El periodista granadino publica 'Testigos
de la memoria', libro que recopila más de una veintena de entrevistas
realizadas a represaliados, guerrilleros, presos o exiliados de la Guerra Civil.
Testimonios en primera persona que hablan de los pasajes más negros de un país
al que le cuesta recordar
PABLO FRAILE
Sevilla 16/04/2014 10:10 Actualizado: 16/04/2014 10:32
Presentación del libro 'Testigos de la memoria'.
"Tuve
más suerte que un quebrao", contaba Virgilio Peña, superviente de la
represión nazi, al periodista Rafael Guerrero en una entrevista hace seis años
en Córdoba. Así describía su estancia en el campo de concentración de
Buchenwald, cercano a la ciudad alemana de Weimar. Lo hacía pese al horror que,
como él, tuvieron que sufrir muchos andaluces que pasaron por allí. Pero
Virgilio, que ahora tiene cien años, sobrevivió y puede contar su historia. En
marzo volvió a Espejo (Córdoba), su pueblo, que le dedicó una calle. Guerrero
recoge su caso en Testigos de la memoria,
un libro que recopila más de una veintena de entrevistas realizadas para el
programa que dirige desde 2006 en Canal Sur Radio, La memoria y editado
en colaboración con la Consejería de Administración Local y Relaciones
Institucionales de la Junta de Andalucía.
La obra
cuenta la historia reciente de España a través de sus protagonistas.
Represaliados, guerrilleros, presos o exiliados. Testimonios en primera persona
que hablan de los pasajes más negros de un país al que le cuesta recordar.
"Gente", explica Guerrero, "a quien el franquismo convirtió en
víctima por el mero hecho de ser demócrata, de su compromiso social y de
resistirse a la barbarie". Testigos de la memoria pretende
homenajear a todas esas voces, silenciadas durante tantos años, cuyo
reconocimiento ha llegado demasiado tarde. Una manera de explicar y humanizar
el relato a través de testimonios orales y construir memoria. Frente al olvido,
sus historias. "Tenemos que poner en conocimiento de nuestra ciudadanía lo
que ha sido nuestra historia", defiende el vicepresidente de la Junta,
Diego Valderas.
"Es una
obra pertinente y oportuna", defendía la investigadora Pura Sánchez, una
de las encargadas de presentar el libro: "Guerrero ha ido al encuentro de
estos testimonios para rescatarlos antes de que desaparezcan". Se trata,
explica, de construir una historia en forma de polifonía, a partir de una suma
de todas las voces: "La memoria democrática del pueblo andaluz, aunque se
denomine en singular, debe sustentarse en las memorias individuales y
colectivas de los vencidos y las vencidas". Una narración, sin embargo,
que se hace complicada. Cada día quedan menos supervivientes que ofrezcan un
relato en primera persona del horror franquista. De los 21 protagonistas que
recoge Guerrero en el libro, 10 ya han fallecido.
En el camino
de recuperación de la historia presente, Andalucía lleva ventaja: "En esto
de la memoria somos la envidia de España", defiende el autor del libro. Y
no solo por la voluntad política, con la nueva ley de Memoria Democrática de la
Junta de Andalucía, sino por la sensibilidad especial de una comunidad con la
que el franquismo se cebó especialmente. "Fue la región española más
masacrada por el franquismo, en términos cualitativos y cuantitativos. Ahí
están las más de 600 fosas comunes y los más de 60.000 asesinatos
políticos", explica Guerrero. Frente a la posición andaluza, la situación
del movimiento memorialista en otras comunidades como la valenciana:
"Están como si vivieran en un desierto, rodeados de un vacío e
incompresión institucional. Con calles plagadas de símbolos franquistas, con
pocas exhumaciones, y las pocas que se hacen es con colectas".
Además de
los relatos en primera persona, Testigos de la memoria cuenta con la
aportación de dos hispanistas. Fueron personas como ellos, explica el
periodista, las que contribuyeron a abrir el camino de la verdad desde el
exterior. Y la historia se repite ahora. Ante la inoperancia de la justicia
española, ha sido una jurista argentina, María Servini, la que ha iniciado una
causa para investigar los crímenes franquistas. "La única esperanza viene
por el extenjero. Es como si desde fuera nos tuvieran que rescatar
democráticamente para superar esa asignatura pendiente tan dura", defiende
Guerrero. Así sucede también con Naciones Unidas, cuyo relator para la
promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no
repetición, Pablo de Greiff, instó al Gobierno de Rajoy a escuchar a las
víctimas y derogar la Ley de Aminstía.
A la causa
memorialista le queda trabajo por delante. ¿Cómo superar la enorme distancia
entre el dolor de las víctimas y la insensibilidad, cuando no el desprecio, de
mucha gente?", se preguntaba ayer Guerrero. Para responder, una frase de
José María Ruiz Vargas: "Solo cuando toda la sociedad española sea capaz
de sentir el dolor ajeno podrá empezar a cerrarse la brecha que sigue
enrareciendo nuestra convivencia". La estrategia a emprender, dice el
autor, es prescisamente esa: hay que hacer un esfuerzo didáctico para revertir
el poso que ha dejado el franquismo en muchos sectores de la sociedad. Legado
que toma en forma de mitos como que la memoria es sinónimo de reabrir heridas o
de revanchismo. "Hay que considerar la memoria histórica como un derecho y
poner en evidencia la sinrazón y el ridículo de quienes desprecian a las
víctimas", sostiene Guerrero.
Fuente: www.publico.es

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