Por el comunista el abril 15, 2014
Un militar en activo denuncia desvíos de dinero y
contratos fraudulentos en las Fuerzas Armadas.
La crisis económica ha sacado a la luz estos últimos años
buena parte de las prebendas, dispendios de difícil justificación, complementos
en los sueldos y prejubilaciones millonarias de las que han disfrutado algunos
políticos, funcionarios, empresarios y dirigentes sindicales de este país.
Ninguna institución se ha salvado del escrutinio público. Sin embargo, poco se
ha sabido de la situación interna en las Fuerzas Armadas.
El teniente Luis Gonzalo Segura de Oro-Pulido (Madrid,
1977) suple esta carencia con su primera novela, Un paso al frente (Tropo
Editores), cuyo título anticipa el presumible castigo al que se va a enfrentar
una vez que los ejemplares estén a la venta, puesto que se trata de la primera
vez que un militar en activo narra las interioridades de una institución que
castiga con el arresto, y en último término con la expulsión, a aquel que osa
disentir en público.
Analista de telecomunicaciones.
Segura pertenece al Ejército de Tierra desde hace 12 años y
en su condición de militar de complemento tiene contrato dentro de las Fuerzas
Armadas hasta 2023, momento en el que, al igual que muchos de sus compañeros
que no forman parte de la escala superior o del Estado Mayor, deberá colgar el
uniforme y reintegrarse a la vida civil, aunque él se ha hecho ya a la idea de
que difícilmente podrá seguir en el Ejército tras la publicación de este libro.
Este teniente en activo trabaja en el acuartelamiento
Capitán Sevillano, de Pozuelo de Alarcón (Madrid), donde se ubica el mando de
Transmisiones de Tierra. Se trata de un órgano dirigido por un general de
división que depende directamente del jefe del Estado Mayor del Ejército de
Tierra (Jeme), debido a que en dichas instalaciones se centraliza todo el
sistema de información y telecomunicaciones del principal cuerpo de las Fuerzas
Armadas. La oficina en la que está destinado Segura analiza las
telecomunicaciones militares, dota de material informático a las unidades, se
encarga de su posterior mantenimiento y, en última instancia, es responsable
del buen funcionamiento de todas las telecomunicaciones que realice el Ejército
en territorio nacional y en las misiones desplegadas en el exterior. Un área,
por tanto, muy sensible.
La primera inmersión literaria de este teniente es
consecuencia de la “frustración” de intentar cambiar desde dentro, sin éxito,
una serie de malas prácticas que ha detectado en Tierra. “Empecé a elevar
partes en 2009 para que se solventasen problemas y pensé que cuando un jefe se
diese cuenta de que se estaba haciendo algo mal, lo solucionaría. Pero me di
cuenta que era muy ingenuo y cándido”, relata.
De los partes internos pasó a las denuncias ante la Justicia
militar, pero ninguna de ellas ha sido admitida a trámite. “Te das cuenta de
que las capas más altas del Ejército lo que quieren hacer es esconder, ocultar
los problemas, al igual que ha hecho durante un tiempo la Iglesia católica con
la pederastia”, explica antes de que su libro salga a la venta, el próximo
21 de abril.
En las Fuerzas Armadas, cuando firmas un papel en el que
planteas problemas, te conviertes en una persona vigilada con la que tus
compañeros evitan cualquier contacto para no dar señales de connivencia. “Pasas
a ser una persona subversiva porque los altos mandos han conseguido
identificarse con la propia institución. De tal manera que cuando tú atacas la
gestión, la corrupción, el abuso de autoridad, los privilegios, al final esos
altos mandos consideran que lo que estás haciendo es atacar a la institución”.
El teniente Segura explica a esta revista cómo detectó el
primer caso de presunta corrupción. “Me encuentro que hay una partida de
60.000 euros anuales destinada a pagar un producto que no existe. ¿Cuánto
tiempo se ha estado pagando? A lo mejor los últimos diez años”. Poco
después se dio cuenta de que en su departamento había contratos de compra que
se fraccionaban, una práctica extendida dentro de la Administración que el
Gobierno de Rajoy intenta atajar con la nueva ley de contratación pública.
“Descubrí que una oferta de compra era por una cantidad y luego la compra
final, fraccionada, salía por 10.000 euros más. ¿Dónde estaba ese dinero, a
dónde había ido a parar?”, se pregunta.
Tampoco obtuvo respuesta de sus superiores cuando unos
meses después se le pidió que hiciese un inventario de todo el material
informático del Ejército de Tierra y descubrió que “había un desfase de
existencias de entre el 25% y el 35%, y que ese problema suponía la pérdida de alrededor
de cinco millones de euros”, explica.
Uno de los capítulos de la novela está dedicado a una sauna
que un general recién llegado a su nuevo acuartelamiento exigió para su
disfrute personal. Cuando ese general -del que no cita su nombre verdadero- cambió
de destino, la sauna quedó en el mismo sitio sin que sus sucesores le hayan
dado uso alguno.
Segura también habla de la existencia de “salas VIP”
dentro de los cuarteles y de clubes militares para oficiales, como el Club
Deportivo de la Dehesa, situado a las afueras de Madrid, “dotado de piscina
climatizada, campo de golf y cursos de equitación para sus miembros, a costa
del erario público”, así como de otros “caprichos” presupuestarios como las
ayudas sociales a los altos mandos para que asistan a cursos de formación en el
extranjero o las subvenciones para el alquiler de apartamentos de verano para
el personal del Ejército de Tierra, dotado con un presupuesto global de 210.000
euros para este año.
“No denuncio casos particulares de corrupción, sino un
problema estructural, muy serio, de las Fuerzas Armadas, que necesitan una gran
regeneración”, añade este militar, que ha llegado a solicitar audiencia
al actual Jeme, el general Jaime Domínguez Buj, y que considera fundamental que
el Ejército acepte una auditoría externa “en toda regla” y que la Justicia
militar “deje de generar impunidad”.
Escribir con pseudónimo.
Cansado de denunciar sin éxito hechos que a su juicio son
delictivos, Segura se planteó hace dos años escribir este libro. En un primer
momento empezó con la idea de elaborar unas memorias, para luego decantarse por
un relato de diferentes hechos en el que estuviese protegido con el anonimato
de un pseudónimo. Finalmente se decidió por esta novela basada en hechos reales
debido a una cuestión moral. “A la espera de las consecuencias que me traiga,
si tengo que decir algo, prefiero decirlo a la cara”, subraya.
Este teniente se arriesga a que le abran un expediente
gubernativo por falta grave y que ello desemboque en su expulsión del Ejército.
Posiblemente tenga que pasar un tiempo por uno de los centros disciplinarios de
la institución, que es como se denominan ahora a las prisiones militares.
“Voy a perder la seguridad económica de seguir en el
Ejército durante los próximos diez años y tener, a partir de los 45 años, una
prejubilación de 1.200 euros netos al mes hasta la jubilación que, además, te
permite trabajar en cualquier otro sitio”, advierte Segura, quien por fortuna
no tiene cargas familiares y a quien sus compañeros del Capitán Sevillano han
empezado a dejar solo en el comedor de la base desde que se supo que había
escrito este libro.
“Subordinado, pero no siervo”.
“Soy una persona subordinada y cumplo las órdenes, pero no
soy un siervo. No he tenido ningún arresto en estos 12 años. Me han presionado
para que me diese de baja psicológica cuando empecé las quejas y mis
calificaciones han ido bajando los últimos años por ello”, se queja.
En su opinión, hay “una casta dominante” dentro del Ejército
que considera que todos los componentes del mismo son “siervos” y que las
Fuerzas Armadas están para servirles a ellos. “La realidad es que los militares
somos subordinados, no siervos, y que las Fuerzas Armadas no están para
servirles a ellos, sino que ellos están para servirlas”, sentencia Segura.
El secretario general de la Asociación Unificada de
Militares Españoles (AUME), Mariano Casado, reconoce que es la primera vez que
un militar en activo cuenta sus vivencias en las Fuerzas Armadas de manera
novelada. “Es un hecho relevante y hay que ponerlo en valor. Su libertad de
expresión le ampara y le defenderemos si es necesario”, avisa de antemano. ¿Y
qué piensa el Ministerio de Defensa? Un portavoz del organismo prefirió no
hacer comentarios por el momento.
tiempodehoy.com

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