Jorge Moruno Danzi
17 de noviembre
2013
El
millonario pesa demasiado, altera la armonía de los intereses, rompe el
equilibrio de los derechos, aplasta a los pobres.
Le Rèvolte (Periódico francés de finales del siglo
XIX)
Las
constructoras que gestionan el servicio de limpieza en Madrid y el propio
ayuntamiento con Botella a la cabeza, han tratado de manera conjunta de
reventar la huelga de los barrenderos y jardineros, combinando la táctica de
las expectativas engañosas junto con una operación de dudosa legalidad que se
ha encargado de ir recogiendo la basura. Se perfilan dos claros equipos. Por un
lado un ayuntamiento y las constructoras que protegen la rentabilidad de estas
últimas, por otro lado, los y las trabajadoras de limpieza y la ciudadanía de
Madrid que protegen el bien colectivo. Los primeros apuestan por el paro, la precariedad
y la denigración del servicio de limpieza. Los segundos defienden sus puestos
de trabajo, rechazan convertirse en siervos y apuestan por un Madrid donde se
anteponga la limpieza para todos antes que el beneficio económico para unos
pocos. Ana Botella y la patronal han querido jugar sucio, el preacuerdo inicial
se había revelado como una artimaña que buscaba encajonar a los y las
trabajadoras para desactivar su lucha. La huelga ya no ha sido una huelga más,
lo ha sido de toda la ciudadanía contra todo un modelo de gobierno asentado
sobre la corrupción y las prácticas mafiosas. 12 días de huelga han bastado
para que los de arriba empiecen a violar leyes, para que salgan a contratar
esquiroles porque en su opinión la legalidad hay que defenderla a capa y espada
mientras garantice el expolio, pero no dudan en saltársela en cuanto atisban
que puede perjudicarles.
La
suciedad de hoy garantiza la higiene de mañana, pues para que un servicio de
limpieza sea de todos, hoy deben ganar los trabajadores frente a las
constructoras: las huelgas molestan, pero los culpables no son quienes las
convocan, sino quienes las provocan. La huelga de basura en Madrid ha sido
la huelga de todos los demócratas. Han querido jugar sucio, pero el temor
a recibir más suciedad ha sido mayor, porque saben que no hay
esquirol para tanto solidario ensuciando. Hacía mucho tiempo que un
Madrid tan lleno de mierda no se convertía en una ciudad tan bonita, tan
desbordante de vida y que despierta tanta ilusión. Cada bolsa de escombros,
cada papelera rebosante de basura, representa un síntoma de vitalidad
democrática, de defensa por la dignidad, aquello que describe lo valioso de la
vida humana. Esta suciedad simboliza que todavía quedan personas que quieren
ser libres, que desobedecen, que saben que en ocasiones llenarlo todo de mugre
es la mejor forma de defender la higiene. Son paradojas de la vida, como el
hidrógeno y el oxígeno, átomos que juntos forman la molécula del agua y cada
uno por separado pueden ser inflamables. Yes we trash!
Fuente: www.publico.es

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