Una conversación con los líderes chinos en
vísperas del Plenario anual que se celebra en Pekín señala claves sobre las
reformas que pueden adoptarse y el liderazgo internacional que la gran potencia
quiere jugar
ENRIQUE FLORES
En Pekín se
especula estos días sobre si el presidente Xi Jinping va a seguir una línea
dura como Yuri Andrópov, el exjefe del KGB que antecedió a Mijaíl Gorbachov, o
si está señalando a la izquierda para girar a la derecha,es
decir, endureciéndose ahora para ser más liberal después, porque “solo un líder
fuerte puede hacer reformas”.
¿O quizá
acabaremos viendo algo completamente distinto, la implantación firme, pero
lenta y gradual, de reformas de compromiso durante la próxima década?
El nombre de
Andrópov surge porque, para reforzar el poder del partido, el Gobierno ha
tratado de reprimir Weibo, la web en la que 600 millones de internautas exponen
en microblogs sus quejas sobre las expropiaciones ilegales de tierras, la
contaminación ambiental o la leche estropeada. Las nuevas reglas castigan a
cualquiera que reenvíe “informaciones falsas” a más de 500 personas. También ha
habido medidas represivas contra los llamados “grandes blogueros”, con millones
de seguidores, a pesar de que se limitan a repetir los llamamientos oficiales a
luchar contra la corrupción y defender la Constitución. En su día, Andrópov
intentó acabar con la corrupción y la afición de la nomenclatura al vodka
reforzando la disciplina de partido y reprimiendo la libertad de expresión.
Lo de señalar
a la izquierda para girar a la derecha se refiere a que el presidente Xi
afirmó en diciembre su propósito de “cumplir la Constitución”, que garantiza la
libertad de expresión y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.
Estos días
he intentado discernir cuál de las hipótesis mencionadas se acerca más a la
verdad, durante una serie de reuniones con los máximos dirigentes chinos,
incluidos el presidente Xi y el primer ministro, Li Keqiang, que recibieron, en
vísperas del esperado Tercer Plenario, a los treinta y pico miembros del
Consejo del Siglo XXI del Instituto Berggruen.
El grupo
habló también con generales del Ejército Popular de Liberación, altos
funcionarios que han elaborado las propuestas de reformas para el Plenario, y
gobernadores y secretarios locales de Zhejiang, Guangdong y Yunan.
En las
conversaciones sobresalieron dos temas: que las reformas que se van a anunciar
en el Plenario serán “de gran alcance” y que China está dispuesta a asumir un
liderazgo más activo en la comunidad internacional.
Los líderes
chinos nos presentaron su visión general del sueño chino y dijeron que
el país se encuentra en una nueva fase, en “la parte profunda” de las reformas
y la apertura de Deng Xiaoping.
Nuestro
interlocutor era Zheng Bijian, también miembro del Consejo del Siglo XXI y uno
de los autores del famoso informe de la gira meridional de Deng del que
surgieron esas grandes reformas que, según Deng, se prolongarán 100 años. Su
presencia era un vínculo importante con dicho legado.
Los líderes
subrayaron que las reformas “para el pueblo” que estudiará el Plenario son
“reformas económicas, políticas, sociales y ecológicas de gran alcance”. El
presidente destacó que todos los problemas de China están relacionados y no
pueden abordarse de forma individual.
Expresaron
además su confianza en que China podrá lograr el objetivo de duplicar su renta per
capita entre 2010 y 2020, con un crecimiento previsto de al menos un 7%
anual, gracias, dijeron, a las reformas estructurales orientadas hacia el
mercado que se presentarán y a lo que han aumentado la urbanización y el
consumo interno.
Destacaron
también que, si bien las reformas y la apertura han sacado ya a 600 millones de
personas de la pobreza en los últimos 30 años, están decididos a lograrlo con
los 100 millones restantes en las próximas décadas.
Según ellos,
el sueño chino y la transición de la clase media solo podrán ser
realidad si se mantiene la apertura y el diálogo con el mundo interdependiente
actual. China, dijeron, no va a cerrar nunca sus puertas.
Para que el
mundo pueda asegurar la interdependencia en la que se apoya la prosperidad
mundial, China está “dispuesta” a ser “más activa” —dice el presidente— en los
asuntos mundiales y a colaborar con el G20 y otros para establecer las nuevas
reglas del juego.
La tendencia
actual es evitar conflictos que perjudiquen el desarrollo y construir, en
palabras de Zheng, “comunidades de interés basadas en una mayor convergencia”
en campos como el libre comercio, la estabilidad financiera y la lucha contra
el cambio climático.
Lo que hay
que saber es, claro está, qué significa una reforma “de gran alcance”.
Después de
hablar con varios de los autores del informe para el Plenario, he aquí algunos
cambios posibles:
—En general,
“más mercado y regulación y menos intervención oficial en las decisiones
económicas” y, por tanto, menos corrupción y más eficacia.
—Pese a las advertencias
contra “ideas occidentales” como la “independencia judicial” y el “Estado de
derecho”, se prevé la creación de tribunales regionales de apelación, con
jueces más independientes de las autoridades locales.
—Para acabar
con la corrupción sistémica, se apartarán las decisiones sobre desarrollos
urbanísticos de las autoridades locales y los ingresos de esos contratos se
sustituirán por un impuesto sobre bienes inmuebles.
—Algunos de
los redactores de la reforma han propuesto conceder “representación” a las
ciudades para reforzar el peso político de los hogares frente a la parte
industrial y empresarial de la renta nacional.
—Se
reformará el sistema del hukou, que hace que los inmigrantes en las ciudades no
puedan beneficiarse de la educación ni los servicios locales porque no son
residentes oficiales.
Este último
aspecto es el mejor ejemplo de que los problemas de China están
interrelacionados y hay que abordarlos de manera global. Una “reforma total”
del hukou abrumaría a las ciudades sin los ingresos suficientes para ofrecer
servicios públicos a los nuevos residentes, y empeoraría el problema. Por eso
la reforma fiscal y la autonomía fiscal local están ligadas a los derechos de
los inmigrantes.
—Se exigirán
informes de impacto ambiental en todos los proyectos urbanísticos, y en la
evaluación del rendimiento de los funcionarios será más importante si
contribuyen a la limpieza y la calidad ambiental que a aumentar el PIB.
Veremos si
estas reformas y otras similares superan el obstáculo del Comité Central y los
intereses particulares. Lo que está claro es que el ritmo de gobierno es lento
y prudente, poniendo a prueba ideas audaces en proyectos piloto —como la Zona
de Libre Comercio de Shanghái, que estará totalmente abierta a la economía
mundial— para ver si funcionan antes de generalizarlas.
Las medidas
contra Weibo han causado consternación, porque son muchos los blogueros que se
pasan de la raya y a los que invitan a “tomar una taza de té con una nube de
miedo”. El PCC no quiere sufrir la suerte del Partido Comunista Soviético y por
eso pretende anular la glásnost (transparencia) que permitían los blogs.
Lo
paradójico es que, con eso, las autoridades están provocando lo que querían
evitar. Cuando se alzó el velo que cubría las mentiras del partido soviético,
no quedó nada. Pero China no es muy distinta. En China, el emperador está
vestido, porque el Partido y el Gobierno llevan 30 años trabajando para la
sociedad.
Una glásnost
china podría ser positiva para el Partido, si permitiera que la gente exprese
libremente sus preocupaciones y que se haga algo para resolverlas. La censura
no refuerza la autoridad del Gobierno, sino que debilita su relato.
Ante las
especulaciones sobre el rumbo que van a seguir el presidente Xi y sus
camaradas, la respuesta es, seguramente, un poco de todo. Como nos dijo el
presidente, “la montaña parece distinta según el ángulo desde el que se mire.
Cuando se está encima, es difícil ver el conjunto”.
Nathan Gardels es director de Global Viewpoint
Network y coautor con Nicolas Berggruen de Intelligent Governance for the
21st Century: A Middle Way Between West and East
© 2013 Global Viewpoint Network / Tribune Media Services.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
© 2013 Global Viewpoint Network / Tribune Media Services.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
Fuente: www.elpais.com
¿POR QUÉ LA
SOCIALDEMOCRACIA NO SE RECUPERA EN EUROPA?
Vicenç Navarro | Catedrático de Políticas Públicas
de la Universidad Pompeu Fabra
nuevatribuna.es
| 08 Noviembre 2013 - 17:04 h.
Sistema
Digital | Si
analizamos la evolución del comportamiento electoral de las clases populares
(que incluyen las clases trabajadoras y las clases medias de renta media y
baja) en la Unión Europea, podemos ver que los partidos de la socialdemocracia que
gobernaban la mayoría de países de la UE perdieron apoyo electoral entre estas
clases, sufriendo derrotas muy acentuadas que alcanzaron niveles sin
precedentes en su historia. Analizando sus políticas públicas, es fácil ver por
qué fueron prácticamente expulsados del gobierno. Todos ellos aplicaron
políticas públicas de claro corte neoliberal que afectaron muy negativamente el
bienestar de sus bases electorales, es decir, de aquellas clases populares.
Tales políticas incluyeron reformas laborales que tenían como objetivo reducir
el poder del mundo del trabajo, disminuyendo los salarios y los niveles de
protección social, incluyendo la disminución de las transferencias y de los
servicios públicos del Estado del Bienestar.
Frente a
esta realidad, la pregunta que debe hacerse es, ¿por qué estos partidos
llevaron a cabo esas políticas? Y la respuesta es también bastante fácil de
ver. Los dirigentes de estos partidos, influenciados por sus equipos
económicos, aceptaron completamente el paradigma neoliberal que dominaba
las instituciones europeas (y muy en particular la Comisión Europea, el Consejo
Europeo y el Banco Central Europeo), así como los establishments financieros,
económicos y mediáticos de mayor peso en la Unión Europea. Dichas medidas se
consideraban necesarias para conseguir la recuperación económica de Europa, a
base de aumentar la competitividad de sus economías y así incrementar sus
exportaciones, que serían las que sacarían a Europa de su recesión. Y mostraban
como ejemplo a seguir la recuperación de Alemania, resultado de las políticas
públicas desarrolladas por el gobierno Schröder en su famosa Agenda 2010, que
contenía toda una serie de medidas en la línea citada al principio de este
artículo. Así, durante el periodo 2002-2005 este gobierno redujo la protección
social (con disminución del seguro de desempleo y del seguro sanitario), redujo
los salarios (impidiendo que subieran en la misma medida que subía la
productividad), añadió mayor flexibilidad en el mercado laboral con mayor
facilidad de despido, redujo las pensiones, y dio todo tipo de facilidades a
las empresas dedicadas a la exportación. Como resultado de estas políticas, el
desempleo, que había alcanzado el 11,3% en 2005 de la población activa, bajó, y
las exportaciones subieron de manera tal que la balanza comercial pasó de estar
en un déficit del 1,7% del PIB a un superávit del 7,4% del PIB. Y estas son las
cifras que supuestamente avalan el triunfo de las políticas de la
socialdemocracia gobernante (y del partido Los Verdes, con el cual el SPD
gobernaba).
Los costes
de las reformas “modernizadoras” de la socialdemocracia
Pero lo que
no se dice cuando se presenta este supuesto éxito es 1) que tal éxito se creó a
base de un gran sacrificio de la fuerza laboral. Los salarios permanecieron
estancados, muy por debajo de lo que se merecían por el crecimiento de la
productividad; 2) que aparecieron, en un tercio del mercado de trabajo,
salarios bajos y con condiciones de gran precariedad; 3) que optimizó las
exportaciones, que hoy representan nada menos que el 52% del PIB, a costa de la
demanda doméstica, con una reducción de dicha demanda causada por un descenso
de la capacidad adquisitiva de la población trabajadora que creó también, como
consecuencia; 4) una reducción de las importaciones de los países de la
Eurozona y un parón del estímulo y crecimiento económico en los otros países de
la Eurozona, y muy en particular en los países periféricos como Grecia,
Portugal, España e Irlanda; 5) que fueron forzados a reducir sus propios
salarios para poder competir con Alemania. Se inició así una tendencia a la
baja salarial en Europa a fin de aumentar la competitividad, causa del
estancamiento económico en esos países periféricos y de toda Europa. La
evidencia que avala cada uno de estos puntos es enorme (ver las páginas
económicas de mi blog www.vnavarro.org). Estas medidas explican la rotura del
Partido Socialdemócrata alemán, el SPD, con la escisión liderada por Oskar
Lafontaine, que había sido Ministro de Economía y Finanzas, y que contribuyó a
crear un nuevo partido, el partido La Izquierda, Die Linke, resultado de la
escisión del SPD y unión con el Partido Comunista del Este de Europa. Este
partido consiguió el 10,9% del voto emitido en 2009, la primera vez que se
presentó a las elecciones. Las propuestas de este partido eran potenciar la
demanda doméstica a base de subir los salarios acorde al crecimiento de la
productividad, y aumentar la protección social y el bienestar, medidas que, por
cierto, ha aconsejado nada menos que el Ministerio de Finanzas del gobierno
federal de EEUU (the Secretary of the Treasury) para Alemania, como medida de
reactivación de la economía alemana, lo cual favorecería también a la economía
de los países periféricos de Europa y del mundo.
La
continuidad de las políticas neoliberales en el seno de la socialdemocracia
Tras ser
expulsado del gobierno, al perder las elecciones con uno de los mayores
descalabros en su historia, el SPD se alió con el gobierno de la Unión
Demócrata Cristiana (CDU) de la Sra. Merkel, que básicamente continuó sus
políticas. El equipo económico del gobierno de coalición
socialdemócrata-democratacristiano fue prácticamente el mismo equipo económico
responsable de la puesta en marcha de la Agenda 2010. Las clases populares
nunca olvidaron esto. Las clases populares redujeron en picado el apoyo al SPD,
y este partido perdió casi la mitad de sus militantes.El equipo económico del
SPD nunca reconoció su error. Todo lo contrario, continúa aferrado a las
políticas neoliberales, aun cuando ha introducido elementos como el
establecimiento de un salario mínimo que intenta corregir algo del deterioro
tan marcado del mercado laboral. En cuanto a Europa, parecía que había una
nueva orientación, aceptando el establecimiento de eurobonos, pero han
renunciado a ello. En realidad, durante las últimas elecciones parecían surgir
cambios. El candidato presidencial del SPD criticó a Merkel por enfatizar
demasiado las políticas de austeridad, proponiendo un aumento de la demanda
doméstica alemana, e incluso citó en una ocasión la necesidad de un plan
Marshall para la Unión Europea. Pero estas demandas chocan con su defensa de la
Agenda 2010, que supuso lo contrario. No es infrecuente que los partidos
socialdemócratas, como todos los partidos, hagan promesas electorales que
luego, en caso de ganar, no cumplen. Pero la realidad es que muchas de las
observaciones que el candidato presidencial del SPD hizo durante la campaña no
estaban escritas en el programa electoral del SPD.
La agenda
2010 y el resto de Europa, incluyendo España
La gran
influencia de la socialdemocracia alemana en la europea explica que las
reformas Schröder hayan sido percibidas como las necesarias para el resto de
partidos y países. Y todos ellos han intentado de una forma u otra realizar
cambios en los sistemas de protección social y en sus mercados de trabajo que
han debilitado al mundo del trabajo. Y así les ha ido.
Un ejemplo
claro de ello es lo ocurrido en España. La respuesta económica del gobierno del
PSOE a la crisis, liderado por su equipo económico (dirigido por Pedro Solbes,
que había sido el guardián de la ortodoxia neoliberal cuando era Comisario de
Asuntos Económicos en la Comisión Europea, y por Elena Salgado, próxima a
Solbes en su orientación económica), fue de libro de texto neoliberal. Esta
orientación alcanzó su máximo desarrollo en la modificación de la Constitución
española, incluyendo la exigencia de llevar a cabo la práctica eliminación del
déficit público en las arcas del Estado, respondiendo a las demandas realizadas
por el gobierno alemán y por el Banco Central Europeo. Dicha exigencia
–conocida como Pacto Fiscal- significará la imposibilidad de corregir el enorme
retraso en gasto público social que España continúa teniendo, siendo uno de los
países que tiene menor gasto público social por habitante en la Unión Europea
de los Quinze, UE-15, el grupo de países de parecido nivel de desarrollo
económico al español.
Un tanto
semejante son las sucesivas reformas laborales, iniciadas por el gobierno del
PSOE, que –dígase lo que se diga- tenían como objetivo bajar los salarios, lo
cual se ha conseguido ampliamente. Hoy los salarios en España están entre los
más bajos de la UE-15 y el porcentaje de los contratos fijos dentro de la
fuerza laboral es de los más bajos de la UE-15 negando con ello el dicho
generalizado en el establishment económico-político-mediático del país que
sostiene que el problema del desempleo en España se debe a la supuesta rigidez
del mercado laboral, y a las tesis “insiders-outsiders” que economistas
próximos al gobierno Zapatero estuvieron promoviendo, gozando de grandes cajas
de resonancia. Mientras, el desempleo, que tales reformas deberían haber
ayudado a descender, se disparó para alcanzar niveles sin precedentes.
No es de
extrañar que las clases populares abandonaran su apoyo electoral al PSOE,
causando su derrota que merece definirse como un desastre. Lo que es extraño y
sorprendente es la ausencia de autocrítica de la dirección del PSOE hacia esas
políticas llevadas a cabo por el gobierno Zapatero. En los documentos
preparados por la dirección del PSOE para la conferencia, se indica que el
mayor problema del gobierno Zapatero fue el de comunicación, dando a entender
que el fracaso de tal gobierno es que no se explicó bien.
Tal
explicación subestima la inteligencia del electorado español. Sus bases
electorales leyeron e interpretaron muy bien lo que el gobierno del PSOE estaba
haciendo, pues sufrieron en carne propia las consecuencias de esas políticas.
Hoy, por primera vez en la época democrática, las rentas del capital han
alcanzado un porcentaje de la renta nacional mayor que el que representan las
rentas del trabajo. Y el gobierno del PSOE contribuyó a ello.
Lo que ya
rebasa la capacidad de sorprenderme es que todavía hay hoy en los círculos
económicos próximos al PSOE, economistas que crean que el problema es que el
gobierno PSOE no fuera incluso más “reformista”, profundizando todavía más en
las líneas definidas en la Agenda 2010 del gobierno Schröder. El neoliberalismo
es definitivamente una ideología basada en fe, completamente impermeable a los
datos. Lo que es más que preocupante es que esta fe, ampliamente extendida en
Fedea y otros círculos próximos al mundo empresarial, continúe todavía
persistiendo en la socialdemocracia europea, incluyendo la española.
Lo que
debería hacerse es relativamente fácil de ver. Pero ello sugiere un cambio de
casi 180º de las políticas actuales, admitiendo que el problema económico mayor
(además de humano y social) en España es el desempleo, el bajo empleo, y la
disminución salarial, todo ello causa de que las rentas del trabajo hayan
bajado tan espectacularmente, responsable del enorme problema de falta de
demanda doméstica, que debería ser la que fuera el motor de la economía en
lugar de las exportaciones. Esto requiere un intervencionismo estatal mucho más
intenso, no a favor de la banca –como hicieron los gobiernos del PSOE y está
ahora haciendo el gobierno del PP- sino a favor de las familias y pequeñas y
medianas empresas, intervencionismo que debería incluir la nacionalización de
amplios sectores de la banca (con los fondos utilizados para los rescates).
Estas medidas deberían ir acompañadas de medidas redistributivas muy marcadas,
estableciendo no solo salarios mínimos sino salarios máximos, con control de
los beneficios escandalosamente aberrantes en la banca y en las grandes
empresas que facturan más de 150 millones de euros al año (y que representan
solo el 0,12% de todas las empresas).
Todo ello no
ocurrirá a no ser que haya una movilización popular que presione para estos cambios,
canalizando el enorme enfado popular hacia las instituciones representativas y
el sistema judicial, ambos intrínsecamente ligados a los lobbies financieros y
económicos que controlan el Estado español. De ahí la urgencia de que se
facilite la participación de la población, no solo a través de la vía
representativa sino también a través de referéndums vinculantes a nivel
central, autonómico y local. Es una lástima que los documentos del PSOE no
hagan referencia a esta urgente necesidad.
Fuente: http://www.nuevatribuna.es/

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