Sergio Fernández Ruiz | Vicepresidente de la Asociación
para la Defensa de la Sanidad Pública de Madrid
nuevatribuna.es
| 14 Noviembre 2013 - 19:11 h.
La huelga de
los trabajadores de los servicios de limpieza de la ciudad de Madrid es un buen
ejemplo de lo que sucede cuando se privatizan los servicios públicos
fundamentales.
Primero se
deja en manos privadas estos servicios, luego se recortan los presupuestos para
las empresas privadas que, para mantener sus beneficios, dirigen este recorte
sobre el personal (disminuciones de plantillas con los consiguientes despidos,
rebajas salariales y aumento de los horarios), lo que, inevitablemente,
repercute en una perdida de calidad del servicio.
Cuando los
trabajadores reivindican sus derechos las administraciones públicas miran para
otro lado y argumentan que se trata de un problema entre trabajadores y
empresas, como si no se tratara de servicios públicos que pagamos toda la ciudadanía,
en este caso al Ayuntamiento de Madrid, quien decidió subcontratar / privatizar
el servicio, disminuir el presupuesto y desentenderse de los resultados: una
huelga justificada, que llena la ciudad de basuras sin recoger, falta de
higiene y potenciales riesgos para la salud pública.
El
Ayuntamiento de Madrid es el responsable de lo que sucede y es quien debe
garantizar, con servicios públicos suficientes, la prestación del servicio de
calidad que toda la ciudadanía reclamamos y abonamos con nuestros
impuestos.
La
privatización, al final, está suponiendo, como sucede siempre, un grave
empeoramiento de la calidad del servicio, múltiples negocios para los
empresarios e innumerables recortes para los trabajadores. Sólo la gestión
pública garantiza la prestación de servicios públicos fundamentales y de
calidad, las privatizaciones, como se ve en este caso, no son una solución,
sino que aumentan el problema.
La solución
del conflicto debería de pasar porque el Ayuntamiento resolviera con urgencia
la situación exigiendo a las empresas la garantía del servicio y, si son
incapaces de hacerlo, asumiera directamente el servicio público
haciéndose cargo del personal que lo venia prestando. Los modales autoritarios
y las amenazas de la alcaldesa no son de recibo, sobre todo si se tiene en
cuenta el “despilfarro olímpico” que ha hecho de los impuestos de los
madrileños y que esta detrás de los recortes a las empresas de limpieza que
estas intentan trasladar a los trabajadores y a los ciudadanos.

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