasará. ¡No pasarán!”, el eco de esa voz resonó
en todo el mundo durante los años siguientes, en la defensa numantina de Madrid
y otras ciudades y frentes, convirtiéndose desde entonces en el grito de la
resistencia antifascista.
Durante la
guerra, además de hablar con los soldados y acompañarlos en el frente, detuvo
desbandadas subida en un potril de la carretera de Toledo con el único arma de
su palabra: “¡Soldados, camaradas! ¿A dónde vais? ¿Por qué huís del frente?
¿Sóis acaso unos cobardes? ¿Quién va entonces a defender Madrid? ¿Qué dirán de
vosotros vuestras mujeres, vuestras novias, vuestras madres? ¿No amáis la causa
de los trabajadores, de la libertad, vuestra causa?[...] Es preciso luchar para
que Madrid no caiga en manos de los fascistas”. Su figura de negro, erguida
sobre el pretil, su voz de acero, que resonaba cortando el aire de la mañana
soleada, sus reproches a los que abandonaban el frente, sus palabras de
aliento, su sola presencia allí, en aquel momento, dejó como petrificados a los
que se retiraban. De pronto, como movidos por un resorte, los del grupo más
cercano dan una vuelta en redondo y se dirigen de nuevo al frente. Algunos
lloran. Los demás siguen su ejemplo. La retirada se para. Los milicianos, ahora
ya soldados, vuelven al frente”[8].
Y en la
retaguardia galvanizando a las masas en mítines como el del 8 de noviembre de
1936 en el cine Monumental de Madrid y una semana después ante los miembros de
las Brigadas Internacionales recién llegados a Madrid y en unos sótanos de la
Ciudad Universitaria, llenos de mujeres y niños que se refugiaban allí de los
bombardeos… Pasionaria habla consciente de lo mucho que se juega en Madrid y
dice a los brigadistas: “Vosotros lucháis y hacéis sacrificios por la libertad
y la independencia de España. Pero España se sacrifica por todo el mundo.
Luchar por España es luchar por la libertad y la paz en todo el mundo”. Pero
tras la caída de Asturias, a cuya resistencia rindió homenaje, diría
amargamente ante la falta de perspicacia y humanidad de las democracias
occidentales: “Hemos gritado hasta enronquecer a las puertas de los países
llamados democráticos, diciéndoles qué significaba nuestra lucha; y no nos
escucharon”.
La caída de
Bilbao supuso un duro golpe para Pasionaria: “En Euskadi no había ejército
regular. No había mas que milicias bravas, heroicas, admirables; lo mismo las
nacionalistas que las socialistas, que las comunistas, que todas (…). Se
luchaba a pecho descubierto, se derrochaba el valor a raudales…”.
Frente a la
imagen de antigua monja exclaustrada que saltaba a la yugular de los religiosos
que propagó la propaganda franquista, tuvo gestos como el de habitar en Madrid
en un Convento, como gesto para que los milicianos no quemaran estos edificios
ni agredieran a las religiosas. En 1983, las monjas le devolvieron el favor
regalándole un cuadro de la Virgen de los Dolores que ella había contribuido a
preservar de la barbarie incendiaria de aquellos días de la guerra.
Figura
histórica por encima del culto a la personalidad y otras acusaciones
Para
historiadores de la talla de Gabriel Jackson o Paul Preston y otros muchos cuya
lista es interminable (frente a los dos o tres “revisionistas”, en realidad
malos historiadores, que en la actualidad siguen los mitos y burdas mentiras
autojustificativas de los franquistas), la vehemencia de los insultos no hacen
sino reafirmar la importancia histórica de Dolores Ibárruri[9] más allá del culto
a la personalidad que se practicó en una etapa determinada de los años 40 y
que, en el caso de Dolores, ella misma combatió activamente. Como dice Irene
Falcón: «El debate sobre el culto a la personalidad en nuestro partido no tocó
a Dolores. Es cierto que se han hecho afirmaciones excesivas sobre su
personalidad, imbuidas en esa mentalidad de veneración supersticiosa ante las
autoridades. Pero no es menos cierto que su poder personal en el Partido no
tenía las connotaciones que de ello podrían haberse derivado. Su actitud de no
imponer su criterio, de respetar los análisis de sus compañeros de dirección,
la inmunizaba de cualquier tendencia a la arbitrariedad. Nunca la oí pronunciar
frases del estilo de “porque lo digo yo” o “porque soy la secretaria general”
para cerrar una discusión o cerrar una propuesta…(…). En cuanto al culto a la
personalidad, Dolores no tenia conciencia de haber pecado porque no se creía
las lisonjas; las aceptaba de forma rutinaria, no se creía ser “la mas guapa”
por más que el espejo de la dirección siempre se lo dijera. […] En sus métodos
de discusión no imponía sus criterios, aún siendo la secretaria general [del
PCE entre 1942 y 1960].»[10].
Con respecto
a algunas páginas oscuras de la guerra, Jesús Hernández, ministro de Educación
en el gabinete de Largo Caballero, tras ser expulsado del Partido en los años
cuarenta trató de implicarla en el asesinato del [trostkista catalán] Andreu
Nin. Pero Dolores no pudo participar en aquella liquidación del líder del POUM
porque como recuerda Paul Preston, en los días anteriores a la detención de Nin
preparaba un informe al pleno del Comité Central, celebrado en el Conservatorio
de Valencia el 18 de junio de 1937, en el que se abogaría por la unión del PCE
y del PSOE, aunque en aquel informe también justificaba el ataque al POUM en la
atmósfera de admiración y lealtad absoluta por la Unión Soviética que vivían
muchas personas en aquellas fechas.
El 13 de
octubre de 1937, en una entrevista con el Presidente Don Manuel Azaña a
instancias de una delegación parlamentaria con el objeto de persuadirle de
trasladar el gobierno de la República de Valencia a Barcelona, Dolores dio una
vez más muestras de su espontaneidad y pragmatismo. Azaña, socarrón, le dijo:
“Supongo que eso de la dictadura del proletariado lo habrán aplazado ustedes
por una temporadita”. A lo que Pasionaria replicó: “Si, señor Presidente,
porque tenemos sentido común”. Tal era la posición política y personal de quien
era ya considerada por muchos “la madre de la Republica”.
El 29 de octubre
de 1938, en plena Batalla del Ebro, pronunció en Barcelona un discurso
memorable con motivo de la despedida oficial y homenaje a las Brigadas
Internacionales:
“¡Camaradas
de las Brigadas Internacionales! (…) Sois la Historia, sois la leyenda, sois el
ejemplo heroico de la solidaridad y de la universalidad de la democracia (…) No
os olvidaremos, y cuando el olivo de la paz florezca, entrelazado con los
laureles de la victoria de la Republica Española, ¡volved! (…) volved a nuestro
lado, que aquí encontrareis patria, los que no tenéis patria; amigos, los que
estáis privados de amistad; y todos, el cariño y el agradecimiento de todo el
pueblo español, que hoy y mañana gritara con entusiasmo: ¡Vivan los héroes de
las Brigadas internacionales!”
Poco más de
tres meses mas tarde, tras el Golpe de Casado del 5 de marzo [dirigente del
PSOE que entregó Madrid a los franquistas], quien inmediatamente ordenó detener
al presidente del gobierno Negrín y a La Pasionaria, verdaderos símbolos de la
resistencia republicana hasta el final, el 8 de marzo de 1939, perdida la
guerra, Dolores Ibárruri abandonó España en un viejo Dragón rumbo a Orán
(Argelia), donde una gran manifestación acogió su llegada, lo que hizo que las
autoridades coloniales francesas la embarcaran rápidamente rumbo a
Marsella[11]. Tras una última reunión en París de la Diputación Permanente de
las Cortes republicanas el 31 de marzo de 1939, Dolores sale del puerto del
Harvre hacia la Unión Soviética, pensando en volver a Francia para ayudar a los
refugiados españoles… pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial impedirá
ese deseo y Pasionaria iniciará una estancia de cerca de cuatro décadas en la
capital de la Unión Soviética.
Una mujer en
la ‘corte’ de Moscú
A partir de
la derrota republicana, ya en Moscú, el círculo íntimo de Dolores se
circunscribe prácticamente a su familia, a Irene Falcón y a un grupo reducido
de camaradas españoles como Ignacio Gallego o Fernando Claudín. Parte de la
dirección permanece en Francia (Antón, Checa, Carmen de Pedro, Jesús Monzón,
etc.), otros en Argelia (Santiago Carrillo) y otros emigran hacia Cuba
(Larrañaga, Julián Grimau, etc.) o México (Hernández).
En agosto de
1939 Hitler y Stalin firman un pacto de no agresión que perdurará hasta su
ruptura por el ataque de la Alemania nazi a la URSS dos años más tarde. Son
años difíciles para Pasionaria. Los soviéticos pensaban que: “esta mujer, con
sus profundas convicciones y leal a sus principios, podía convertirse en un
problema político”[12]. En realidad, la principal preocupación de Dolores es
hacerse cargo prácticamente de la dirección del Partido dada la enfermedad
terminal del secretario general José Díaz; un cáncer de estomago acabó
desesperanzándolo, arrojándose de un balcón en Tiflis (Georgia) el 21 de marzo
de 1942. Este año fue aciago para Dolores, ya que el 3 de septiembre de 1942
Nikita Jruschev le informó de la muerte de su hijo en Stalingrado, lo que la
sumió en nueve meses de aislamiento total y desamparo. Tras este duelo, retomo
las riendas del liderazgo, empezando por ocuparse de los múltiples problemas de
los exiliados y pronunciando expresivos discursos desde Radio España
Independiente (la popular Pirenaica), que emitía primero desde Moscú y después
desde Bucarest hacia el interior de España, donde muchos la oían en la noche
bajo el terror franquista. Desde mayo de 1944, tras la expulsión del partido de
Hernández, Dolores asumió el cargo de secretaria general del PCE, máxima
responsabilidad del Partido. En 1945, antes de terminar la Segunda Guerra
Mundial, hizo un viaje por Irán, Siria y Egipto para entrar en Francia con el
fin de asumir la dirección en París tras el frustrado intento de invasión por
el Valle de Arán por parte de los guerrilleros antifascistas españoles.
Pero el
inicio de la Guerra Fría frustró cualquier estrategia de sublevación interior y
la lucha guerrillera fue languideciendo. El PCE, bajo la dirección de Dolores,
comenzó a ensayar estrategias que permitieran un acercamiento a otras fuerzas
de la oposición para superar el aislamiento al que el anticomunismo rampante lo
sometía. Esto obligó a una moderación del discurso que permitiría un mejor
tránsito del PCE por el proceso de desestalinización, dirigido con gran astucia
por Dolores Ibárruri desde el mismo centro del poder moscovita. Los problemas
surgieron en Paris, donde Carrillo y Antón comenzaron a aislar a Vicente Uribe,
a quien le correspondía una mas alta graduación y que cayó en desgracia ante
los que se llamaron “los jóvenes leones”.
En la ultima
etapa de Stalin, ya desbocada la paranoia política del líder de la URSS,
Dolores se vio afectada de manera bastante directa hacia 1950, cuando se acusó
a catorce altos cargos comunistas de Checoslovaquia y Hungría de “mantener
contactos con agentes occidentales”; 11 de ellos eran judíos y casi todos
habían formado parte de las Brigadas Internacionales en España. Entre ellos
estaba Bedrich Geminder, compañero de la inseparable secretaria de Dolores,
Irene Falcón, que fue ejecutado acusado de “tener relaciones con trotskistas,
ser un judío nacionalista y cometer otras desviaciones burguesas capitalistas”,
en la jerga de la época.
Pero Stalin
murió en marzo de 1953 y durante el proceso de desestalinización en el PCE iba
a cambiar la correlación de fuerzas interna. Pasaría de la vieja guardia
(Uribe, Mije, Líster, Dolores) a los emergentes así llamados nuevos leones:
Santiago Carrillo y Fernando Claudín desde la dirección en París, secundados
por Jorge Semprún (‘Federico Sánchez’) y nuevos militantes que surgían en el
interior de España al calor de las movilizaciones estudiantiles (Enrique
Múgica, Javier Pradera, Lacalle, etc.), que se codeaban con curtidos y
admirables dirigentes comunistas, verdaderos hombres de acero en una lucha
clandestina contra el franquismo en la que el PCE era, simplemente y en toda la
extensión del término, El Partido: madrileños como Simón Sánchez Montero o Paco
Romero Marín; vascos como Ramón Ormazábal o catalanes del PSUC como Gregorio
López Raimundo y el profesor Manuel Sacristán… todos ellos a la cabeza de la
gloriosa clandestinidad comunista en el interior de España de los años
cincuenta y sesenta. Fueron estos militantes los que organizaron la HNP (Huelga
Nacional Popular) en 1959, empresa fracasada en la que se empeño Santiago
Carrillo, secretario general desde el VI Congreso del PCE celebrado en Praga en
enero de 1960, pero que demostró la existencia de una organización muy sólida
en el interior a pesar de las frecuentes caídas. Esta clandestinidad comunista
tuvo su gesta trágica en la ejecución de Julián Grimau en 1963, frente a la
cual Dolores movilizó todos los contactos y presiones diplomáticas posibles
desde su posición en Moscú.
Dolores dio
paso a Carrillo reconociendo así el empuje de quien hasta entonces había sido
secretario de organización y el coordinador de la nueva estrategia política,
llamada de Reconciliación Nacional, pasando Dolores al cargo de presidente del
Partido. Desde esa responsabilidad Dolores abogó por la unidad del partido
frente a las frecuentes crisis internas y frente a la deriva del comunismo
soviético. Pasionaria apoyó a Santiago Carrillo en la crisis protagonizada por
Semprún y Claudín cuando éste condenó la intervención en Checoslovaquia en
1968. Y asistió al fortalecimiento del PCE cuyos militantes, junto a otros
militantes obreros, dieron vida al sindicato CCOO (Comisiones Obreras), en el
dialogo con otras fuerzas políticas y en su implicación en el tejido obrero y
ciudadano que iban a constituir el omnipresente PCE, al que no pudieron
marginar en el proceso de tímida apertura democrática, como muchos desde la
derecha militar a la izquierda socialdemócrata hubieran deseado. El PCE de
Dolores, por su correcta y tenaz estrategia de reconciliación nacional y por la
abnegación ejemplar de sus militantes en los movimientos sociales, sindicales y
ciudadanos, se ganó su prestigio al convertirse tras la guerra en la fuerza
hegemónica de la resistencia democrática antifranquista.
El regreso a
España (1977-1989)
La muerte de
Franco en noviembre de 1975 marcó el principio del fin del largo exilio.
Pasionaria ofreció una alocución por Radio Pirenaica: “Franco ha muerto, pero
la España eterna, la España de la democracia y de la libertad, la España que
dio vida a un mundo, vive en su pueblo maravilloso (…) es el amanecer de una
España en la que el pueblo será el principal protagonista, en que de nuevo sean
reconocidos los derechos de los hombres y de los pueblos de nuestra patria
multinacional y multirregional”. Dos semanas después se organiza en Roma un
gran mitin con motivo del 80º cumpleaños de Pasionaria, quien ante miles de
personas (muchas de ellas llegadas desde España) pronuncia una vibrante
alocución: “Con toda la fuerza de mis convicciones comunistas, yo llamo a una
reconciliación nacional que ponga fin al estado de excepción y de división que
la guerra y la dictadura franquista, levantándose sobre un millón de muertos,
impuso a nuestro país”. Y pronuncio una frase llena de fuerza y esperanza, que
levantó banderas y fue coreada: “No os digo adiós, sino ¡hasta pronto en
Madrid!”.
Un mes más
tarde, profundamente desbordados ante la frenética actividad de los comunistas
y sus simpatizantes, pistoleros fascistas irrumpen en un despacho de abogados
laboralistas del PCE y Comisiones Obreras del número 55 de la calle de Atocha,
asesinando a sangre fría a cinco de ellos en una gélida noche madrileña del 24
de enero. Al día siguiente, los militantes y simpatizantes del PCE inundan las
calles del centro de Madrid en una pacifica pero a la vez masiva e
impresionante demostración de duelo. Es la prueba del nueve de que ningún
proceso democrático podría hacerse al margen de los comunistas en España, como
muchos estaban diseñando. Cinco meses más tarde, el PCE era legalizado el
llamado Sábado Santo Rojo (9 de abril) de 1977. Se convocan elecciones a Cortes
constituyentes para el 15 de junio y apenas un mes antes, el 13 de mayo de
1977, Pasionaria regresa a Madrid después de 38 años de exilio. En las
elecciones generales de 15 de junio Dolores es elegida de nuevo —como en
1936—diputada comunista por Asturias y le corresponde presidir la primera Mesa
del Congreso de los Diputados, en la que coincide con otro diputado comunista,
el poeta Rafael Alberti (elegido por sus paisanos de la provincia de Cádiz).
Dolores aún
tuvo tiempo para votar contra la OTAN en Referéndum y para conocer una Huelga
General como la del 14 de diciembre de 1988, convocada por UGT y CCOO, que se
convirtió en un levantamiento popular pacífico frente a la política económica y
los recortes sociales del gobierno del PSOE (¿les suena esta historia?).
Dolores murió el 12 de noviembre de 1989 a la edad de 93 años por problemas
respiratorios tras doce años viviendo con un marcapasos cardiaco, sin dejar de
cantar con su voz potente las viejas canciones revolucionarias ante los jóvenes
del Partido. Una gran multitud de trabajadores le rindió un último homenaje en
Madrid.
La larga
trayectoria de Dolores Ibárruri demuestra que mas allá de una madre abnegada,
de una brillante oradora, de una militante apasionada, había una gran figura
política, que fue serena pero a la vez temerariamente valerosa cuando las
circunstancias requerían mayor pasión, como en la evacuación de los niños
asturianos o en los frentes de la Guerra. Como virtudes políticas principales
poseía aptitudes tácticas y también visión estratégica, así como una lealtad
acérrima e inquebrantable a los trabajadores, al pueblo español y a su partido,
el PCE. A la vez, un acendrado amor por su querida Euskal Herria natal, no le
hizo caer en veleidades nacionalistas ni ser condescendiente con el terrorismo,
al que condenó desde los comienzos de la llamada Transición. Tanto en la guerra
como durante el largo exilio, sus discursos y emisiones radiofónicas hicieron
mucho para mantener el espíritu de resistencia a la dictadura y de lucha por la
democracia en España.
Texto: José
Gabriel Zurbano* / Ciudad futura * Historiador. [Ilustración de cabecera:
"Dolores" • Paco Arnau / Ciudad futura, 2010]

No hay comentarios:
Publicar un comentario