'Radiografía del empresariado español'
El libro de Miguel Ángel Noceda pretende
aportar una visión sobre la empresa española, cómo se ha comportado en la
crisis, dónde reside el poder económico y cuál es la respuesta política
Zapatero, en un acto con empresarios
en Madrid, en 2007. / Gorka Lejarcegi
Capítulo 1. El gran patrón, en prisión
“Ahora estoy
un poco mejor, en la celda de antes sí que estaba mal”. Mientras esperan el
ascensor en la séptima planta de los Juzgados de Primera Instancia de la plaza
de Castilla en Madrid, Gerardo Díaz Ferrán se dirige a los dos guardias civiles
que le custodian. Los agentes se limitan a asentir con la cabeza, pero sin
mediar palabra. “Yo siempre he admirado a la Guardia Civil, hice mucho por el
Cuerpo. Me dieron la cruz de plata en Valdemoro el mismo día que a Garzón”,
continúa el detenido, que va vestido con una parka verde cuyas mangas no llegan
a cubrirle las esposas. El que fuera presidente de la patronal acaba de salir
de una audiencia con el juez Elpidio José Silva. Está mucho más delgado y tiene
la mirada embebida en sus circunstancias, aunque mantiene un tenue color de
caramelo que recuerda sus días de gloria y esplendor.
Era el 14 de
marzo de 2013, y Díaz Ferrán se encontraba en prisión desde el 3 de diciembre
de 2012, cuando la Brigada de Blanqueo del Cuerpo Nacional de Policía le detuvo
en su domicilio de Madrid, en el marco de una operación denominada Crucero, por
orden del juez de la Audiencia Nacional Eloy Velasco. La policía, que encontró
150.000 euros y un kilo de oro en el registro de la casa, también arrestó
dentro de la misma operación a otras ocho personas, entre ellas Ángel de Cabo,
el supuesto comprador del grupo empresarial de Díaz Ferrán y su socio Gonzalo
Pascual, que había fallecido en junio de ese mismo año. Dos días después, el
juez ordenó la prisión de Díaz Ferrán, eludible con una fianza de 30 millones
de euros, tras encontrarle culpable del vaciamiento patrimonial del grupo para
evitar el pago a sus acreedores. El hombre que había dirigido los destinos de
las empresas españolas entre junio de 2007 y diciembre de 2010 como presidente
de la CEOE era acusado de los delitos de alzamiento de bienes, blanqueo de
capitales e insolvencia punible.
El inefable
empresario había diseñado “una estrategia para alzarse con los bienes del grupo
aparentando insolvencia patrimonial” junto a Gonzalo Pascual, su socio desde
que eran jóvenes universitarios. Según el juez, la pareja había vendido el
grupo en junio de 2010 a Ángel de Cabo, un testaferro conocido como el
Liquidador, que había participado, asimismo, en el traspaso de Nueva Rumasa y que
también fue condenado con una fianza todavía mayor (50 millones, la mayor de la
historia en España) para que les ayudara a ocultar bienes y evadir capitales
hacia paraísos fiscales y evitar así pagar a sus más de 11.000 acreedores
(entre ellos, Hacienda y la Seguridad Social), a los que debían una cifra
superior a los 400 millones de euros. La aparente insolvencia evitaba pagar a
sus acreedores y trabajadores. A cambio, el Liquidador se comprometía a
entregar 100.000 euros mensuales a los dos empresarios hasta sumar ocho
millones.
Unos meses
después, en junio de 2013, un juzgado de Madrid le encontró culpable, también
junto a los citados socios, de la quiebra del grupo y ratificaba la condena. La
sentencia consideraba que los condenados habían amañado las cuentas para
esconder su situación real de insolvencia, de vaciar las arcas y retrasar
deliberadamente la presentación del concurso de acreedores, agravando la
situación.
Para remate,
el 19 de septiembre de 2013, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal
(UDEF) presentó un informe al juez Velasco en el que se desvelaba que el
insolvente Díaz Ferrán había acumulado un patrimonio valorado en 88 millones de
euros, que estaba registrado a nombre de varias sociedades interpuestas, y un
listado de bienes. El listado de bienes incluye la finca El Alamín, junto al
río Alberche, en Toledo, que adquirió hace 13 años al marqués de Comillas y que
fuera cuartel de mando del moro Almanzor en tiempos de la Reconquista. La
propiedad, de 1.800 hectáreas y valorada en 40 millones, cuenta con un castillo
calificado por la Junta de Castilla-La Mancha como bien de interés histórico.
Además, aparecen pisos y apartamentos en Madrid, Marbella, Calvià, Menorca y Nueva
York (dos apartamentos en el hotel Plaza), así como locales comerciales en el
barrio madrileño de Salamanca, solares, gasolineras, garajes y coches de lujo.
Capítulo 6. Las élites empresariales
Cuando UCD
tomó el poder se dio cuenta de que nunca sería el partido de la burguesía
empresarial, ni contaría con un grupo organizado de empresarios. Es posible
que, por eso, las relaciones de Adolfo Suárez y Fuentes Quintana fueran tan
difíciles con los dirigentes empresariales, entre otras cosas porque los políticos
se temían que muchos de ellos querían hacer carrera política.
Con el PSOE
las cosas no iban a ser distintas, pero en este caso se suponía. Sin embargo,
las relaciones con los socialistas fueron cordiales y más fluidas de lo que los
propios empresarios pudieron pensar. La política económica de los socialistas
fue un alivio para las clases empresariales, que no tuvieron que echarse al
monte. Hicieron la reconversión industrial e iniciaron la remodelación de la
vieja estructura empresarial pública, que dio lugar a las posteriores
privatizaciones, que los socialistas no completaron.
Cuando llegó
el PP, lo primero que quiso hacer Rodrigo Rato, como vicepresidente económico,
fue crear una camada de empresarios de cámara y, al contrario de lo que había
hecho el PSOE, importó poco que los presidentes que nombraba supieran de la
materia de la que se iban a encargar los próximos años. En ese proceso fueron
nombrados amigos de Aznar y de Rato, como Juan Villalonga en Telefónica, Miguel
Blesa en Caja Madrid o Alfonso Cortina en Repsol, personas del mundo bursátil
recomendadas por Manuel Pizarro, Francisco González en Argentaria o César
Alierta en Tabacalera, y del partido, como Rodolfo Martín Villa en Endesa.
(...)
¿Pero quién
manda más, el Gobierno o los bancos y las grandes empresas? Se entiende por
poder económico aquel que crea el capital, es decir, las empresas y los bancos,
y que a través de él se pueden determinar muchas de las decisiones de la
política económica de un país. A lo largo de la historia económica, y no solo
en España, el poder económico ha estado muy ligado al político, hasta el punto
de que en ocasiones se han confundido.
El
crecimiento del poder económico se ha producido de manera inversamente
proporcional al desgaste político. En cualquier caso, han tenido caminos
inseparables, ya sea porque los Gobiernos necesitaban a la aristocracia
económica o, al revés. La empresa siempre se ha unido para defender sus intereses
y, de paso, presionar a los Gobiernos para sacar el máximo partido posible. En
el caso de España, se contempla una estrecha alianza entre el capital,
representado por las empresas, y el Estado, por el Gobierno. La muestra
palpable está en el apoyo que el Consejo Empresarial para la Competitividad
(CEC) ha dado a la política económica del Gobierno para reclamar inversiones en
España.
Ahí se ve el
gran peso del poder, con un grupo de escogidos en el que conviven los poderosos
banqueros con empresas —familiares o de origen familiar— en las que se mezclan
apellidos de rancio abolengo con recién llegados a la elite de la riqueza
empresarial.
Quizá la
relación entre Gobierno y empresa alcanzó su máxima expresión en el mandato de
Rodríguez Zapatero, quien convocó en dos ocasiones un foro de grandes
empresarios en La Moncloa al que invitó a unos 40 presidentes. También
publicitó en el momento que le resultó conveniente sus encuentros con los
presidentes de los grandes bancos cuando todavía no había comenzado la reconversión
que ha sufrido este sector.
Su sucesor, Mariano Rajoy, también
ha recibido en Presidencia al CEC, un escogido grupo de 18 empresas formado a
partir del embrión del Instituto de Empresa Familiar. Estas dos instituciones
mantienen una fuerte actividad y han dejado minimizado a un grupo elitista que
nació al tiempo que la CEOE, también con la democracia, el Círculo de
Empresarios.
Fuente: www.elpais.com


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