Juan Torres López | Economista
nuevatribuna.es
| 07 Noviembre 2013 - 16:33 h.
La monarquía
española se ha ido consolidando en los últimos años gracias a un amplio pacto
de silencio que ha permitido ocultar sus actividades reales: los grandes
negocios no siempre limpios -como se ha podido comprobar con Urdangarín y su
esposa- de muchos de los familiares directos del Rey, la doble vida del monarca
y sus actividades de comisionista global, la vinculación de la Reina con el
gobierno en la sombra del mundo o una vida familiar desestructurada y muy poco
ejemplar. Solo muy de vez en cuando se pueden leer en medios españoles cosas
como las que escribió hace poco el periodista Jaime Peñafiel refiriéndose al
Rey Juan Carlos: “Cuando recibió la citada herencia (se refiere a los 375
millones de pesetas que heredó de su padre) ya tenía un gran capital. No olvidemos
que, desde el año 1973, gracias a las gestiones que hizo, a petición de Franco,
ante el rey de Arabia Saudí para que a España no le faltara petróleo en aquella
crisis, el gobierno autorizo a que, el entonces príncipe, recibiera un céntimo
por cada barril de crudo que entraba en el país. Este acuerdo comisionista lo
respetaron Adolfo Suárez y Felipe González. Ignoro quien acabó con tal
práctica, ¿Fue José María Aznar? Aquello permitió que don Juan Carlos
adquiriera una pequeña fortuna, incrementada, posteriormente, por otros,
digamos, negocios” (Los dineros del Rey y la herencia de su padre).
Gracias a
ese silencio y a que el artículo 56 de la Constitución declara que su persona
“es inviolable y no está sujeta a responsabilidad” (lo que significa que no se
puede actuar contra él ni siquiera si comete un delito flagrante en su ámbito
privado) se ha podido tejer la leyenda de la ejemplaridad, bonhomía y
patriotismo de don Juan Carlos de Borbón. Una leyenda que solo su propio
comportamiento y el de sus familiares está a punto de echar por alto en los
últimos tiempos.
No me
importa nada lo que haga en su vida privada el Jefe del Estado, aunque me
resulte bochornoso que luego aparezca como ciudadano ejemplar en misas y demás
actos religiosos de la mano de una jerarquía eclesiástica que se presenta como
máxima expresión de la rectitud moral, y no voy a entrar en ello. Como tampoco
deseo referirme ahora a sus negocios por muy vergonzoso y poco patriótico que
me parezca cobrar comisiones por trabajar para el Estado al que se representa y
se sirve. Solo quisiera comentar una de las fantasía que más se ha tratado de
extender durante todo el reinado de don Juan Carlos de Borbón porque me parece
la reina de todas las que rodean su figura: que es el rey de todos los
españoles .
Ni por su
comportamiento, ni por sus declaraciones, ni por sus aficiones, ni por sus
muestras de solidaridad, ni por su actitud ante los problemas sociales que
padecen los españoles, puede decirse que sea así.
A diferencia
de lo que sucede en otras monarquías, en la española no es el gobierno de turno
quien escribe los discursos del rey y, por tanto, quien fija su posición ante
los problemas de la nación. Don Juan Carlos tiene, pues, autonomía para
definirla, y aunque es lógico que no la ejerza plenamente sino que trate de
guardar cierta sintonía con la política del gobierno, lo cierto es que, a
diferencia de otros monarcas, tiene opinión. Como también tiene -por muy
negociada que pueda ser en hechos concretos- agenda y actividades propias. Lo que
quiere decir que lo que hace o diga no se puede imputar a que sea uno u otro el
partido que gobierna.
Los
testimonios y posiciones del rey ante la sociedad española son en su mayor
parte la expresión de sus ideas y sus simpatías y preferencias y es precisamente
por eso por lo que me parece totalmente infundado afirmar que es el rey de
todos los españoles.
Mientras que
sus manifestaciones de apoyo explícito a los empresarios y banqueros son
continuos, no se dan, por el contrario, las que pudieran reforzar a los
sindicatos o a las organizaciones de cualquier tipo que defienden a los
trabajadores, por ejemplo.
Aunque no
seamos mayoría, somos muchos los españoles que condenamos las políticas
gubernamentales, que hemos mostrado sus efectos negativos sobre las condiciones
de vida de muchos conciudadanos y los que hacemos valoraciones críticas de lo
que ocurre en España, por cierto, con un amor a nuestro país y a nuestros
conciudadanos que no tiene por qué ser menor que el del monarca o el de quienes
defienden posiciones contrarias. Pero nunca he oído una palabra de simpatía del
rey Juan Carlos hacia quienes defendemos análisis o postulados económicos o
políticos que sea contrarios al poder dominante.
¿Y cómo se
puede decir que se es el rey de todos los españoles si solo se suscriben los
principios o ideas de unos cuantos que además, qué casualidad, siempre son los
de arriba, y nunca los de aquellos que se oponen a lo que dicen los más
poderosos? ¿Solo estos son los españoles para el rey Juan Carlos?
Incluso la
empatía del rey, sus amigos, aquellos a quienes hace nobles y a quienes
consulta, su forma de vida, basta ver sus aficiones y acompañantes habituales,
son los propios de ese puñado de familias que controla el poder financiero,
económico, mediático y político en España desde hace decenios, por mucho que
entre ellos se cuele algún que otro socialista o incluso comunista de postín,
a quienes invita “a Palacio” de vez en cuando.
Si el rey lo
es de los banqueros y de los grandes empresarios y si dice que es el rey de
todos ¿por qué no lo es también de los españoles que van a las asambleas del
15M o de los que pierden sus viviendas? Y si el rey se moviliza como el primero
para que los financieros y grandes empresarios tengan éxito en sus negocios,
¿por qué no lo hace también cuando se producen desahucios injustos? ¿y por qué
no se pone tan claramente al lado de los españoles que han sido estafados y han
perdido sus patrimonio y ahorros de toda su vida como lo hace con los banqueros
a quien siempre defiende? Si don Juan Carlos dice que es el rey de todos los
españoles ¿por qué son solo unos y no todos los que merecen estar siempre bajo
su paraguas protector?
Si hay
millones de españoles que combaten las reformas laborales, educativas o
sanitarias que les quitan sus derechos y don Juan Carlos dice que también es el
rey de todos ellos ¿por qué no se le oye nunca criticarlas tan claramente como
esos otros españoles? ¿Por qué, si dice que es el rey de todos, presta tan
discriminadamente su voz para defender a unos u otros? ¿Por qué nunca se le ve
al lado de las voces críticas y acompañado de quienes disienten, sino solo con
los que forman el eco del establishment? Si son también muchos millones los
españoles que piden decencia y que se investigue y condene a los culpables de
la crisis ¿por qué el rey Juan Carlos solo se pone al lado de quienes la han
causado o de quienes los ocultan y no se suma a las voces y reivindicaciones de
quienes piden transparencia y justicia?
Si de verdad
lo fuese de todos los españoles no estaría siempre en el mismo lado, siempre
con los de arriba, sino que en estos tiempos tan duros difundiría otro discurso
y levantaría a cada minuto su voz para defender a los que sufren en lugar de
acompañar y amparar siempre a los que provocan su dolor.
Don Juan Carlos
de Borbón es el rey de todos los españoles que están arriba, no el de los de
abajo.

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