Alberto Requena | Presidente del Partido Socialista
en la Región de Murcia
nuevatribuna.es
| 11 Noviembre 2013 - 17:13 h.
Las noticias
se superponen estos días. Por un lado las maquinarías del partido gubernamental
se afanan en instalar la idea de que “España va bien”, que introdujera el
ínclito anterior jefe de filas del PP. La última fase de la escenificación, la
percibimos en la rueda de prensa mantenida tras la reunión semanal ordinaria
del ejecutivo actual. De Guindos anuncia a bombo y platillo que Bruselas retira
la ayuda-rescate a la Banca. ¡Tan bien van las cosas, que retiran la mano!
Pero, ¿cobrarán el servicio prestado? o dado el gozo que ello supone, ¿nos
regalarán la “pasta” y se conformaran con relamerse de lo bien que se ha
hecho esta intervención? De alegrarnos, tiene que ser la segunda opción la
buena. Casi que debemos ir pensando en solicitar que se repita de nuevo la
jugada. ¡”Esto mola”! Por otro lado, se difunde que la Generalitat Valenciana,
tras sesudos y prolijos análisis de situación, colige que hay que cerrar ese
foco de propaganda que ha sido “emporio de libertad”, “buen hacer e impecable
foco emisor de la información más veraz y auténtico espejo de la libertad de
expresión”. Todo un alarde de decisiones prontas, rápidas, implacables, tomadas
en los momentos más oportunos. A buen seguro que habrán reparado en la contradicción
de facto que supone superponer en el tiempo ambas noticias. Si vamos viento en
popa, ¿cómo se puede precisar de la segunda medida, cerrar el Canal Nou, cuando
el horizonte promete un futuro incipiente pero inmediato donde toda la economía
volverá a ser boyante, (primera noticia)?
Ni una
noticia es reconfortante, si se vive en este país y se tiene el pulso de la
situación: un entorno con cerca de seis millones de parados y con una
perspectiva dramática, ni la segunda noticia alivia, por lo tardía y por los
vericuetos que pueden activarse en estos momentos, con lo que habrá que esperar
hasta que todo haya pasado. De momento, la única faceta inevitable, que
articula la medida es la desgraciada incidencia en los 1695 trabajadores que
constituyen su plantilla (1175 son los de Telemadrid y está que le toca, de un
momento a otro), algunos de los cuáles, pueden haber alcanzado el puesto, por
itinerarios no sujetos al capricho o dádiva interesada del gobernante y ahora
se ven en este trance que los centrifuga, sin aparente razón para ello.
En España,
hay censadas en torno a 1100 emisoras de televisión. Solo Italia comparte
liderazgo en Europa. España aventaja a todos los países en número de emisoras
de carácter público. Solo España gana por abrumadora mayoría, si nos referimos
a las emisoras de televisión con intervención pública, es decir, dineros de los
ciudadanos y decisión de sus gobernantes. Esta, concretamente, a la que ahora
nos referimos, nació en 1989, un 9 de octubre. Se ha comportado y conducido como
una auténtica maquinaria de propaganda, escandalosamente sectaria y excluyente.
No ha sido, en ningún momento, una referencia informativa. Manipulación,
sectarismo, omisión de datos y noticias. Todo un “dechado de virtudes” que la
ha situado en cabecera de los disparates nacionales. Desgraciadamente, su
contribución cultural a la Región, informativa a sus ciudadanos y
centrifugadora de sosiego en el ámbito del entretenimiento, no ha sido capaz de
obtener calificaciones mínimamente aceptables. Desgraciadamente, también, la
referencia que se emplea para justificar la medida, es la económica. Se dice
que es la crisis la que acaba con Canal Nou. Si fuera así, ¿cómo se explica la
dilación en la toma de la medida? El galimatías es tan notable que la subida de
impuestos, con la que la Generalitat Valenciana respondía al momento de crisis,
para recaudar más, resulta que un 63% de esa subida, equivale al gasto de la
televisión valenciana. Una vez pasado por el tamiz del parlamento valenciano,
quedó en que el presupuesto de la televisión equivalía a un 41,5% de la subida
de impuestos. Si agregamos el año 2012 y el 2011, y el 2010, alcanzamos la
cifra de más de 500 millones de euros que, al tomar la decisión tardía, han
seguido empleándose en la infernal maquinaria política partidista del PP en la
Región valenciana. Bueno, pues además de eso, la deuda de la citada televisión
supera los 1300 millones de euros, ¡ahí es nada!
No, no se
puede aplaudir una masacre de esta naturaleza. Cuando algunos políticos,
encabezados por Rajoy y Montoro, formulan enunciados, como esos mantras de “lo
que no se puede, no se puede” o “no se puede pagar, si no tenemos suficiente”,
con los que pretenden anestesiar a los ciudadanos y que las medidas arbitrarias
que van a tomar, pasen sin dolor, omiten el tremendo abuso que van a cometer a
continuación, por ejemplo manteniendo el presupuesto de la Televisión
valenciana más allá del 2008 en que comenzó la crisis. ¿Cómo explica ahora
Fabra, el copago que articulaba el uno de julio de 2012, con la noticia en la
Comunidad Valenciana siguiente: “Para aquéllos que ingresen menos de 18.000
euros al año, seguirán pagando el 40 por ciento del coste total del
medicamento, lo mismo que hasta ahora. Con unos ingresos de entre 18.000 y
100.000 euros al año pasarán a pagar la mitad del medicamento y cuando la renta
sea igual o superior a los 100.000 euros el trabajador en activo aportará el 60
por ciento” Pero la Televisión que ahora se cierra consumía en torno a los 150
millones de euros, ¿cómo se compadece esto?
Todavía más
es la duda de cuál va a ser el futuro de la maquinaria de propaganda del PP,
hoy en la Región Valenciana, y mañana, quizás, en la de Madrid. Es posible que
esto no acabe aquí. Aparecerán algunos, a título de empresarios, que ofrecerán
soluciones, de esas que dicen que el ciudadano no va a pagar ni un euro, aunque
siempre termina pagando los vidrios rotos. ¿Se va a conformar el PP valenciano,
sin más, a permanecer sin maquinaria de propaganda? Tan dudoso es esto como que
hayan esperado hasta ahora para tomar la medida. No es creíble que el PP en la
Comunidad Valenciana se limite a no manipular, ni trasgredir, ni violentar las
buenas costumbres en materia informativa. Nunca lo ha hecho y ni siquiera sabe
hacerlo. No hay la más mínima señal de que vaya a asistir a un proceso de
desintoxicación.
No estaría
nada mal, que el último servicio de los trabajadores del Canal Nou, los que se
precien, sea antes de abandonar o después, da lo mismo, cuenten lo que han
visto y oído. Servirá para que, en lo posible, no se deje a nadie, otra vez,
cometer el atropello que ha sido, durante demasiado tiempo, la orgia de
recursos y disparates cometidos en la televisión valenciana. Los ciudadanos lo
agradecerán. Conocer lo que ha pasado, con la certeza de que quien lo cuenta
participó, viendo o interviniendo, es un documento informativo de primerísima
página y de altísimo valor. Digno de unos profesionales de la información. Los
que tengan fuerza para ello enjugarán una deuda con el pueblo que les ha
mantenido en sus puestos y que, ahora, tendrá que asimilar en otros menesteres
que tendrán que ser, por fin, apropiados para un pueblo civilizado, educado y
correcto.

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