El 55% de los practicantes rechaza un trato
preferencial sobre las demás religiones.
Se impone la aceptación de las familias
gais.
La Catedral de La Almudena de
Madrid, ayer durante la misa en honor de la patrona. / Carlos Rosillo.
Más de la
mitad de los católicos que se declaran practicantes creen que España debe
terminar con el trato preferente a la Iglesia católica. Según los datos de una
encuesta elaborada por Metroscopia para EL PAÍS, este porcentaje se dispara
hasta el 72% entre los poco practicantes y llega hasta el 77% entre los que nunca
acuden a misa. Estos dos grupos son los mayoritarios entre los fieles, ya que
mientras 7 de cada 10 españoles se definen como católicos, solo un 17% dicen
visitar con regularidad algún templo.
El 84% de quienes
acuden a misa están a favor de que se permita el divorcio
El sondeo de
Metroscopia coindice con el anuncio de una iniciativa inédita. A principios de
mes se conocía que el Papa Francisco
busca, a través de una
macroencuesta mundial, conocer la opinión de los fieles sobre
algunas de las materias tradicionalmente más peliagudas en la doctrina
vaticana: natalidad, divorcio y homosexualidad. Desde que el argentino Jorge
Mario Bergoglio fuese elegido Papa —un pontífice que ha dejado la puerta
abierta en varias ocasiones al cambio— ha aumentado el número de españoles
partidarios de una reforma en la doctrina de la Iglesia católica.
Un 76% de
españoles quieren retirar a la Iglesia el estatus preferencial que le otorgan
los acuerdos de España con la Santa Sede —un 3% más que
hace ocho meses, cuando Metroscopia sondeó a la población sobre el
primer mes de pontificado de Francisco—. Acuerdos que, pese a la declarada
aconfesionalidad constitucional del Estado, ponen a la religión católica en una
situación de ventaja respecto al resto de fes. Entre otras prebendas, la Iglesia
está exenta del pago del impuesto sobre bienes inmuebles y del IVA, el Estado
sufraga el sueldo de más de 3.000 profesores de la asignatura de Religión y la
enseñanza católica tiene un trato preferencial en los colegios públicos.
Fuente: Metroscopia / EL PAÍS
Los
resultados de la encuesta, realizada a principios de noviembre, reflejan una
aceptación mayoritaria de la ampliación del concepto de familia. El 51% de los
católicos practicantes creen que esta “no tiene por qué referirse
exclusivamente a la constituida por un hombre y una mujer”. Ocho de cada 10
católicos poco o nada practicantes secundan esa afirmación. Y pese a los
recelos de la Conferencia Episcopal Española, que ha mostrado su oposición
continua a que las parejas homosexuales adopten niños, el 55% de los católicos
practicantes creen que la Iglesia debe reformarse para aceptar que una pareja
del mismo sexo “está tan capacitada para criar a un niño como una pareja
compuesta por personas de diferente sexo”. Entre aquellos que se definen como
poco practicantes, el porcentaje de aceptación de esta tesis —79%— es incluso
un punto superior al global de la población.
La
aceptación del divorcio entre los católicos españoles es abrumadora. El 84% de
los practicantes y más del 90% de los pocos o nada devotos está a favor. “El
divorcio es algo común hoy día también para los católicos. Yo misma estoy
separada y soy una feligresa habitual”, reconoce a las puertas del Oratorio de
Caballero de Gracia de Madrid, regido por el Opus Dei, una funcionaria que ha
aprovechado su descanso matinal para acudir al templo.
El 58% de los no
practicantes están de acuerdo con la ley del aborto actual
Pese a la
opinión mayoritaria de los católicos —como muestra la encuesta de Metroscopia—
y la intención del papa Francisco de escuchar la voz de los fieles, los
guardianes vaticanos de la fe han salido raudos a frenar la hipotética apertura
a las nuevas familias. El arzobispo alemán Gerhard Ludwig Müller, prefecto de
la Congregación para la Doctrina de la Fe (el antiguo Santo Oficio) ha mostrado
su rechazo a que los casados en segundas nupcias puedan comulgar. “El divorcio
no es coherente con la voluntad de Dios”, declaró recientemente.
En España,
aún más unánime que la aceptación del divorcio es la normalización del uso de
anticonceptivos. Algo que apoyan el 88% de los católicos practicantes y el 95%
de aquellos menos asiduos a las homilías. “Los que tenemos hijos jóvenes
sabemos que la realidad es la que es... Y la Iglesia debe estar abierta para
entender estas situaciones”, apuntaba el viernes Rosa García, de 52 años, tras
escuchar la misa de 10.00 en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, en
Madrid.
Las
preguntas lanzadas mundialmente por Francisco a sus fieles también van
encaminadas a conocer qué atención pastoral sería posible ofrecer a las parejas
del mismo sexo y a sus hijos. En España ha aumentado cinco puntos en un año
—del 75% al 80%— el porcentaje de quienes, católicos o no, piensan que lo
“realmente importante” para un niño es poder crecer en un ambiente de cariño y
protección con independencia de que este se dé en una familia gay, heterosexual
o monoparental. Y aunque los católicos practicantes siguen estando
mayoritariamente de acuerdo con esta premisa —el 55% así lo manifiesta—, hay
una brecha importante entre estos fieles y los poco o nada practicantes, donde
el nivel de aceptación rebasa el 80%.
Los fieles apoyan
mayoritariamente el uso de anticonceptivos
Sin embargo,
cuando se menciona explícitamente la adopción y se pregunta si lo más
importante en ella es fijar qué es lo mejor para el menor sin que influya la
orientación sexual de los adoptantes, los porcentajes de aceptación son —salvo
para los católicos practicantes que sube dos puntos— algo más bajos que si solo
se hace referencia a la crianza del niño sin incluir la palabra “adopción”. Aun
así, tres de cada cuatro españoles y más del 75% de los católicos poco o nada
practicantes coinciden en que para determinar qué es lo mejor para el bienestar
del niño es irrelevante la orientación sexual de sus padres.
Por sesgo
político, cuatro de cada 10 votantes del Partido Popular (PP) rechazan obviar
la orientación sexual de los adoptantes y el 53% niega que lo “realmente
importante” sea que el niño crezca en un buen ambiente familiar con
independencia de por quién esté formado este.
En espera de
que el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, presente la reforma de la
ley del aborto, pospuesta varias veces, algo más de la mitad de los españoles
—el 53%, según Metroscopia—, se muestra partidario de mantener una ley de
plazos como la actual, que permite la interrupción del embarazo sin alegar
ninguna razón hasta la semana 14 de gestación. El respaldo a la norma —similar
a la del entorno europeo— ha subido siete
puntos desde abril.
Un 7% de la
población cree que el aborto no debería ser legal en ningún caso, y un 37%
apuesta por una norma de supuestos como la que rigió en España desde principios
de los ochenta hasta 2010; una época en la que el aborto estaba despenalizado
solo en tres supuestos: violación, anomalía fetal o riesgo para la salud física
o psíquica de la mujer.
Entre los
católicos, el 58% de los no practicantes abogan por una ley de plazos; un
porcentaje cinco puntos superior a la opinión global de los entrevistados. La
opción preferida para el 53% de los católicos practicantes habituales y para el
49% de los poco practicantes es, sin embargo, la de una ley de supuestos.
El 55% de
los votantes del PP y el 26% de los socialistas apuestan también por esa
opción. Uno de cada 10 votantes populares y el 4% de los fieles al PSOE creen
que el aborto debe ser considerado delito.
Acabar con la discriminación de la
mujer en el gobierno de la Iglesia suscita el apoyo de 9 de cada 10 ciudadanos,
aunque el porcentaje baja hasta el 75% entre los católicos practicantes.
Mientras, la necesidad de abordar una investigación a fondo de los casos de
pederastia pone de acuerdo a la práctica totalidad de los españoles, ya sean o
no católicos.
Fuente: www.elpais.com


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