La historia de la II
República es la historia de una ruptura con el periodo anterior y de avances
sociales sin precedentes en España
Julián
Vadillo Es
historiador y miembro del colectivo editor de DIAGONAL
17
de abril de 2014
Hace 83 años, tras unas
elecciones municipales que dieron la victoria a las candidaturas republicanas
en la inmensa mayoría de las capitales de provincia, el pueblo español salió a
la calle y proclamó la Segunda República española. Una conquista que sobrepasó
a los propios políticos republicanos que no se esperaban un desenlace tan
rápido de su victoria electoral tan solo 48 horas antes.
El 14 de abril rompía con
un pasado marcado por el caciquismo, el clientelismo y el poder ejercido por la
monarquía Borbón y todos unos adláteres que mantenían vivo el periclitado
sistema de la Restauración. El Ejército y la Iglesia había sido dos de sus
grandes baluartes. Tal fue el caso que cuando la monarquía vio que su statu quo
estuvo en peligro promovió la dictadura en 1923 en la persona de Miguel Primo
de Rivera emulando a la Italia de Víctor Manuel III y Mussolini. Pero como dice
el historiador Juan Pablo Calero “la Restauración optó en 1923 por una
monarquía sin democracia y cuando el pueblo pudo elegir optó por una democracia
sin monarquía”. Sintomático.
Los avances de la
República
Si por algo se distinguió
la República nacida el 14 de abril fue por una ampliación de la libertades y
las oportunidades. Era la primera experiencia democrática en España desde el
Sexenio en 1868. Y si se consiguieron esos avances fue merced a que un actor
estuvo muy incisivo en los años previos a la proclamación de la Segunda
República: el movimiento obrero. Las exigencias obreras fueron fundamentales
para entender las conquistas republicanas. Ya lo dijo Juan Peiró en el
editorial de Solidaridad Obrera el 15 de abril de 1931. Allí Peiró
decía que la República fue un acto revolucionario y que tenía que contar con la
clase trabajadora. Si no lo hacía la República perecería. En parte las palabras
de Peiró fueron proféticas.
El gran acierto de la
República fue la educación. En el primer bienio republicano se
construyeron más escuelas y centro de instrucción que en todos los años de la
monarquía de Alfonso XIII. La República llevó la educación y la
cultura a las áreas rurales, algo que llevaban haciendo los centros obreros
anarquistas y socialistas muchos años antes. La alfabetización, fundamental
para el movimiento obrero, era la cuenta pendiente de la República. Las
Misiones Pedagógicas, la formación de escuelas, la formación de maestros y
maestras, de profesores, la creación de institutos de segunda enseñanza, la
reforma de la Universidad, etc. Toda una pléyade de derechos educativos que
hicieron avanzar la sociedad española.
Junto a él se desarrolla
otros derechos como el de asociación (reprimido durante la dictadura), libertad
de prensa, libertad de opinión, etc.
Otra conquista de la
República fue el sufragio universal, tanto para hombre como para mujeres. Aprobado
tras duros debates en el parlamento en 1931, se pudo ejercer con completa
libertad en las elecciones de noviembre de 1933. Una defensa de ese
sufragio efectuada con auténtica pasión por Clara Campoamor. Una ley que contó
con el escepticismo de mujeres como la radical-socialista Victoria Kent o la
socialista Margarita Nelken y con la indiferencia de otras como las anarquistas
Federica Montseny o Lucía Sánchez Saornil, que consideraban prioritario otros
derechos al voto. La República es la confirmación de mujeres como Hildegart
Rodríguez Carballeira, María Lejárraga, etc. Es el momento en que se
aprueba la Ley del Divorcio (en 1932) o la Ley del Aborto, ya en Guerra, en
1936 gracias al impulso de Federica Montseny y Amparo Poch Gascón.
La República fue un
periodo de avance las vanguardias artísticas. El cine reconoció la figura de
Luis Buñuel. El cine español republicano se situó, incluso, a la cabeza
mundial. También es la confirmación de la Edad de Plata de la Literatura
española. La Generación del 27 creció al calor de la República. Federico García
Lorca, Rafael Alberti, Alejandro Casona, Pedro Salinas, Miguel Hernández, Vicente
Alexandre, Pedro Salinas, Juan Ramón Jiménez, etc. Alguno de ellos ya
confirmados en generaciones anteriores, otros representantes de esa Generación
del 27, algunos anticipaban otra generación que quedó truncada con la Guerra.
La República acometió la
laicización de la sociedad. La separación efectiva Iglesia-Estado. La
República nació laica. Dio libertad de culto. No había trato de favor a la
Iglesia católica cuyas organizaciones se tenían que someter a la
ley civil. Los jesuitas no aceptaron dicho juego y fueron expulsados.
La Iglesia perdió el control de la educación. Unas medidas que la Iglesia nunca
perdonó a la República.
La configuración del
Estado en la República fue completamente nuevo. Se abrió la vía a las
autonomías. Se eliminó la Guerra como instrumento de política nacional (tan
utilizado por la monarquía). La pena de muerte quedó abolida.
Fue una ruptura tácita con
el periodo anterior.
Las taras de la República
Pero si bien se
consiguieron importantes avances, la República también tuvo fallas
estructurales que le enfrentó al factor que había trabajado más por
una sociedad distinta: el movimiento obrero.
La Reforma Agraria no se
acometió con la contundencia reclamada por los
sindicatos. Se expropió a un reducido número de terratenientes monárquicos y se
realizó un desigual reparto de la riqueza. Los propietarios se mofaban de los
campesinos con la frase “¿No queríais República? Pues comed República”. Las
medidas republicanas en favor de los jornaleros en el primer bienio fueron
insuficientes. El plan de la Reforma Agraria era muy extenso en el tiempo y el
hambre de los jornaleros era inmediata. En este contexto se tiene que entender
los movimientos campesinos de Arnedo y Castiblanco en 1931, iniciados por
integrantes de UGT, o los de Alto Llobregat en 1932 y Casas Viejas en 1933
impulsados por la CNT. Todos ellos sangrientamente reprimidos.
Aunque la República avanzó
en leyes proteccionistas de carácter laboral (aprobación por ley de las 8 horas
de trabajo y cumplimiento absoluto – aunque la ley se había conquistado tras la
huelga de La Canadiense en 1919 –, seguros sociales, etc.) muchas de ellas
fueron insuficientes y no llegaban a las peticiones exigidas por el movimiento
obrero. Inclusive leyes como la Términos Municipales, por la que solo se podía
contratar a gente de un municipio en caso de existencia de paro en el mismo, o
la Ley de Vagos y Maleantes, aplicada en muchas ocasiones por
cuestiones laborales, fueron un auténtico caballo de batalla y
enfrentamiento entre los sindicatos, sobre todo la CNT, y el gobierno de la
Segunda República.
La aprobación de los
Jurados Mixtos como forma de representación que dejaba fuera a la CNT, fue algo
duramente criticado por los anarcosindicalistas al Ministro del Trabajo
Francisco Largo Caballero, a la sazón dirigente de la UGT. Advirtieron los
libertarios al Ministro que ese sistema se volvería contra él. Cuando los
socialistas abandonaron el gobierno y las derechas ganaron en noviembre de
1933, los Jurados Mixtos fueron ampliamente controlados por la patronal
y por el sindicalismo amarillo, virando la UGT a pactos con la CNT.
La Ley de Defensa de la
República mostró en numerosas ocasiones mayor temor de los dirigentes
republicanos al movimiento obrero que a sus verdaderos enemigos. Los
movimientos huelguísticos fueron fuertemente reprimidos haciendo mención a
dicha Ley, cuando el golpe de Sanjurjo en 1932 terminó con penas leves. Muchos
de los que salieron indemnes de aquella intentona golpista contra la República
en agosto de 1932 se volvieron a sublevar contra ella en julio de 1936.
Los trabajadores y “su”
República
Cuando en noviembre de
1933 ganaron las derechas las elecciones se produjeron retrocesos en los
derechos adquiridos. Incluso aquellas medidas que el movimiento obrero
consideró insuficientes sufrieron un retroceso por parte del nuevo gobierno.
Este retroceso hizo movilizarse nuevamente a la población que había traído a
España la Segunda República. Y aquí se tiene que entender la Revolución de
Asturias de 1934, sangrientamente reprimida por Lerroux, la CEDA y
Franco.
La movilización provocó
una confluencia de las izquierdas. Nació el Frente Popular compuesto por el
PSOE, la UGT, el PCE, Izquierda Republicana, Unión Republicana, el Partido
Sindicalista, etc. La CNT y el movimiento libertario no entró a formar parte
del Frente Popular al principio, pero de cara a las elecciones de febrero de
1936 dio libertad a sus militantes para votar a las candidaturas
frentepopulistas. Y el 16 de febrero de 1936 las izquierdas volvieron a ganar
las elecciones.
Pero una amplia base de
las derechas y los enemigos de la República no iban a dar tregua. Y desde ese
mismo 16 de febrero de 1936 comenzaron a pergeñar el golpe de Estado. Parte del
Ejército, la Iglesia, una amplia capa de la derecha se sublevaron contra la
República en julio de 1936. Y fue otra vez el pueblo, el trajo la República en
abril de 1931, el que se movilizó contra los retrocesos a partir de noviembre
de 1933, volvió a salir a la calle y frenar en muchos lugares el golpe de
Estado. Se iniciaba una Guerra Civil. Otra historia con un trágico final que
sumió a España en una larga noche.
Fuente: www.diagonalperiodico.net

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