Artículos de
Opinión | Esther Vivas | 20-11-2013 |
El
capitalismo es el mejor garante de la democracia. O eso nos han dicho desde
siempre. La realidad, pero, contradice esta afirmación. La crisis nos lo
muestra cada día.
Hoy, cuando
la gente sale a la calle, se manifiesta frente al Congreso, ocupa viviendas
vacías, hace escraches, se pone en huelga y busca llevar la democracia hasta
sus últimas consecuencias, desde el poder se dice a quienes se levantan en pro
de la justicia social que son antidemócratas, colpistas y filofascistas. La
democracia actual es incapaz de asimilar las aspiraciones plenamente
emancipadoras y democráticas de la gente. La descalificación y el insulto es el
recurso de quienes ya no convencen con sus embustes. Mintieron por encima de
sus posibilidades y se les acabó el crédito.
A más
capitalismo, más mercados, menos democracia. Así lo vimos en noviembre de 2011,
cuando asistimos en Italia y en Grecia a golpes de Estado efectuados por los
mercados. En Italia, sus ciudadanos no tuvieron el “honor” de echar al primer
ministro Silvio Berlusconi, fueron los mercados quienes lo sacaron del Gobierno
y colocaron en su lugar a Mario Monti, un exGoldman Sachs. En Grecia, Yorgos
Papandréu fue sustituido, en un visto y no visto, por Lucas Papademos,
exvicepresidente del Banco Central Europeo. Hombres de Goldman Sachs ocupan
puestos claves en toda la Unión Europea. Banqueros disfrazados de políticos
siempre dispuestos a cobrarnos a todos la factura de su crisis.
Antes de
perder la butaca, Papandréu, como buen político profesional, intentó por todos
los medios mantener el puesto e incluso amagó con convocar un referéndum sobre
las medidas de ajuste (¡a buenas horas!). La palabra referéndum, pero, puso muy
nerviosos a los mercados and co. (sólo hace falta repasar la hemeroteca de esos
días): ¡Qué es esto de que los griegos opinen sobre los ajustes de La Troika!
Finalmente, la consulta no se realizó. Emulando al Último de la fila, y
reversionando uno de sus temas: cuando los mercados entran por la puerta, la
democracia huye por la ventana.
El
capitalismo quiere una democracia de salón, una democracia para lucir los días
de fiesta, una democracia florero para mostrar en su vidriera de cristal. La
democracia, sin embargo, es toma de conciencia, movilización, calle, protesta,
desobediencia. Nada que ver con “la ley y el orden” que quiere el capital. La
democracia real está en las antípodas del capitalismo real.
Nos decían,
también, que el capitalismo era el mejor garante de la justicia. Las cárceles,
pero, están llenas de pobres. El Estado penal avanza a cada milímetro que
retrocede el Estado social. Y la minoría que ocupa el poder político y
económico ha convertido la judicatura en una marioneta a su servicio. La
justicia para los de arriba nada tiene que ver con la de los de abajo. Los
ejemplos son múltiples, y estos días hemos visto varios casos: desde el
hundimiento del Prestige, que no tiene responsables, a una infanta imposible de
imputar hasta un tortazo considerado atentado a la autoridad, por el que la
Fiscalía solicita cinco años de cárcel. Y es que las tartas sientan muy mal,
sobre todo a la imagen.
Capitalismo o democracia, that is the question. Apostar por la democracia y la
justicia implica oponerse al capitalismo. Los derechos de la mayoría solo serán
posibles acabando con los privilegios de unos pocos. La crisis, al menos,
permite ver las cosas tal y como son. Las medidas de austeridad socavan la
legitimidad del sistema político y de la política representativa. Cada día
menos gente se cree el cuento con el que durante años nos embaucaron.
Desmontadas sus mentiras, queda ahora la tarea de convencernos de que este
mundo injusto se puede cambiar. De que Sí se puede.
Fuente: www.tercerainformacion.es

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